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La Seguridad del Estado advirtió que no permitirá nuevos contactos entre el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, y representantes de la sociedad civil cubana, según denunció el Centro de Estudios Convivencia (CEC) tras el interrogatorio de su director, Dagoberto Valdés Hernández.
En una declaración difundida por el CEC, los oficiales que detuvieron e interrogaron al académico en Pinar del Río le comunicaron que “no iban a permitir que el embajador americano fuera contactando a personas para utilizarlas para sus fines en la actual situación que vive Cuba”.
El régimen calificó de “colaboración con una potencia extranjera que amenaza con invadir la isla” el encuentro que Valdés sostuvo recientemente con Hammer, reunión que —según el CEC— tuvo un carácter humanitario y se centró en la distribución de ayuda donada por Estados Unidos a través de la Iglesia católica.
Valdés fue conducido a la sede provincial de la Seguridad del Estado, donde permaneció más de dos horas bajo interrogatorio. Participaron varios oficiales, entre ellos el Mayor Ernesto —encargado de “atender” al Centro de Estudios Convivencia— y el jefe del Departamento Jurídico.
Durante el encuentro, los agentes leyeron fragmentos de una columna publicada por el intelectual, en la que invitaba a los cubanos a prepararse para un cambio pacífico. Los oficiales acusaron al investigador de “terrorismo” y de compartir ideas del enemigo, advirtiendo que “no permitirán que suceda lo mismo que en Venezuela”.
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El CEC denunció que el operativo policial incluyó la detención del colaborador Yoandy Izquierdo Toledo, quien también fue interrogado. Ambos fueron posteriormente liberados, aunque Valdés se negó a firmar el acta de advertencia impuesta por las autoridades.
El incidente se suma a la creciente ola de hostigamiento contra activistas católicos y figuras religiosas, como los sacerdotes Alberto Reyes Pías y Castor José Álvarez Devesa, citados esta semana por la Seguridad del Estado por sus críticas al sistema político.
La advertencia de impedir cualquier diálogo con diplomáticos extranjeros confirma la estrategia del régimen: cerrar espacios de intercambio y criminalizar la cooperación internacional con actores independientes dentro de la isla.
El pulso de Hammer y la Seguridad del Estado cubana
Mike Hammer, encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, se ha convertido en una de las figuras diplomáticas más visibles y, al mismo tiempo, más incómodas para el régimen cubano.
Su estilo de trabajo —basado en salir de la sede diplomática, recorrer provincias y dialogar con sectores no controlados por el Estado— ha roto con la pasividad tradicional del cuerpo diplomático en La Habana.
Hammer ha centrado su agenda en derechos humanos, libertad de expresión y apoyo a la sociedad civil, lo que el régimen interpreta como una forma de injerencia.
En los últimos meses, se le ha visto reunido con periodistas independientes, activistas, familiares de presos políticos y líderes religiosos, enviando el mensaje de que Washington reconoce al pueblo cubano como interlocutor legítimo, no al aparato del Partido Comunista.
La respuesta del Estado cubano ha sido inmediata: seguimiento constante de la Seguridad del Estado, campañas de descrédito en medios oficialistas y “escraches” organizados por grupos de choque durante sus recorridos.
Según documentó esta redacción, Hammer fue hostigado en lugares públicos como Varadero y Matanzas, en episodios que el régimen presentó como “reacciones populares espontáneas”.
Paralelamente, el diplomático mantiene una agenda activa en Estados Unidos, donde se ha reunido con el secretario de Estado Marco Rubio, figuras del exilio cubano y altos mandos del Comando Sur (SOUTHCOM), para coordinar acciones de presión y seguimiento sobre la situación en la isla.
Durante su último viaje a Washington, Hammer y Rubio abordaron la necesidad de endurecer sanciones y mantener el foco en la liberación de presos políticos y el fin de la represión.
Su discurso —alineado con la política actual de la administración Trump— defiende que “el cambio en Cuba vendrá desde los cubanos”, y que Estados Unidos no negociará legitimidad con un régimen acusado de violar sistemáticamente los derechos fundamentales.
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