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Bajo un tono triunfalista y cargado de consignas patrióticas, las redes sociales de la Brigada Médica Cubana en Venezuela continúan publicando imágenes y mensajes de despedida de los cooperantes que regresan a la Isla “con el deber cumplido”.
En varios actos celebrados en las Villas Nacionales de Caracas, los funcionarios exaltaron la “entrega y el heroísmo” de los llamados batas blancas, presentando su salida como parte de un ciclo de rotación regular.
Sin embargo, la magnitud y el momento del operativo apuntan a otra realidad: la evacuación progresiva del personal médico cubano en un contexto de inestabilidad política tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio de la colaboración entre el gobierno interino de Delcy Rodríguez y la administración estadounidense.
Mientras los medios oficiales insisten en describir la repatriación como un proceso “programado”, fuentes diplomáticas y analistas consultados señalan que La Habana estaría replegando discretamente a su personal civil ante el incierto futuro del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, firmado por Fidel Castro y Hugo Chávez en 2003.
Una imagen difundida en redes sociales muestra a decenas de cubanos descendiendo de un avión de Cubana de Aviación en el aeropuerto Jardines del Rey, en Cayo Coco, un destino turístico alejado de los grandes centros urbanos.
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Usuarios críticos sugieren que este punto de llegada se escogió deliberadamente para evitar exposición mediática y controlar la salida del personal, que, según observadores, podría incluir no solo médicos, sino también técnicos, asesores e incluso personal vinculado a labores de represión interna e inteligencia.
La versión oficial habla de “héroes de la salud que regresan con el pecho lleno de orgullo”, pero el contexto apunta a una retirada simbólica y económica.
Las misiones médicas —fuente clave de divisas para el régimen cubano— se tambalean ante un escenario donde Caracas, presionada por Washington, podría cortar los pagos o revisar los acuerdos de cooperación.
Entre aplausos y discursos de despedida, el relato de “misión cumplida” parece más una puesta en escena que una celebración real. Lo que se está cerrando en silencio, bajo el cielo de Caracas, es una etapa de dependencia y poder que unió por dos décadas a La Habana y al chavismo.
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