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El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, sostuvo este jueves una conversación telefónica con el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la que reiteró el respaldo de Moscú a Cuba frente a la presión política y económica de Estados Unidos.
Según informó la Cancillería rusa, el contacto se realizó por iniciativa del gobierno cubano y permitió abordar distintos asuntos de la agenda bilateral y del contexto internacional.
Durante la conversación, Lavrov calificó de “inaceptable” la presión económica y política ejercida por Washington contra la isla y aseguró que Rusia apoyará al pueblo cubano en la defensa de su soberanía y su derecho a elegir su propio modelo de desarrollo.
El diálogo también incluyó la planificación de próximos encuentros entre ambos gobiernos, entre ellos la 23.ª reunión de la comisión intergubernamental ruso-cubana sobre cooperación comercial, económica, científica y técnica.
Conviene recordar que Moscú ha utilizado un discurso similar en otras crisis regionales sin que ello se traduzca necesariamente en acciones concretas.
Durante la escalada en Venezuela a finales de 2025 y principios de 2026, Rusia también proclamó su “solidaridad” y respaldo a la soberanía del gobierno de Nicolás Maduro frente a la presión de Washington.
Sin embargo, ese apoyo retórico no impidió el desenlace de la crisis venezolana ni la actual transición política en la que Estados Unidos ejerce una fuerte influencia sobre el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.
Ese antecedente hace que las declaraciones de Lavrov sobre Cuba se interpreten más como un gesto diplomático que como una garantía real de respaldo efectivo.
Las palabras del canciller ruso se producen en un contexto de crecientes muestras de un supuesto reforzamiento de las relaciones estratégicas entre Moscú y La Habana.
En las últimas semanas, funcionarios del Kremlin han reiterado su respaldo político al régimen cubano y han anunciado envíos de petróleo y otras formas de ayuda para aliviar la severa crisis energética que enfrenta la isla.
Este apoyo ocurre mientras el régimen cubano intenta reforzar sus alianzas internacionales ante el deterioro económico interno, marcado por apagones prolongados, escasez de combustible y una inflación que golpea duramente a la población.
El 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que su administración considera una amenaza para la seguridad estadounidense y regional derivada de las actividades del gobierno cubano.
El documento acusa a La Habana de mantener vínculos con países considerados hostiles por Washington y de permitir la presencia en la isla de capacidades militares y de inteligencia de Rusia y China.
Como parte de esa medida, Washington anunció aranceles para los países que vendan petróleo a Cuba y advirtió sobre posibles represalias contra quienes ignoren las nuevas restricciones.
Pese a la escalada de tensiones, Trump también reconoció recientemente que su administración mantiene contactos con el gobierno cubano para explorar un posible acuerdo, aunque calificó al país caribeño como una “nación en decadencia” que ya no cuenta con el respaldo económico de Venezuela.
Mientras tanto, Moscú continúa proyectándose como uno de los principales aliados internacionales de La Habana, en un momento en que el régimen cubano enfrenta uno de los períodos económicos más difíciles de las últimas décadas.
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