Chavismo sin petróleo y castrismo sin GAESA: La clave que falta en el debate sobre el futuro de Cuba

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Imagen de referencia creada con Inteligencia Artificial Foto © CiberCuba / ChatGPT

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Los reportajes publicados recientemente por USA Today han colocado sobre la mesa una hipótesis que ya genera debate en círculos políticos y entre sectores de la sociedad civil cubana.  

Según esas informaciones, Washington podría estar explorando un acuerdo económico con La Habana que incluiría reformas graduales en la economía, mayor interacción con el sector privado cubano y una eventual salida del gobernante Miguel Díaz-Canel

Uno de los aspectos más llamativos del escenario descrito por el diario estadounidense es que la familia Castro permanecería en la isla, mientras se abriría una nueva etapa de relaciones económicas con Estados Unidos. 

La fórmula sugiere un cambio político limitado combinado con una apertura económica progresiva, algo que algunos analistas han descrito como una especie de “Cubastroika”, en referencia al proceso de reformas que transformó parcialmente el sistema soviético en los años ochenta. 

Sin embargo, ese enfoque plantea varias dudas de fondo. 

La primera es que centrar el debate en la salida de Díaz-Canel podría tener un significado político muy limitado. Desde su designación en 2018, el dirigente ha sido ampliamente percibido como un administrador político dentro de un sistema cuyo poder real no se concentra en la presidencia formal. 

El centro de gravedad del poder en Cuba se encuentra en estructuras mucho más profundas: el Partido Comunista, el aparato de seguridad del Estado y el complejo militar-empresarial que controla buena parte de la economía nacional. 

Ese entramado económico tiene un nombre clave: GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.). 

El conglomerado militar controla sectores estratégicos de la economía cubana, desde el turismo y los puertos hasta el comercio minorista, las remesas y numerosas operaciones financieras.  

Precisamente varios de esos sectores —como el turismo, la energía o la actividad portuaria— aparecen mencionados en los reportajes de USA Today como posibles áreas en las que Washington podría flexibilizar restricciones o facilitar acuerdos económicos.  

Diversos análisis estiman que el grupo bajo control directo de la cúpula castrista maneja una parte sustancial de los ingresos en divisas del país (alrededor del 70% de la economía dolarizada)

En la práctica, GAESA funciona como la columna vertebral financiera del sistema político cubano. 

Por eso, varios observadores señalan que la salida de Díaz-Canel no alteraría necesariamente el equilibrio real del poder, especialmente si las estructuras políticas y económicas construidas durante décadas por el castrismo permanecen intactas. 

La permanencia de la familia Castro en la isla, además, añade otra dimensión al debate. Aunque Fidel Castro murió en 2016 y Raúl Castro se retiró formalmente de sus cargos públicos, el legado institucional y las redes de poder y clientelismo construidas durante décadas continúan teniendo un peso determinante dentro del sistema. 

Ese punto adquiere aún más relevancia cuando se observa el precedente venezolano. 

En el caso de Venezuela, la estrategia atribuida a Washington no se limitó a presionar políticamente al chavismo. El elemento central fue neutralizar la principal fuente de financiación del régimen: el petróleo

La lógica detrás de esa estrategia es clara: mientras un régimen autoritario conserve el control de su principal fuente de ingresos, mantiene también la capacidad de financiar su aparato político, su estructura de seguridad y las redes de poder que garantizan su supervivencia

Trasladada al caso cubano, esa misma lógica conduce a otra pregunta inevitable. 

Si en Venezuela el recurso estratégico era el petróleo, en Cuba ese papel lo desempeña GAESA

El conglomerado militar concentra buena parte de las divisas que entran al país y articula el vínculo entre poder político, economía estatal y sectores empresariales emergentes. 

Incluso la expansión del sector privado cubano en los últimos años no ha modificado completamente ese esquema. Muchas pequeñas y medianas empresas dependen directa o indirectamente de infraestructuras, importaciones o circuitos financieros controlados por el propio Estado o por entidades vinculadas al aparato militar. 

Por ello, algunos analistas consideran que una apertura económica que no altere el control de GAESA sobre los sectores estratégicos podría terminar reforzando indirectamente al propio sistema que pretende reformar

Esta cuestión también conecta con el marco más amplio de la política exterior estadounidense en el hemisferio occidental. 

En los últimos años, Washington ha vuelto a enfatizar la importancia estratégica de América Latina y el Caribe dentro de su política de seguridad nacional. En ese contexto, varios analistas hablan de una reinterpretación contemporánea de la histórica Doctrina Monroe, orientada a reafirmar la influencia estadounidense en la región y limitar la presencia de potencias rivales como Rusia o China. 

Cuba ocupa un lugar singular dentro de ese tablero geopolítico. 

Durante décadas, el régimen ha mantenido estrechos vínculos políticos y militares con Moscú, además de relaciones económicas crecientes con Pekín. 

Desde esa perspectiva, surge una duda estratégica central: si el objetivo es reducir focos de influencia hostiles en el hemisferio, ¿puede lograrse ese objetivo sin transformar las estructuras de poder que han sostenido al sistema cubano durante más de seis décadas? 

Las respuestas no son simples. 

Algunos expertos sostienen que el fortalecimiento del sector privado cubano podría generar presiones internas capaces de transformar el sistema desde dentro. Otros creen que las reformas económicas graduales podrían abrir espacios para cambios políticos posteriores. 

Pero también existe el precedente contrario: regímenes que han logrado adaptarse a reformas económicas sin perder el control político esencial. 

En ese contexto, el debate abierto por los reportajes de USA Today gira en torno a una cuestión fundamental. 

Si el cambio se limita a una apertura económica sin alterar el control del conglomerado militar sobre los principales sectores de la economía, el resultado podría ser una reorganización del sistema más que su transformación. 

Y ahí es donde el paralelismo con Venezuela vuelve a cobrar sentido. 

Si el principio estratégico fue un chavismo sin petróleo, la pregunta inevitable para Cuba sería otra: ¿puede existir una transición real sin conseguir un castrismo sin GAESA? 

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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