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El barril de petróleo Brent para entrega en mayo cerró este viernes en 112,57 dólares, su precio más alto desde julio de 2022, en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica en el golfo Pérsico.
La subida semanal refleja que el mercado no percibe señales de distensión en una de las principales rutas energéticas del mundo.
Solo en la última jornada, el crudo de referencia en Europa subió 4,56 dólares, un incremento del 4,22 % respecto al cierre anterior de 108,01 dólares.
Por su parte, el petróleo intermedio de Texas (WTI), referencia en Estados Unidos, alcanzó los 99,64 dólares por barril, niveles no vistos desde el inicio de la guerra en Ucrania.
El repunte de los precios está estrechamente vinculado a la situación en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial.
La falta de garantías de seguridad en esa vía estratégica quedó evidenciada cuando dos cargueros chinos tuvieron que dar media vuelta al intentar acceder al estrecho, según reporte de EFE.
La tensión se produce en medio de la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Aunque el presidente Donald Trump aplazó hasta el 6 de abril una posible acción militar contra instalaciones petroleras iraníes, en el mercado predomina la percepción de riesgo.
Irán ha utilizado el control del estrecho como una herramienta de presión, elevando la incertidumbre sobre el suministro global.
Este escenario tiene consecuencias directas para Cuba, cuya crisis energética se agrava con cada subida del petróleo. El país depende en más de un 95 % de combustibles fósiles para generar electricidad, pero carece de liquidez y acceso a financiamiento para adquirir crudo en el mercado internacional a estos precios.
La isla enfrenta una situación crítica, con apagones prolongados, déficits de generación de hasta 1.800 megavatios y un sistema eléctrico deteriorado por décadas de falta de inversión y mantenimiento.
Aunque el gobierno atribuye la escasez de combustible a las sanciones de Estados Unidos, los problemas estructurales del sistema energético son determinantes en el colapso actual.
El encarecimiento del crudo no solo limita aún más la capacidad de importación de combustible, sino que también impacta en la economía en general. La escasez de diésel afecta el transporte, la producción de alimentos y el funcionamiento de las Mipymes, mientras el costo de la vida continúa en ascenso.
En este contexto, la subida del petróleo actúa como un factor agravante de una crisis estructural en Cuba, acelerando el deterioro económico y social en un país que ya enfrenta severas limitaciones energéticas.
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