“Los cubanos no nos sabemos gobernar”: María Elvira preocupada por el día después tras una eventual caída del castrismo



Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel (i) y María Elvira Salazar (d) Foto © Collage X/Presidencia de Cuba- Captura de Facebook/María Elvira Salazar

La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar se ha mostrado preocupada por un tema que, a su juicio, sigue sin ocupar el centro del debate sobre Cuba: qué ocurrirá el día después de la caída del régimen.

Más allá de la salida del poder de la actual cúpula, la legisladora cree en que el verdadero desafío será cómo reconstruir un país sin experiencia reciente en democracia.

En una entrevista con el periodista Mario J. Pentón, la legisladora semostró convencida de que 2026 marcará el punto de quiebre. Sin embargo, rápidamente desplazó el foco hacia lo que considera el problema central.

“No es salir del régimen… es qué es lo que viene después”, subrayó, marcando distancia con una narrativa centrada únicamente en el cambio político.

Un país sin herramientas para la democracia

Salazar fue tajante al describir las secuelas de más de seis décadas de sistema autoritario en la sociedad cubana.

“Los cubanos no nos sabemos gobernar… el cubano de la isla no sabe lo que es la democracia, las leyes, una primaria, una elección, un partido político”, aseguró.

A su juicio, el daño va más allá de la política.

“Les robaron no solamente el conocer a Dios… sino también la posibilidad de ser ciudadanos”, afirmó, en referencia a lo que considera una pérdida profunda de valores cívicos y espirituales.

La congresista incluso calificó a quienes han dirigido el país como “sátrapas, bandidos, moralmente despreciables”, a quienes responsabilizó de haber despojado al pueblo cubano de su formación ciudadana.

Esa carencia, advirtió, complica cualquier escenario de transición.

“¿Qué es lo que va a pasar ahora? ¿Cómo va a ser esa transición?”, se preguntó, dejando entrever la ausencia de un plan claro para el futuro inmediato de la isla.

La reconstrucción más difícil: La interna

Aunque reconoció el deterioro material del país, Salazar insistió en que la reconstrucción física sería solo una parte del desafío.

“Ahí no hay electricidad, no hay agua, no hay comida, no hay hospitales, no hay nada… todo eso hay que reconstruirlo”, describió.

Ese diagnóstico coincide con evaluaciones recientes sobre la crisis estructural del país, marcada por apagones prolongados, escasez generalizada y colapso de servicios básicos.

Aun así, consideró que esa dimensión es abordable. “Todo eso se puede reconstruir… lo físico se puede reconstruir rápido”, afirmó.

Para la congresista, el reto más complejo está en el plano social y humano. “La parte más difícil es la interna… la espiritual y la emocional es la que a mí me interesa”, explicó.

En ese contexto, llamó a mirar experiencias internacionales como posibles referentes.

“Dónde están los diferentes modelos: el de Sudáfrica, el de España, el de la Unión Soviética… eso es lo que todo cubano tiene que estar pensando”, indicó, en alusión a distintos caminos de transición política.

Presión política y expectativas de cambio

Las declaraciones de Salazar se producen en un contexto de creciente presión sobre el régimen cubano desde Washington, en medio de sanciones, contactos diplomáticos y un deterioro acelerado de la situación interna en la isla.

El escenario se ha visto agravado por la crisis energética tras la pérdida del suministro venezolano, lo que ha intensificado los apagones y la precariedad en el país, alimentando las expectativas de un desenlace político en el corto plazo.

En ese clima, voces dentro del exilio y del propio Congreso estadounidense han coincidido en que el actual sistema podría no resistir este ciclo político en Estados Unidos.

El mensaje central de la congresista fue claro: el fin del castrismo no resolverá automáticamente los problemas estructurales del país.

“Se van a ir… pero qué pasa después”, insistió.

Su preocupación apunta a un escenario de vacío institucional, social y moral que, sin preparación previa, podría dificultar seriamente la construcción de una democracia funcional en Cuba.

Más que celebrar un eventual cambio, Salazar plantea la necesidad de anticiparlo. Porque, en sus palabras, el verdadero reto comienza justo después.

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