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Rusia redujo su producción de petróleo en abril entre 300,000 y 400,000 barriles por día respecto al promedio del primer trimestre de 2026, la mayor caída mensual desde la pandemia de COVID-19, según cinco fuentes anónimas citadas este martes por Reuters.
La reducción llega en el peor momento posible para Cuba, que desde enero de 2026 depende casi exclusivamente del crudo ruso tras perder a sus dos principales proveedores: Venezuela, cuyo suministro se interrumpió con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, y México, que suspendió sus ventas entre el 27 y el 29 de enero tras la entrada en vigor de la Orden Ejecutiva 14380 de Donald Trump, que impone sanciones secundarias a cualquier país que suministre petróleo a la isla.
Según Reuters, Rusia se vio forzada a recortar su producción por los ataques con drones ucranianos contra puertos clave de exportación en el Mar Báltico —Ust-Luga y Primorsk— y el Mar Negro —el terminal Sheskharis en Novorossiysk—, así como contra refinerías, y por la suspensión del flujo de crudo a través del oleoducto Druzhba, el último conducto activo de petróleo ruso hacia Europa.
En su punto más crítico, en marzo de 2026, hasta el 40% de la capacidad de exportación rusa estaba paralizada; para principios de abril ese porcentaje había bajado al 20%, según Novaya Gazeta, pero la producción total sigue muy por debajo de los niveles habituales.
Cuba necesita entre 90,000 y 110,000 barriles diarios y solo produce unos 40,000, una brecha que ha provocado apagones de hasta 20-24 horas diarias, siete colapsos totales del sistema eléctrico en los últimos 18 meses y más de 1,200 manifestaciones populares desde enero de 2026.
Rusia ha intentado paliar la crisis con dos envíos de crudo. A finales de marzo, el petrolero Anatoly Kolodkin descargó en el puerto de Matanzas unas 100,000 toneladas de crudo —aproximadamente 730,000 barriles—, suficiente para apenas siete a diez días de consumo.
Un segundo cargamento, a bordo del petrolero Universal, cruzó el Canal de la Mancha el 8 de abril escoltado por una fragata rusa y tiene llegada estimada al Caribe para el 29 de abril.
Ambos barcos están sancionados por Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido. Además, la Licencia General 134A de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), vigente desde el 19 de marzo de 2026, excluye explícitamente a Cuba junto a Irán y Corea del Norte de las autorizaciones para comerciar con petróleo ruso, lo que cierra prácticamente cualquier vía alternativa de suministro para la isla.
El deterioro fiscal ruso agrava el panorama. Los ingresos por petróleo y gas cayeron un 45.4% interanual en el primer trimestre de 2026, hasta 1.4 billones de rublos (unos 18,000 millones de dólares), según meduza.io. Mientras, el déficit presupuestario federal alcanzó los 4.58 billones de rublos entre enero y marzo, superando ya el objetivo anual completo de 3.79 billones.
Este desplome financiero podría limitar la capacidad de Moscú para mantener envíos gratuitos o subsidiados a Cuba a mediano plazo, pese a las declaraciones públicas de sus funcionarios. El canciller Serguéi Lavrov afirmó el 15 de abril que Rusia se compromete a continuar enviando petróleo a Cuba.
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