Firman convenio ANAP y Biotecnología: ¿Y las viandas y granos en la mesa del cubano para cuándo?



Firma de convenio entre la ANAP y el CIGB © X/Félix Duartes Ortega
Firma de convenio entre la ANAP y el CIGB Foto © X/Félix Duartes Ortega

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La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) firmaron la actualización de su Convenio de Trabajo el pasado viernes en La Habana, con vigencia para los próximos cinco años, y el declarado objetivo de «elevar la calidad y rendimiento de la producción de alimentos para el pueblo».

El acto estuvo encabezado por la doctora Marta Ayala Ávila, directora general del CIGB y miembro del Buró Político del Partido, y por Félix Duartes Ortega, presidente nacional de la ANAP e integrante del Consejo de Estado, quienes rubricaron el acuerdo en la sede de la institución científica.

El convenio, según la nota de la ACN, busca aplicar logros biotecnológicos en el sector cooperativo campesino para sustituir importaciones, garantizar mayores rendimientos agrícolas y apoyar la labor veterinaria. Suena bien. El problema es que Cuba lleva décadas firmando acuerdos, lanzando planes y consignas y celebrando congresos mientras la producción de alimentos no para de caer.

La propia ceremonia de firma dejó escapar una confesión involuntaria: Juan Guerra Gómez, funcionario de la ANAP, reconoció que los productos desarrollados por el CIGB «aún son poco explotados en los campos». Dicho de otro modo: los productos existen, los convenios se firman, pero en los surcos la realidad es otra.

Este acuerdo no es el primero de su tipo. La ANAP lleva lustros trazando proyecciones para estrechar vínculos con instituciones científicas y universidades del país. El resultado acumulado de esa estrategia es visible en las cifras oficiales recientes: la producción de viandas cayó en 2023 un 44% respecto a años previos, la carne de cerdo se desplomó un 93,2%, los huevos bajaron un 43% y la leche de vaca retrocedió un 37,6%, según datos oficiales.

El arroz, alimento básico de la dieta cubana, ilustra el abismo entre los planes y la realidad. Cuba produce apenas 80,000 toneladas frente a una demanda de 600,000 toneladas anuales, lo que representa una cobertura del 13% de la demanda nacional, según datos de 2024. El rendimiento por hectárea cayó de entre cuatro y seis toneladas —a finales de la década de 2010— a solo 1,7 toneladas en datos recientes.

El país importa más del 80% de los alimentos que consume, con un gasto de aproximadamente 2,000 millones de dólares anuales, una cifra insostenible para una economía en colapso.

El panorama social es alarmante. El Food Monitor Program reporta niveles críticos de inseguridad alimentaria en cinco provincias: La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Guantánamo y Santiago de Cuba. El 96,91% de los cubanos perdió acceso a alimentos por inflación en agosto de 2025.

El historial reciente de la ANAP no invita al optimismo. En el XIII Congreso de la ANAP celebrado en mayo de 2025 se reconoció la desaparición de 49 Cooperativas de Producción Agropecuaria y 65 Cooperativas de Créditos y Servicios desde el congreso anterior, mientras el propio Duartes Ortega lanzaba la consigna «sembrar más con menos».

En ese mismo congreso, el presidente Miguel Díaz-Canel regañó a los campesinos advirtiéndoles que había «mucha tierra ociosa», como si la escasez de fertilizantes, combustibles y herramientas fuera responsabilidad de quienes trabajan la tierra con las manos vacías.

El régimen ha respondido a la crisis agrícola con un menú de anuncios que no alimenta a nadie. En febrero de 2026, Díaz-Canel reactivó la «Opción Cero», un plan de contingencia de los años 90 que apela al autoabastecimiento local con tracción animal. En abril, el gobierno anunció el fin del monopolio de la empresa Acopio, con gobernadores dirigiendo balances locales de producción. Ahora, un nuevo convenio biotecnológico se suma a la colección.

Mientras los directivos designados por ambas partes se preparan para dar «seguimiento a lo pactado» y establecer «programas de chequeo con indicadores», millones de cubanos siguen buscando qué poner en la mesa. El convenio tiene vigencia hasta 2031. Las viandas, frutas y granos, de momento, no tienen fecha de llegada.

Preguntas Frecuentes sobre la Producción Alimentaria en Cuba

CiberCuba te lo explica:

¿Qué busca el convenio entre la ANAP y el CIGB?

El convenio entre la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) busca elevar la calidad y rendimiento de la producción de alimentos en Cuba mediante la aplicación de logros biotecnológicos. Sin embargo, el contexto histórico de acuerdos similares muestra una brecha significativa entre las intenciones y los resultados reales en el campo.

¿Cuál es la situación actual de la producción de alimentos en Cuba?

La producción de alimentos en Cuba está en crisis, con caídas significativas en la producción de viandas, arroz, carne de cerdo, huevos y leche. El país depende en gran medida de las importaciones para cubrir sus necesidades alimentarias, lo que es insostenible debido a la crisis económica. La producción nacional no logra satisfacer la demanda interna, lo que genera inseguridad alimentaria en gran parte de la población.

¿Qué impacto tiene la inseguridad alimentaria en la población cubana?

La inseguridad alimentaria en Cuba es crítica, afectando a millones de cubanos que enfrentan dificultades para acceder a alimentos básicos. La situación es comparada con el Período Especial, con testimonios que reflejan estrategias de supervivencia como saltarse comidas y recurrir al mercado informal. El descontento social es palpable, con un llamado generalizado a un cambio sistémico para mejorar la situación.

¿Cómo ha respondido el gobierno cubano a la crisis alimentaria?

El gobierno cubano ha intentado responder a la crisis alimentaria con planes y anuncios como la "Opción Cero", que promueve el autoabastecimiento local. Sin embargo, estas medidas no han logrado solucionar el problema de fondo, y la población continúa enfrentando una escasez crónica de alimentos. La falta de recursos y la ineficacia de las políticas implementadas han generado frustración y escepticismo en la población.

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