El XIII Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) se realizó en el Palacio de Convenciones de La Habana con una consigna que resume la precariedad del campo cubano: “sembrar más con menos”.
Así lo afirmó Félix Duarte Ortega, presidente de la organización, durante la presentación del informe central del evento, donde se reconocieron retrocesos productivos, pérdida de fuerza laboral y el decrecimiento de cooperativas agropecuarias, según un reporte del Sistema Informativo de la Televisión Cubana.
Duarte Ortega señaló que desde el anterior congreso el movimiento campesino ha crecido en más de 12 mil nuevos miembros, pero admitió que las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) han disminuido en 49, y las de Créditos y Servicios (CCS) en 65, debido a "problemas organizativos, inestabilidad de la fuerza de trabajo y deficientes resultados económicos productivos".
En medio de ese panorama, el dirigente abogó por "buscar alternativas que propicien sembrar más con lo que tenemos", centrando los esfuerzos en cultivos básicos como el boniato, la yuca, el plátano y la malanga, con el fin de incrementar el autoabastecimiento territorial.
Reiteró también la necesidad de enfrentar delitos como el hurto y sacrificio ilegal de ganado, un problema que el régimen no ha sido capaz de solucionar por años, la corrupción, el uso indebido de tierras y la falta de control sobre la masa ganadera.
El máximo representante de la ANAPaseguró que, ante las severas limitaciones financieras del país, el campesinado cubano debe aprovechar al máximo las reservas productivas para cumplir el plan de la economía, en concordancia con la Ley de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional aprobada por el gobierno.
No obstante, más allá del discurso triunfalista habitual, el evento dejó al descubierto las dificultades estructurales que enfrenta el agro cubano y la escasez de recursos con que deben lidiar los productores.
En los últimos años, el campo cubano ha enfrentado un deterioro progresivo que pone en entredicho la viabilidad del modelo agrícola actual. Ya en agosto de 2024, un campesino cubano denunciaba públicamente la imposibilidad de producir debido a la escasez de recursos básicos como fertilizantes, combustibles y herramientas, condiciones que han dejado a muchos productores “desesperados y sin apoyo institucional”.
Meses después, trascendió que el gobierno cubano retiró la tierra a 137 campesinos en Ciego de Ávila por supuestas violaciones de contrato. Varios afectados señalaron que la medida fue arbitraria y desconectada de las condiciones reales del agro, donde las dificultades para cumplir los compromisos productivos son estructurales y no necesariamente atribuibles a la voluntad o capacidad de los agricultores.
En abril pasado, campesinos de Pinar del Río se vieron obligados a pinchar tuberías para obtener agua para el riego, una práctica desesperada que evidencia la falta de acceso a infraestructura hídrica adecuada en zonas rurales, vital para sostener cualquier esfuerzo de siembra ante el aumento de temperaturas y la irregularidad de las lluvias.
Asimismo, los niveles de inseguridad en el campo han llevado a medidas extremas. Un campesino cubano vendió su rebaño ante el aumento descontrolado de robos y la inacción de las autoridades. La pérdida de animales representa un golpe económico insostenible para pequeños productores, quienes además enfrentan trabas burocráticas para acceder a justicia y protección efectiva.
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