La arquitecta cubana Ileana Pérez Drago denunció con crudeza que en Cuba los muertos no pueden ser enterrados con dignidad, describiendo casos en los que familias del exilio que envían comida a sus parientes en la isla se ven obligadas a meter a sus difuntos en cajas de cartón de Cubamax —las mismas cajas en que llegan los paquetes de alimentos desde Miami— porque no hay ataúdes disponibles.
«Cuba lo primero que tiene que hacer es botar su basura y enterrar sus muertos en ataúdes, que ni eso podemos hacer, no se pueden ni enterrar las personas dignamente», afirmó Pérez Drago en una entrevista en la que abordó la situación del país de cara a una eventual transición.
La arquitecta, experta en restauración colonial que trabajó para la Oficina del Historiador de La Habana bajo Eusebio Leal y que ha residido en Madrid y Miami, describió una realidad que va más allá de la escasez de ataúdes: «Los muertos están más de un día en la casa y ni siquiera hay hielo para ponerle porque no hay electricidad».
La denuncia apunta directamente a la crisis energética crónica que sufre la isla, con apagones de hasta 20 horas diarias que impiden la refrigeración de los cadáveres durante el velorio en los hogares.
Pérez Drago no escatimó en dureza al valorar la responsabilidad del régimen: «Lo que no hay es vergüenza porque esta dictadura ya no tiene límites».
El testimonio de la arquitecta no es un caso aislado. En Holguín, familias han improvisado féretros con cartón ante la escasez de ataúdes, y en municipios como Caibarién se ha iniciado producción artesanal de ataúdes como respuesta desesperada a la falta de suministros.
En Ciego de Ávila, solo ocho de los 19 carros fúnebres están operativos, y en diciembre de 2025 se documentó el traslado de un ataúd en un camión jaula por falta de vehículos funerarios. Los cristales de los ataúdes se reutilizan entre varios cuerpos, y en Holguín las demoras en el retiro de cadáveres han provocado protestas vecinales.
La situación refleja la dependencia de millones de cubanos de las remesas y paquetes enviados desde el exilio, principalmente desde Miami, a través de empresas como Cubamax, cuyas cajas de cartón se han convertido en un símbolo involuntario de la degradación: las mismas cajas que traen comida a los vivos sirven para llevar a los muertos al cementerio.
Pérez Drago también se refirió a la dimensión política del colapso cubano, señalando que «el pueblo no se va a rendir por hambre, se va a morir», y advirtiendo que los jóvenes líderes encarcelados tras las protestas del 11 de julio de 2021 podrían ser liberados en julio, «posiblemente con un billete de avión para que se vayan», como única salida que el régimen les ofrece.
La expresión que circula entre los cubanos resume con amargura lo que Pérez Drago describió: «Ni vivos ni muertos tenemos dignidad».
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