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Mientras la administración Trump intensificaba el viernes sus amenazas contra el régimen cubano —incluyendo una nueva orden ejecutiva de sanciones y declaraciones sobre un posible despliegue naval— 766 delegados de 152 organizaciones de 36 países se reunían en La Habana en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba bajo el lema «Por un mundo sin bloqueo, solidaridad activa en el centenario de Fidel».
El gobernante Miguel Díaz-Canel encabezó el acto junto a otros miembros del Buró Político: el presidente de la Asamblea Nacional Esteban Lazo Hernández, el Primer Ministro Manuel Marrero Cruz y el secretario de Organización del Comité Central Roberto Morales Ojeda.
El evento, celebrado en el Palacio de Convenciones de La Habana, es la culminación de una oleada de turismo ideológico que ha caracterizado los primeros meses de 2026 y que el régimen utiliza como herramienta de legitimación internacional bajo el hashtag #CubaNoEstáSola.
La cuenta oficial de la Presidencia cubana resumió el tono del encuentro: «Con profunda emoción, y sobre todo con el compromiso de mantener el movimiento mundial de apoyo a Cuba, los participantes dicen no a la agresión a la Isla, al bloqueo y a la política hostil del gobierno de EE.UU.»
Este encuentro no es un hecho aislado. En marzo, el Convoy Nuestra América llegó a Cuba con hasta 650 activistas de 33 países, entre ellos el exlíder laborista británico Jeremy Corbyn, el político español Pablo Iglesias y la congresista demócrata estadounidense Rashida Tlaib.
El pasado 26 de abril, un segundo convoy procedente de Italia llegó con 60 activistas de varios países, coordinados por Michele Curto, quien recibió un reconocimiento del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).
El 29 de abril, la ONG Open Arms organizó una nueva misión a Cuba con escala en varios países, sumándose a la cadena de visitas que el régimen exhibe como respaldo internacional.
Todas estas iniciativas se producen mientras Cuba enfrenta apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio y una contracción del PIB proyectada en 7,2% para 2026, según la Unidad de Inteligencia de The Economist.
El contraste con la realidad que vive el pueblo cubano es brutal. Díaz-Canel convierte la Isla en un parque temático comunista para visitantes extranjeros mientras la población sufre una crisis sin precedentes agravada por la pérdida del suministro petrolero venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en enero.
En paralelo, la presión de Washington no cesa. Este sábado, Trump firmó una orden ejecutiva titulada «Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba», que congela activos vinculados a abusos de derechos humanos y corrupción, un día después de bloquear todos los bienes vinculados al régimen en territorio estadounidense.
En una cena privada celebrada este mismo sábado en West Palm Beach, Trump afirmó que EE.UU. «tomará control de Cuba casi de inmediato» tras concluir operaciones contra Irán, y mencionó la posibilidad de enviar el portaaviones USS Abraham Lincoln a 100 yardas de la costa cubana.
Desde enero de 2026, la administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra Cuba e interceptado al menos siete tanqueros petroleros, el primer caso de ese tipo desde la Crisis de los Misiles de 1962, según The New York Times.
Mientras los delegados internacionales ondeaban banderas de Venezuela, Palestina y Puerto Rico en el Palacio de Convenciones, un cartel en el interior resumía la postura del régimen: «No vamos a entregar la soberanía, ni la independencia de la nación».
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