
Vídeos relacionados:
El régimen cubano escenificó ayer, en el acto del Primero de Mayo celebrado frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, la entrega simbólica de dos libros con más de 6,2 millones de firmas de la campaña «Mi Firma por la Patria» a Raúl Castro y al presidente Miguel Díaz-Canel.
La cuenta oficial de la Presidencia de Cuba anunció que «6.230.973 cubanos estamparon su voluntad» en la campaña, presentada como una iniciativa espontánea de la sociedad civil pero organizada y dirigida centralmente por el Partido Comunista de Cuba (PCC), según denunciaron analistas y opositores que calificaron el acto como una operación propagandística de emergencia ante la presión máxima de Washington.
La cifra, sin embargo, no resiste el escrutinio: con una población que no supera los 11 millones de habitantes —incluyendo niños y ancianos—, las 6,23 millones de firmas representarían más del 56% de todos los cubanos, una proporción que críticos consideran imposible sin coerción masiva documentada en centros de trabajo, escuelas y CDR.
Testimonios recogidos en Matanzas lo confirman sin ambigüedades: «La firma es obligatoria en centros de trabajo, si no firmas ya sabes, a la calle».
Directivos de empresas estatales fueron obligados a garantizar al menos el 80% de firmas entre sus trabajadores bajo amenaza de despido, y las presiones se extendieron a bodegas, hospitales, universidades y a través de los Comités de Defensa de la Revolución.
Pese a ello, hubo resistencia: el poema viral «No firmo» de José Martínez, el llamado del líder opositor José Daniel Ferrer García (UNPACU) a no participar, y casos documentados de cubanos que se plantaron ante sus CDR y rechazaron firmar con un argumento simple: «Mi dignidad no se firma».
El acto coincidió exactamente con la firma por parte de Donald Trump de una nueva orden ejecutiva que amplía drásticamente las sanciones contra el régimen, incluyendo sanciones secundarias a entidades financieras extranjeras que comercien con La Habana, en el marco de una campaña de presión que desde enero de 2026 ha impuesto más de 240 sanciones nuevas e interceptado al menos siete tanqueros con petróleo para Cuba, reduciendo las importaciones energéticas en 80-90%.
El resultado es una isla con apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio y una contracción del PIB proyectada en 7,2% para 2026.
En ese contexto de crisis, la aparición de Raúl Castro, de 94 años, fue la primera en cinco meses: el propio Díaz-Canel lo había descrito en abril como «vivo pero retirado por razones de salud» y «frágil por edad», y el general estuvo ausente incluso del 9º Congreso del PCC celebrado en marzo.
Las imágenes del acto muestran a un Raúl Castro visiblemente deteriorado sosteniendo uno de los libros de firmas; en el documento, la primera rúbrica visible es la del propio Raúl Castro Ruz, seguida de Díaz-Canel, Roberto Morales Ojeda y Salvador Valdés Mesa, lo que revela que los dirigentes del régimen encabezaron la lista de una campaña que presentaron como iniciativa ciudadana.
La operación de imagen no terminó ahí: este sábado, la asesora de comunicación digital de Díaz-Canel, Leticia Martínez Hernández, publicó en Facebook un álbum titulado «Raúl con nuestras firmas» con fotos retocadas con Photoshop para disimular el deterioro físico del general, lo que fue denunciado por el periodista Mario J. Pentón comparando las imágenes originales con las editadas.
La campaña «Mi Firma por la Patria» fue lanzada el 19 de abril coincidiendo con el 65 aniversario de la Batalla de Playa Girón, como respaldo a la declaración «Girón es hoy y es siempre», en la que el régimen afirmó que «Cuba no será una estrella» —en alusión a una posible anexión a Estados Unidos.
El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, llegó a afirmar que el 81% de la población había firmado la carta repudiando el embargo, el «cerco energético» y las «amenazas de guerra», una cifra que, de ser cierta, implicaría que prácticamente cada cubano adulto del país firmó bajo presión o sin alternativa real.
Trump resumió el 30 de marzo su pronóstico sobre el régimen con una frase directa: «Cuba en poco tiempo va a fracasar», y Estados Unidos «estará allí para ayudarla».
Archivado en: