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Ancianos demacrados que deambulan por las calles buscando comida en la basura, jubilados que se desmayan bajo el sol pidiendo un vaso de agua, y personas mayores que mueren solas en sus hogares hasta que un vecino los descubre: así describe un reportaje la crisis de los adultos mayores en Cuba, la lamentable situación que vive la población más vulnerable de la isla en 2026.
«Las personas se están muriendo de inanición, son cadáveres, zombies», dijo Irina Hung, de 47 años, contadora de Miami originaria de Santiago de Cuba, tras visitar la isla en enero.
Hung encontró Santiago agobiada por apagones de 20 horas y una inseguridad tal que su sobrino de 10 años le advirtió que no sacara el teléfono en la calle.
Las pensiones de los jubilados, aunque aumentadas desde septiembre, equivalen en promedio a apenas $9 mensuales, una cantidad que no alcanza para comprar productos básicos.
Cuba es el país más envejecido de América Latina, con 25.7% de su población mayor de 60 años, y el éxodo de casi dos millones de jóvenes desde 2021 ha dejado a una generación entera de ancianos sin red familiar de apoyo.
La socióloga Elaine Acosta, directora del proyecto Cuido60 y del Observatorio de Envejecimiento, Cuidados y Derechos en Cuba, advierte que el colapso del sistema de asistencia social cubano ha alcanzado niveles sin precedentes: «Los datos del Censo del 2024 indicaban que la población en situación de calle se había triplicado. Sabemos que la mayoría son personas mayores. A veces son violentados».
La violencia contra los ancianos es uno de los aspectos más alarmantes. Pablo Vega, un jubilado ciego, fue golpeado por asaltantes el 20 de febrero cuando regresaba de cobrar su pensión y murió días después a causa de sus heridas.
En Cárdenas, un anciano sin hogar con problemas mentales llamado Agustín murió ese mismo mes a causa de quemaduras provocadas por un joven de 18 años.
«Lo que está sucediendo con las personas de la tercera edad, que viven solas o en situación de calle, es un castigo colectivo», dijo la activista cristiana Rita María García Morris.
El caso de Isabel Mendoza, poetisa miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Santiago, conmovió a miles al ser grabada pidiendo limosna para dar de comer a su esposo enfermo.
«No me gusta hacer eso porque soy una profesional, he cogido premios de poesía, soy miembro de la UNEAC, declamadora y mira en lo que estoy», dijo Mendoza, cuya pensión de 3,000 pesos cubanos —alrededor de $8— no le alcanza para comer.
Odette Toledo, asistenta de enfermera de 47 años residente en Filadelfia que mantiene económicamente a sus padres en Cuba, resume la situación con crudeza: «El gobierno los tiene de rehenes, si no les mandamos dinero y comida, se van a morir».
Sus padres, de 76 y 74 años, viven en el Vedado —uno de los mejores barrios de La Habana— sin poder salir porque los elevadores no funcionan, las aceras están rotas y la silla de ruedas que ella envió resulta inútil ante la infraestructura destruida.
Mientras tanto, el régimen no carece de recursos: las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a través del conglomerado GAESA, acumula $18,000 millones en activos líquidos, cifra superior a las reservas internacionales de Costa Rica, Uruguay y Panamá.
La activista de derechos humanos Janisset Rivero lo dice sin rodeos: «Se roban el dinero de la nación, y no lo invierten donde hace falta. Es para sus arcas personales».
A partir de abril, el régimen planea recortar o eliminar los pocos alimentos subsidiados que aún se distribuían por la libreta de abastecimiento, agravando la dura realidad de los cubanos más vulnerables que ya no pueden costear los comedores del Sistema de Atención a la Familia ni llegar a ellos por la falta de transporte.
En febrero, el gobierno autorizó la apertura de residencias privadas para adultos mayores, pero activistas como García Morris y Acosta consideran que la medida llega demasiado tarde, cuando la situación ya está en estado crítico.
«Me parte el alma ver cómo se van deteriorando y a nadie le importa», concluyó Toledo.
Preguntas frecuentes sobre la crisis humanitaria de los ancianos en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la situación actual de los ancianos en Cuba?
Los ancianos en Cuba enfrentan una crisis humanitaria severa, marcada por la escasez de alimentos, medicamentos y falta de atención social. Muchos de ellos se ven obligados a buscar comida en la basura y no tienen suficiente apoyo familiar debido al éxodo masivo de jóvenes. Además, las pensiones son extremadamente bajas, no superando los 10 dólares mensuales, lo que agrava su situación de pobreza extrema.
¿Qué ha provocado el colapso del sistema de asistencia social en Cuba?
El colapso del sistema de asistencia social cubano se debe a una combinación de factores como la falta de recursos, corrupción y la emigración masiva, que ha dejado a los ancianos sin redes de apoyo familiares. Además, el gobierno ha admitido no tener recursos suficientes para atender a las personas vulnerables, lo que ha dejado a miles de ancianos en condiciones de abandono y precariedad.
¿Cómo afecta la crisis económica a los jubilados cubanos?
La crisis económica en Cuba impacta directamente a los jubilados, quienes reciben pensiones insuficientes que no cubren necesidades básicas como alimentación y medicamentos. La inflación y la devaluación del peso agravan la situación, dejando a los ancianos en una posición de vulnerabilidad extrema, obligándolos a depender de la solidaridad vecinal y remesas del exterior.
¿Qué medidas ha tomado el gobierno cubano para abordar esta crisis?
Aunque el gobierno cubano ha reconocido la crisis y autorizado la apertura de residencias privadas para adultos mayores, estas medidas son consideradas insuficientes y tardías por activistas y expertos. Las reformas no han logrado abordar de manera efectiva el colapso del sistema de cuidado social, dejando a los ancianos en una situación crítica.
¿Cuál es el impacto de la emigración en la situación de los ancianos en Cuba?
La emigración masiva en Cuba ha dejado a muchos ancianos sin soporte familiar, ya que sus hijos y nietos, quienes podrían cuidarlos, han abandonado la isla en busca de mejores oportunidades. Esto ha incrementado la vulnerabilidad de los ancianos, quienes ahora dependen casi exclusivamente de la ayuda de sus comunidades y del escaso apoyo estatal.
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