El secretario de Estado Marco Rubio tomó ayer el podio de la Casa Blanca y lanzó un mensaje contundente sobre Cuba, calificando al régimen de «Estado fallido» gobernado por «comunistas incompetentes» y advirtiendo que Washington actuará ante lo que describió como una situación inaceptable a 90 millas de las costas estadounidenses.
Rubio sustituyó a la secretaria de prensa Karoline Leavitt, quien se encuentra en licencia de maternidad, y aprovechó la rueda de prensa para desmontar el argumento del supuesto bloqueo petrolero que el régimen cubano utiliza para justificar su crisis energética.
«No existe un bloqueo petrolero contra Cuba como tal», afirmó Rubio, y explicó la mecánica real: Cuba recibía petróleo gratis de Venezuela, revendía el 60% de ese crudo por dinero en efectivo y ese dinero no beneficiaba a la población.
El secretario de Estado señaló que el único «bloqueo» real fue que Venezuela decidió dejar de regalar petróleo, algo que, según dijo, nadie hace hoy en día, «mucho menos a un régimen fracasado».
Sobre la incapacidad del gobierno cubano para resolver la crisis, Rubio fue lapidario: «Lo único peor que un comunista es un comunista incompetente. Y eso es lo que hay: comunistas incompetentes dirigiendo ese país. No saben cómo arreglarlo. De verdad no saben».
Esta frase, que Rubio ya había utilizado en marzo al rechazar cualquier acuerdo de reformas económicas con La Habana, se ha convertido en uno de los ejes del discurso de la administración Trump sobre la isla.
Aunque no anunció medidas concretas para ese día, Rubio dejó claro que la inacción no es una opción: «Tenemos, a 90 millas de nuestras costas, un Estado fallido que además es territorio favorable para algunos de nuestros adversarios. Es una situación inaceptable, y la abordaremos».
El secretario también reveló que Estados Unidos entregó seis millones de dólares en ayuda humanitaria a Cuba a través de la Iglesia Católica, pero que el régimen bloquea una mayor distribución: «Nos gustaría hacer más, pero el régimen cubano tiene que permitírnoslo».
Las declaraciones de Rubio se producen en un momento de máxima presión de Washington sobre La Habana. El pasado 1 de mayo, Trump firmó una nueva orden ejecutiva que amplía sanciones contra el régimen en sectores de energía, defensa, minería y finanzas, con sanciones secundarias a bancos extranjeros que operen con entidades cubanas sancionadas.
Ese mismo día, Trump afirmó en un acto en Florida que Estados Unidos «tomará Cuba casi inmediatamente» tras concluir la Operación Epic Fury contra Irán, y volvió a amenazar con desplegar el portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas de la isla.
Ayer mismo, Trump reiteró que tiene «la obligación de hacer algo por Cuba» tras haber obtenido el 94% del voto cubano en las elecciones.
El régimen responde con retórica de confrontación. El pasado domingo, Díaz-Canel advirtió sobre «la inminencia de una agresión militar» de Estados Unidos, invocó la doctrina de la «Guerra de Todo el Pueblo» y declaró que «cada cubana y cada cubano tiene un fusil».
El telón de fondo es una economía en colapso: Cuba ocupa el último lugar entre 27 economías de América Latina y el Caribe, con una contracción proyectada del 7,2% para 2026 y apagones que alcanzan hasta 25 horas diarias en algunas provincias.
Rubio no fijó plazos ni detalló las acciones previstas, pero su mensaje fue inequívoco: «Las cosas van a cambiar».
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