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La crisis energética en Cuba obligó al régimen a abrir espacio para un negocio que hasta hace pocos años parecía impensable: la importación privada de gas licuado desde Estados Unidos para venderlo en dólares dentro de la isla.
Plataformas como Katapulk y Supermarket23 comenzaron recientemente a comercializar cilindros de gas licuado de 10 kilogramos —conocidos popularmente como “balitas”— a 29 dólares, con entregas disponibles en La Habana.
La venta de gas en dólares funciona bajo un modelo de intercambio: el cliente recibe un cilindro lleno y debe entregar uno vacío en buenas condiciones.
El gas comercializado por estas plataformas es importado desde Estados Unidos por mipymes cubanas, utilizando licencias autorizadas por el gobierno estadounidense.
El esquema marca un cambio significativo dentro del sector energético cubano. Mientras CUPET enfrenta una crisis de abastecimiento y dificultades financieras para garantizar el suministro estatal, empresas privadas vinculadas al comercio en divisas han encontrado una oportunidad de negocio en medio de la escasez.
La operación funciona mediante importaciones privadas de GLP gestionadas por mipymes, que luego canalizan la venta a través de plataformas digitales orientadas principalmente a cubanos en el exterior que pagan generalmente desde fuera de la isla.
El producto se entrega sellado y sin instalación incluida. Además, las empresas exigen que el cilindro vacío entregado no tenga perforaciones, oxidación avanzada ni daños estructurales.
El auge de este mercado coincide con uno de los peores momentos del suministro estatal de gas licuado en Cuba. En enero de 2026, el tanquero Emilia regresó vacío al país debido a la incapacidad de pago del régimen, agravando el desabastecimiento en varias provincias.
En paralelo, el gobierno ha ido ampliando la dolarización de sectores estratégicos. Decenas de servicentros estatales comenzaron a vender combustible exclusivamente en dólares, mientras el sector privado recibió autorización para importar diésel y ahora también gas licuado.
La venta de una balita a 29 dólares equivale actualmente a unos 15,660 pesos cubanos al cambio informal, una cifra inalcanzable para la mayoría de los trabajadores que cobran salarios en moneda nacional.
En la práctica, el nuevo mercado del gas revela dos realidades paralelas en Cuba: una economía estatal incapaz de garantizar servicios básicos y un circuito dolarizado donde solo quienes reciben remesas o tienen acceso a divisas pueden acceder a combustibles esenciales para cocinar en medio de los apagones.
Preguntas frecuentes sobre la importación de gas licuado en Cuba desde EE.UU.
CiberCuba te lo explica:
¿Cómo se realiza la importación de gas licuado desde Estados Unidos a Cuba?
La importación de gas licuado desde Estados Unidos a Cuba se realiza mediante mipymes privadas cubanas que utilizan licencias autorizadas por el gobierno estadounidense. Estas mipymes importan el gas y luego lo comercializan a través de plataformas digitales como Katapulk y Supermarket23, principalmente orientadas a cubanos en el exterior que pagan desde fuera de la isla.
¿Cuánto cuesta un cilindro de gas licuado en Cuba?
Un cilindro de gas licuado de 10 kg se vende a 29 dólares en plataformas como Katapulk y Supermarket23. Este precio es equivalente a unos 15,660 pesos cubanos al cambio informal, una cifra que resulta inalcanzable para la mayoría de los cubanos que perciben salarios en moneda nacional.
¿Cuáles son las condiciones para adquirir un cilindro de gas licuado en Cuba?
Para adquirir un cilindro de gas licuado en Cuba, el cliente debe entregar un cilindro vacío del mismo tamaño y en buenas condiciones. El cilindro vacío no debe tener perforaciones mayores de dos centímetros, base estable, sin oxidación avanzada y con la anilla en buen estado. Si no se cumplen estas condiciones, el cilindro vacío puede ser rechazado al momento de la entrega.
¿Qué impacto tiene la importación privada de gas en la economía cubana?
La importación privada de gas crea una economía paralela donde solo quienes tienen acceso a dólares pueden acceder a productos esenciales. Esto revela las fallas del sistema estatal cubano incapaz de garantizar servicios básicos, y genera una dependencia del circuito dolarizado para acceder a bienes como el gas para cocinar, aumentando la desigualdad económica en la isla.
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