En medio de crecientes presiones y expectativas sobre cambios en Cuba, el presidente Donald Trump prometió este martes hablar sobre la isla «en el momento correcto», en respuesta a una pregunta directa del periodista Juan Camilo Merlano en la Casa Blanca, quien le preguntó si el gobernante Miguel Díaz-Canel «tiene los días contados».
«No les está yendo bien. Cuba no está yendo bien. Es una nación fallida. Y vamos a estar hablando sobre Cuba en el momento correcto», respondió Trump ante la insistencia del corresponsal colombiano en Washington.
Las declaraciones se produjeron horas antes de que Trump partiera hacia China para una visita de Estado del 13 al 15 de mayo, la primera de un presidente estadounidense en casi nueve años, para reunirse con Xi Jinping.
El mismo día, Trump publicó en su plataforma Truth Social un mensaje en la misma línea: «¡Ningún republicano me ha hablado nunca sobre Cuba, que es un país fallido y solo va en una dirección: hacia abajo! Cuba pide ayuda, ¡y vamos a hablar! Mientras tanto, ¡me voy a China!»
El contexto geopolítico del mensaje es especialmente relevante. El 5 de mayo, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China instó a Washington a levantar las sanciones contra Cuba, calificándolas de «unilaterales e ilegales», justo en vísperas del viaje de Trump a Pekín.
Las palabras del presidente funcionan así como mensajes con destinatarios múltiples: la audiencia doméstica estadounidense, el régimen de La Habana y el gobierno chino.
Las declaraciones se enmarcan en una escalada sostenida de presión máxima contra Cuba que arrancó en enero de 2026, cuando Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380 declarando al régimen cubano una «amenaza extraordinaria» para la seguridad nacional.
El 7 de mayo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra GAESA, el conglomerado militar que controla entre el 40% y el 70% de la economía cubana, junto a 12 funcionarios, siete entidades militares y tres embarcaciones, y ofreció 100 millones de dólares en ayuda humanitaria condicionada a que el régimen lo permita.
«Las cosas van a cambiar», advirtió Rubio en esa ocasión.
Desde enero de 2026, la administración ha acumulado más de 240 sanciones nuevas e interceptado al menos siete tanqueros con petróleo destinado a la isla, reduciendo las importaciones energéticas cubanas entre un 80% y un 90%.
El impacto sobre la población es devastador: apagones que afectan a más del 55% del territorio con cortes de hasta 25 horas diarias y una contracción económica proyectada del 7,2% para 2026, según la Unidad de Inteligencia de The Economist.
En paralelo a la presión, Trump ha mantenido abierta la puerta de la negociación. El 1 de febrero confirmó conversaciones «al más alto nivel» con Cuba y afirmó «creo que haremos un trato», mientras que en febrero Axios reportó que Rubio negoció una posible transición con «El Cangrejo», identificado como nieto de Raúl Castro.
El régimen, por su parte, ha rechazado cualquier posibilidad de ceder. El 4 de mayo, el embajador cubano ante la ONU declaró en Fox News: «Rendirse no está en nuestro diccionario».
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