El periodista y analista político Miguel Cossío, radicado en Miami, identificó seis crisis simultáneas que asfixian al régimen cubano en un análisis elaborado desde junio-julio de 2025, en el que advierte que ninguna de ellas tiene solución dentro del modelo político actual.
Cossío presentó este diagnóstico en el marco de una entrevista en la que también identificó a Ramón Romero Curbelo —jefe de la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior— en las fotografías de la reunión del director de la CIA con funcionarios cubanos celebrada el pasado jueves en La Habana.
La primera crisis es la energética, que Cossío divide en dos dimensiones inseparables: la carestía de combustible y el deterioro estructural del Sistema Eléctrico Nacional.
«Cuba en materia energética tiene dos problemas, no uno solo. Es decir, pueden tener todo el petróleo del mundo y eso no les resolvería el tema fundamental, que es el de la generación de energía eléctrica por la situación del sistema eléctrico nacional», afirmó el analista.
La segunda crisis es la económica y financiera, que va más allá de la simple escasez de bienes.
«No tienen capital por la escasez de inversiones del exterior, no tienen capital por el poco acceso a dinero externo y tampoco por el que pudieran recibir en el caso, por ejemplo, la vía del turismo», explicó Cossío, en un contexto en que la economía cubana se ha contraído cerca de 23% desde 2019.
La tercera crisis es la sanitaria: insalubridad galopante y escasez de medicamentos que afectan a toda la población.
La cuarta es la crisis social, que engloba escasez de agua, violencia callejera, acumulación de basura y un déficit de vivienda de casi un millón de unidades.
La quinta crisis es la demográfica, y para Cossío es una de las más graves a largo plazo.
«Yo lo calculo casi en dos millones de personas habían partido de Cuba», señaló, refiriéndose al período comprendido entre mediados de 2022 y 2026, mientras que las estimaciones más moderadas hablan de 1,5 millones de emigrantes.
Esa sangría migratoria sin precedentes ha mermado drásticamente la fuerza laboral entre 25 y 50 años y ha reducido la natalidad, lo que hace inviable cualquier reforma económica de fondo: «No tenían mano de obra», resumió el analista.
La sexta y última crisis es la institucional y de gobernabilidad, que incluye una profunda crisis de liderazgo.
Cossío recuerda que Díaz-Canel llegó al poder casi por eliminación: «El propio Raúl Castro lo dijo públicamente una vez, que Miguel Díaz-Canel era el último de una generación, o sea, casi que como por descarte».
El poder civil —Díaz-Canel, Manuel Marrero, Roberto Morales O'Hara y Bruno Rodríguez Parrilla— tiene, según el analista, un rol meramente administrativo: «El poder que tiene la clase política cubana civil es muy limitado. Es más bien pasa a un poder digamos administrativo, como el que administra una bodega».
Quien realmente manda, sostiene Cossío, es Raúl Castro, a quien describe como «una suerte de monarca al estilo norcoreano», apoyado en cuatro núcleos de poder: el núcleo familiar, la élite militar-empresarial ligada a GAESA, los generales de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad del Ministerio del Interior.
Sobre este último núcleo, Cossío es categórico: «La misión que tienen los cuerpos de seguridad en Cuba, en este caso el Ministerio del Interior, es fundamentalmente la represión. Es la principal tarea, es decir, evitar, hacer lo posible porque el pueblo, un ciudadano común, se vea impedido a cambiar el régimen. Ha sido así desde el 1 de enero de 1959 hasta el día de hoy».
El análisis de Cossío se enmarca en un momento de máxima presión estadounidense sobre La Habana: EE.UU. sancionó a GAESA el 7 de mayo, y apenas una semana después el director de la CIA se reunió en La Habana con los hombres que, según el propio Cossío, son quienes verdaderamente cortan el bacalao en Cuba.
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