El humorista cubano Rigoberto Ferrera, conocido como «El látigo de comunales», publicó un reel en Facebook en el que, con su inconfundible estilo irónico, afirma estar buscando desesperadamente algo que ningún algoritmo del mundo puede ofrecerle: la receta para cocinar la cruda cotidianidad de Cuba.
«Arturo, la estoy buscando en Google, pero no me aparece, no me aparece, Arturo. ¿Alguno de ustedes tiene la receta para cocinar esta cruda realidad? Pa' la pinga...», dice Ferrera en el video, con esa mezcla de exasperación y comicidad que lo ha convertido en uno de los referentes del humor social en la isla.
El chiste es aparentemente simple, pero golpea con precisión demoledora: si hay algo que sobra en Cuba es cruda realidad. Lo que falta —precisamente— es cómo cocinarla. Y no solo metafóricamente: tampoco hay comida, ni combustibles para procesarla.
Ferrera se ha descrito a sí mismo como alguien que convierte «lo cotidiano en espectáculo» y «la incomodidad en carcajada», usando el humor como válvula de escape colectiva. Su apodo «El látigo de comunales» nació de sus videos denunciando la acumulación de basura en La Habana, pero su sátira abarca todos los males estructurales de la isla: apagones, burocracia, el abismo entre el discurso oficial y la vida real, y ahora, el hambre.
La metáfora culinaria no podría ser más oportuna. Cuba atraviesa en 2026 una de las peores crisis alimentarias de su historia reciente: el 33,9% de los hogares reportó que al menos una persona se acostó con hambre en los últimos 30 días, frente al 24,6% registrado en 2024, según la encuesta «En Cuba Hay Hambre 2025».
El 94,9% de los hogares perdió acceso a la compra de alimentos durante el año, y el 97,6% señaló problemas estructurales de desabastecimiento. El propio ministro de la Industria Alimentaria lo admitió sin rodeos: «En este año no hemos podido dar aceite, ni pollo, ni yogurt» por la canasta normada.
Cinco provincias se encuentran en niveles críticos de supervivencia alimentaria según el Food Monitor Program: La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Guantánamo y Santiago de Cuba. En Granma, el 78,9% de la población enfrenta hambre o inseguridad alimentaria, muy por encima del promedio nacional.
Ante semejante panorama, los cubanos llevan décadas «inventando» en la cocina con lo que haya. Algunos ya sustituyen el arroz por purés de viandas —yuca, boniato, plátano burro y calabaza— cuyos precios superan los 400 pesos por libra en el mercado informal, frente a salarios estatales de unos 7,000 pesos mensuales. Otros usan aceite como combustible para tractores ante la escasez de diésel, mientras la FAO alertó que la falta de ese combustible impide recoger cultivos ya sembrados. Cuba importa entre el 70% y el 80% de los alimentos que consume, a un costo cercano a 2,000 millones de dólares anuales, mientras la producción interna sigue colapsando.
El 80,4% de los hogares vio afectada su capacidad de cocinar por los apagones, el 48,3% reportó pérdida de alimentos por falta de refrigeración, y el 81,3% tuvo que hervir o clorar el agua para consumirla.
Ferrera tiene una larga ejecutoria apuntando con su humor a las contradicciones del régimen. En julio de 2025 reaccionó con ironía a las declaraciones de la ministra de Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, quien negó la existencia de mendigos en Cuba. También ha mostrado contenedores ardiendo en La Habana e ironizado sobre supuestas campañas oficiales de recogida de firmas para recoger basura, firmando siempre con su sello: «Atte. El látigo de comunales».
Ningún buscador del mundo tiene la receta que Ferrera ansía, porque ningún algoritmo puede procesar décadas de mal gobierno, desabastecimiento crónico y una crisis multidimensional que el propio Estado no puede —ni quiere— nombrar con claridad. La «cruda realidad» cubana sigue sin cocinarse, y el único ingrediente que no falta es el humor amargo de quienes deben masticarla día a día.
Preguntas frecuentes sobre la crisis alimentaria y situación social en Cuba en 2026
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la situación actual de la crisis alimentaria en Cuba?
Cuba atraviesa una de sus peores crisis alimentarias, con el 33,9% de los hogares reportando que al menos una persona se acostó con hambre en los últimos 30 días. La escasez de alimentos básicos como aceite, pollo y yogurt es crítica, y el desabastecimiento afecta al 97,6% de la población.
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¿Cómo afecta la crisis energética a la alimentación en Cuba?
La crisis energética ha provocado apagones de más de 20 horas diarias, afectando la capacidad de cocinar de más del 80% de los hogares. Además, el 48,3% ha perdido alimentos por falta de refrigeración, agravando la inseguridad alimentaria.
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¿Qué papel juega el humor en la crítica social cubana?
El humor actúa como una válvula de escape en contextos de crisis, permitiendo la denuncia de realidades incómodas de manera efectiva. Humoristas como Ulises Toirac, Mario Sardiñas o Rigoberto Ferrera, conocido como «El látigo de comunales», utilizan la sátira para señalar las contradicciones y problemas estructurales en Cuba.
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¿Qué soluciones han encontrado los cubanos ante la crisis alimentaria?
Ante la falta de alimentos y combustibles, los cubanos han recurrido a soluciones improvisadas como cocinar con leña y realizar comidas comunitarias. Sin embargo, estas medidas son solo paliativos temporales que no solucionan la inseguridad alimentaria estructural.
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