
Vídeos relacionados:
Marxlenin Pérez Valdés, conductora del programa oficialista 'Cuadrando la Caja' y esposa de Fidel Castro Smirnov —nieto del dictador Fidel Castro—, publicó este domingo en Facebook un texto en defensa del discurso de supuestas reformas económicas de Miguel Díaz-Canel.
Bajo el título de «Expectativas», la vocera del régimen se refirió a la enésima pirueta protagonizada por el Dr. Díaz-Canel el pasado viernes en televisión estatal, en la que apareció contrariado para darle agua nuevamente a las viejas fichas del dominó político de la dictadura: sistema de dirección económica, autonomía municipal, autonomía empresarial, recuperación agrícola, comercio exterior e inversión extranjera.
Aunque en tono despectivo, la académica reconoció en su texto la pluralidad de opiniones de los cubanos, pero solo para negarla de inmediato con el dogma oficial de la unidad.
El texto resulta revelador en lo que admite sin querer: Pérez Valdés reconoció que en la sociedad cubana existen «expectativas, muchas, expresadas todas con diferentes lenguajes y desde diferentes puntos de partida: ideológicos, clasistas, políticos y económicos». Pero, a continuación, citó al gobernante designado para zanjar el debate: «nuestra respuesta tiene que ser la de la unidad».
Esta fórmula —admitir la pluralidad para subordinarla a la consigna del Partido— es característica de la esencia totalitaria del régimen cubano, que instrumentaliza la «unidad» no como valor democrático sino como herramienta de control social.
La propia Pérez Valdés admitió, de paso, que lo anunciado por Díaz-Canel «fue apenas un esbozo de lo que debemos conocer con más detalles en breve», lo que no le impidió lanzar una larga diatriba contra quienes reaccionaron con escepticismo o crítica.
En su publicación, la defensora del castrismo clasificó a los críticos en una galería de categorías despectivas: «mercenarios», «teóricos sin obra», difusores de «agendas neoliberales y entreguistas de sus amos a través de sus medios contrarrevolucionarios» y quienes «usan esta encrucijada para ver si desprestigian al presidente».
El único grupo que merece el calificativo de «legítimos», según Pérez Valdés, es el de quienes se preocupan por el futuro del socialismo y «no se quedarán de brazos cruzados ante la posibilidad de perder nuestro proyecto de justicia social ideado originalmente para los más humildes».
También reconoció, sin aparente conciencia de la ironía, que «en la vida real, la gente tiene cosas más urgentes de las que ocuparse», en referencia a los cubanos que no participan en los debates de Facebook.
Esa «vida real» es la de un país donde el 89% de las familias vive en pobreza extrema, los apagones alcanzan entre 20 y 40 horas diarias en algunas zonas, la inflación interanual fue del 13,42% en marzo de 2026 y más de un millón y medio de cubanos emigraron entre 2020 y 2024.
Las reformas que Pérez Valdés defiende —mayor autonomía para empresas estatales, desbloqueo de pequeñas y medianas empresas privadas y eliminación de intermediarios en el comercio exterior— fueron calificadas de «ardid caduco» por el economista Pedro Monreal y de «muy tarde, muy mal, muy poco» por otros analistas, y aún deben ser aprobadas por el Buró Político y la Asamblea Nacional, previstas para julio.
No es la primera vez que Pérez Valdés protagoniza episodios de este tipo. En diciembre de 2025, llamó «gusanos» a quienes criticaron en redes una sugerencia de no comer arroz ni papa difundida en su propio programa.
En marzo de 2026, durante una gira por 18 ciudades de España, Pérez Valdés declaró que los negocios privados en Cuba «los vamos a crear para desaparecerlos», una frase que resume con precisión la posición del régimen ante cualquier apertura económica real.
La Constitución cubana de 2019 consagra jurídicamente esta lógica en su artículo 5, al declarar al Partido Comunista de Cuba «fuerza dirigente superior» y prohibir cualquier alternativa política, convirtiendo el dogma de la unidad en ley.
Los comentarios al post de Pérez Valdés no fueron precisamente entusiastas: «¿Desarrollar conciencia? ¿A estas alturas y con la barriga vacía?», escribió un internauta; otro fue más lacónico: «Lo voy a leer cuando quiera dormir y no haya luz»; un tercero remató: «Ningún texto que usa la palabra 'aglutinar' jamás ha dicho nada serio».
Archivado en: