El historiador cubano Rolando Gallardo advierte que Cuba vive un descontento generalizado, pero que ningún partido ni organización opositora tiene la capacidad real de capitalizarlo, lo que califica de «preocupante».
En una entrevista con Tania Costa para CiberCuba, Gallardo señaló que el principal error de la oposición es aplicar recetas convencionales a una situación que exige respuestas distintas. «Lamentablemente yo creo que uno de los principales problemas que tenemos es que estamos tratando en una situación excepcional de encontrar soluciones tradicionales en vez de soluciones excepcionales».
El historiador, autor del libro "El IV Reich. La conexión verde olivo", critica la proliferación de partidos opositores en el exilio que carecen de arraigo popular dentro de Cuba. «Yo me quedo loco cada vez que sale alguien diciendo vamos a crear el partido tal y tenemos derecho a crearlo. Sí tienes todo el derecho, pero eso no va a ningún lado».
Gallardo argumenta que esos partidos no cuentan con una ley que los ampare, no pueden recaudar fondos, no tienen militancia organizada en la isla y, por tanto, no están en condiciones de convocar marchas ni de ejercer presión real sobre el régimen.
«No hay un partido de la oposición ni organización opositora que capitalice a la población cubana y menos en esta situación de descontento generalizado. Y eso es preocupante», afirmó.
Esa fragmentación no es una percepción aislada. El líder opositor José Daniel Ferrer lo resumió en octubre de 2025 con una frase que se hizo ampliamente citada: «No existe cohesión, coordinación, disciplina. Tenemos muchos cuarto bate, pero no tenemos equipo».
El descontento que nadie conduce es, sin embargo, real y creciente. El Observatorio Cubano de Conflictos contabilizó más de 1,100 protestas en abril de 2026, y Cubalex documentó en marzo de ese año la cifra mensual más alta de manifestaciones desde el estallido del 11J de 2021, con consignas ya no solo económicas sino abiertamente políticas.
Frente a ese vacío, Gallardo propone dejar de debatir sobre partidos y avanzar hacia un Consejo Civil de Transición. «Que uno vea en Internet que hay un debate de que si fulano Mengano hizo un partido y qué terrible y qué horrible que haya hecho otro partido porque nos estamos dividiendo y sea ese el debate en vez de estar hablando ya de un Consejo Civil de Transición».
El historiador precisa que ese consejo no debería estar integrado por figuras improvisadas, sino por profesionales con formación técnica: «Tenemos figuras prominentes que podrían encabezar un Consejo de Transición, tenemos juristas. Ojo, no estoy hablando de que sea Periquito Pérez, no, no, no. Estoy hablando de que son personas que tienen conocimiento por su profesión, figuras altamente cualificadas».
Ese cuerpo serviría, en su visión, de puente con Washington. «La Administración norteamericana es un actor que no se puede despreciar ni mucho menos decir no que los americanos no se metan. Se tienen que meter. Especialmente porque son los creadores de la República de Cuba, vamos a estar claros con eso».
Sobre la falta de cultura democrática tras seis décadas de dictadura, Gallardo rechaza que sea un argumento para la resignación: «Hemos estado 60 años y el cubano apenas tiene cultura democrática hoy. Pero eso tampoco significa que debemos vivir eternamente sometidos a esto».
El exilio ha dado algunos pasos en esa dirección: en marzo de 2026 firmó en Miami el «Acuerdo de Liberación», una hoja de ruta de tres fases —liberación, estabilización y democratización— con un gobierno provisional plural, y en junio la oposición ratificó ese plan en Madrid. También ha sido creado y funciona, el Consejo para la Transición Democrática. Pero para Gallardo, mientras el debate siga centrado en quién funda el próximo partido, la ventana para una transición organizada seguirá abierta sin que nadie la cruce.
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