Un diputado cubano protagonizó esta semana una de las intervenciones más reveladoras del Séptimo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), celebrado el 29 y 30 de julio en el Palacio de Convenciones de La Habana.
En lugar de proponer o debatir cuestiones del orden del día, el diputado Orlando Gutiérrez Boza dedicó su turno a convencer a sus propios colegas de que aplicar medidas de corte capitalista es, en realidad, un acto revolucionario.
La sesión parlamentaria se convocó para dar seguimiento al paquete de 176 transformaciones económicas y sociales aprobado el 18 de junio de 2026, el mayor conjunto de reformas del modelo cubano en décadas, que incluye banca privada, casas de cambio privadas, apertura a franquicias extranjeras y la conversión de empresas estatales en sociedades mercantiles por acciones.
«Hay que ser objetivo, hacer lo que hay que hacer en este momento, que es ser revolucionario. O sea, todas estas medidas, aunque nos parezca que no, aunque vengan las cosas, que si hay nostalgia, que si fulano dijo, que si... No, no, el revolucionario que viviera este momento que estamos viviendo, hace lo que estamos haciendo», declaró Gutiérrez Boza ante las cámaras de Canal Caribe.
La frase sintetiza la contradicción que atraviesa al régimen: durante décadas combatió el capitalismo como enemigo ideológico, y ahora sus propios diputados deben justificar ante la población por qué introducirlo es un gesto de fidelidad revolucionaria.
El propio Miguel Díaz-Canel, "continuidad" de la llamada revolución y primer secretario del Partido Comunista, admitió en junio que las reformas incorporarán «más elementos de propiedad privada, de producción privada, de capitalismo y de mercado», aunque negó una «restauración capitalista».
Por su parte, el primer ministro Manuel Marrero Cruz insistió ante la Asamblea este jueves en que Cuba «no se desvía del modelo socialista».
Gutiérrez Boza, graduado en Ciencias Médicas, ex vicedirector del Centro de Neurociencias y delegado del Poder Popular, no presentó propuestas legislativas concretas.
La sesión no fue la única en ofrecer momentos de propaganda sin sustancia. El trovador y diputado Nelson Valdés Viera llamó a Díaz-Canel «nuestro jefe» y «un padre» durante la jornada del martes, y saludó también a Raúl Castro, quien presuntamente participó por videoconferencia.
Este patrón no es nuevo. La ANPP lleva décadas aprobando leyes y acuerdos por unanimidad, sin votos en contra ni debate real, como reconoció el propio Díaz-Canel en julio de 2024, jactándose de ser esa «rara dictadura que jamás podrán entender los enemigos de la revolución».
Lo que sí resulta inédito es la magnitud de la contradicción que el régimen intenta gestionar: un sistema que se proclama socialista implementando reformas que sus propios líderes describen como capitalistas, y que necesita convencer a sus parlamentarios —y a través de ellos, a la población— de que eso no solo es aceptable, sino revolucionario.
Al cierre de la sesión, 110 de las 121 medidas programadas para junio y julio ya habían sido aprobadas, un 90,9% de avance que la Asamblea ratificó sin un solo voto en contra.
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