De Cuba al frente en apenas semanas: Amnistía revela cómo Rusia alimenta sus filas con reclutas sin preparación

Cubano en la invasión rusa de Ucrania © Instagram / @el_sensei2002
Cubano en la invasión rusa de Ucrania Foto © Instagram / @el_sensei2002

Unas dos semanas de entrenamiento y después, el frente. Ese es uno de los patrones que Amnistía Internacional identificó entre extranjeros reclutados por Rusia para combatir en Ucrania, incluidos ciudadanos cubanos.

En su nuevo informe Russia: Trafficking of Foreign Nationals to Fight in Ukraine, la organización dedica un capítulo a la falta de preparación de estos combatientes y llega a una conclusión especialmente dura: el entrenamiento mínimo sugiere que su reclutamiento responde al interés de aumentar el número de efectivos disponibles en primera línea, con poca o ninguna preocupación por su preparación para el combate o su integración efectiva en las unidades.

Amnistía considera que este patrón apunta tanto a una estrategia militar basada en imponerse mediante la superioridad numérica como a un «aparente desprecio por la vida humana».

Los testimonios recogidos describen períodos de entrenamiento «extremadamente cortos», normalmente de unas dos semanas, antes del traslado a zonas de combate. Algunos reclutas carecían de experiencia militar, denunciaron falta de equipamiento y apenas podían comunicarse con sus comandantes rusos.

Cubanos con apenas semanas de preparación

Dos cubanos entrevistados por Amnistía forman parte del patrón documentado.

«Enrique», quien había trabajado en la construcción en Rusia, aceptó firmar un contrato militar atraído también por la posibilidad de obtener un pasaporte ruso. Recibió alrededor de 20 días de entrenamiento en un campo situado, según su testimonio, en la región ocupada de Lugansk.

Después fue trasladado hacia el frente. Cuando finalmente entró en la zona de combate en un vehículo blindado, este fue atacado por drones casi inmediatamente y los ocupantes tuvieron que dispersarse.

El cubano aseguró además que le habían dicho que desempeñaría una función de apoyo y no que sería enviado directamente al frente.

«Ruben», otro cubano entrevistado por la organización, había firmado un contrato mientras cumplía una condena en Rusia y afrontaba la posibilidad de ser deportado a Cuba.

Dos semanas después de firmar numerosos documentos en ruso recibió identificación militar y fue trasladado a un campo de entrenamiento junto a antiguos presos de varias nacionalidades. Posteriormente terminó en primera línea, fue herido y hospitalizado dos veces y cayó prisionero en enero de 2026.

Amnistía encontró situaciones similares entre otras nacionalidades. Un ciudadano de Sri Lanka pasó 14 días entrenándose sin comprender buena parte de lo que ocurría porque la instrucción era en ruso. Fue enviado al frente y capturado menos de dos semanas después.

Un profesional informático brasileño, que asegura haber viajado pensando que tendría un empleo en su especialidad, permaneció tres semanas en un centro de entrenamiento donde no entendía el idioma antes de ser enviado a combatir. Otro recluta, procedente de Somalia y sin experiencia militar, afirmó haber recibido «casi ningún entrenamiento adecuado» y haber terminado cerca del frente incluso sin un arma.

Un patrón ya observado entre los cubanos

Los hallazgos de Amnistía aportan ahora una evaluación independiente a un fenómeno que CiberCuba ha documentado durante años entre los ciudadanos de la Isla incorporados a las fuerzas rusas.

En julio de 2024, CiberCuba informó sobre el caso de Denis Frank Pacheco Rubio, quien, según el testimonio de su esposa, viajó a Rusia pensando que trabajaría en ciudades ocupadas, recibió unos 15 días de entrenamiento militar y terminó enviado al frente, donde murió.

Otro caso fue el de Lester Mora Pichardo, que viajó a Rusia en 2023 dentro de un grupo de cubanos. Antes de morir llegó a mostrar desde las trincheras las dificultades para comprender las órdenes y comunicarse en ruso.

Había resultado herido en su primer enfrentamiento, fue hospitalizado y posteriormente regresó al frente, donde murió tras el ataque de un dron.

Una investigación posterior de CiberCuba, basada en un dossier ucraniano con información sobre 1.028 ciudadanos de la Isla, permitió observar el fenómeno a una escala mucho mayor y documentó numerosos casos de cubanos incorporados al ejército de Moscú, incluidos muertos, desaparecidos y prisioneros.

«Cuatro meses para morir»

Los períodos extremadamente breves de preparación descritos ahora por Amnistía cobran mayor relevancia al compararlos con los datos sobre supervivencia de combatientes extranjeros divulgados anteriormente por Ucrania.

En enero de 2026, CiberCuba analizó estadísticas del proyecto ucraniano Quiero Vivir según las cuales el 42 % de los extranjeros estudiados que combatían para Rusia moría durante los primeros cuatro meses posteriores a la firma de su contrato, con el mayor nivel de bajas durante el segundo mes.

Los datos proceden de una fuente oficial ucraniana y no han sido corroborados por Amnistía, por lo que no permiten establecer por sí solos que la falta de entrenamiento sea la causa de esas muertes. Sin embargo, describen un escenario compatible con el que ahora encuentra la organización de derechos humanos: extranjeros enviados rápidamente a zonas de combate pese a su escasa preparación.

CiberCuba también ha documentado casos extremos entre los cubanos de mayor edad. Lázaro Aramis, de 55 años, murió aproximadamente un mes después de firmar su contrato, mientras Luis Ángel, incorporado con 50 años, tampoco llegó a completar un mes antes de morir.

De la «carne de cañón» a los llamados «asaltos de carne»

La utilización de tropas con preparación limitada para sostener una guerra de desgaste no es una hipótesis surgida únicamente de los testimonios de extranjeros.

Analistas militares occidentales han descrito determinadas tácticas rusas mediante expresiones como meat attacks —«asaltos de carne»—: ataques sucesivos de pequeños grupos de infantería en los que Moscú acepta elevados niveles de bajas para mantener la presión, localizar posiciones enemigas y desgastar las defensas ucranianas.

El Royal United Services Institute (RUSI) ha utilizado esa expresión al analizar la estrategia rusa y su capacidad para sostener operaciones ofensivas pese a las pérdidas, apoyándose en diferentes fuentes de personal.

Eso no permite concluir que todos los cubanos o extranjeros reclutados sean enviados específicamente a ejecutar ese tipo de asaltos. Amnistía tampoco utiliza el concepto ni afirma haber demostrado que los cubanos entrevistados formen parte de unidades destinadas a esas operaciones.

Lo que sí concluye es que la escasa preparación de extranjeros antes de enviarlos al frente parece responder a la intención de incrementar el número de efectivos, con poca preocupación por su capacidad militar y preparación.

No todos los cubanos describen la misma experiencia

También existen testimonios que contradicen la idea de que los cubanos sean utilizados sistemáticamente como «carne de cañón».

Un combatiente cubano que escribió una carta reseñada por CiberCuba, con varios años de servicio en las fuerzas rusas, rechazó esa caracterización y aseguró que recibía el mismo trato que los militares rusos.

La diferencia resulta relevante: no existe evidencia suficiente para afirmar que todos los cubanos sigan el mismo recorrido ni que sean enviados deliberadamente a morir.

El nuevo informe de Amnistía apunta a algo más específico y documentable: entre los extranjeros que investigó existe un patrón de entrenamiento extremadamente breve, dificultades de comunicación y rápido despliegue en zonas de combate, incluso entre personas sin experiencia militar previa.

Para los cubanos, esos hallazgos añaden una pieza independiente a las historias de hombres que viajaron a Rusia atraídos por salarios, empleos o la posibilidad de obtener la ciudadanía y terminaron poco después en las trincheras de Ucrania.

Amnistía pone ahora en palabras lo que varios de esos casos venían sugiriendo: para la maquinaria militar rusa, aumentar rápidamente el número de hombres disponibles en el frente puede pesar más que garantizar que estén realmente preparados para sobrevivir y combatir.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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