
Marco Rubio, el secretario de Estado e hijo de inmigrantes cubanos que huyeron de la isla en los años 50, ha emergido como la figura más influyente del entorno de Donald Trump y el favorito entre los grandes donantes republicanos para disputar la presidencia en 2028, según un extenso perfil publicado por Bloomberg Businessweek que ocupa la portada de su edición de septiembre.
El retrato del diplomático cubanoamericano revela a un político que ha recorrido un camino improbable: de rival que llamó a Trump «un estafador» y «la persona más vulgar que jamás aspiró a la presidencia», a convertirse en su lugarteniente más leal y el funcionario que más horas pasa cada semana dentro de la Casa Blanca.
Rubio es el primer funcionario desde Henry Kissinger, bajo la presidencia de Richard Nixon hace medio siglo, en ejercer simultáneamente como secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional.
Ese doble cargo le otorga un escritorio en el ala oeste de la Casa Blanca y acceso sin cita previa al Despacho Oval, una ventaja que, según asesores de la administración, resulta decisiva para mantener influencia sobre un presidente tan impredecible como Trump.
El ángulo cubanoamericano es inseparable de su trayectoria.
Criado en la comunidad del exilio de Miami durante los años 70 y 80, Rubio aprendió español antes que inglés y de niño soñaba con liderar un ejército para derrocar al régimen comunista. En su ensayo de admisión a la facultad de Derecho escribió que usaría su formación para ayudar a construir un nuevo sistema legal y político para una Cuba libre.
Hoy ejecuta esa visión desde el poder. Fue pieza central en la planificación del operativo militar de enero de 2026 que resultó en la captura de Nicolás Maduro, y estuvo junto a Trump en Mar-a-Lago viendo la operación en tiempo real.
Desde entonces dirige personalmente la campaña de presión máxima sobre el régimen cubano. Según una fuente citada por Bloomberg, la estrategia de Rubio hacia La Habana se resume en una frase: «Apretemos al régimen hasta matarlo».
Tras la captura de Maduro, Trump bloqueó los envíos de petróleo venezolano a Cuba y presionó a México —mediante amenazas arancelarias— para que detuviera sus propios suministros a la isla. El resultado ha sido una profundización de la crisis energética cubana, con apagones recurrentes que la ONU ha advertido podrían derivar en una emergencia humanitaria.
«Si viviera en La Habana y fuera parte del gobierno, estaría preocupado, al menos un poco», dijo Rubio junto a Trump tras el operativo en Venezuela.
En cuanto a 2028, el perfil de Bloomberg describe a Rubio como el candidato más deseado dentro del entorno de Trump para sucederle en la Casa Blanca, por encima del vicepresidente JD Vance.
Ken Griffin, director ejecutivo de Citadel y uno de los mayores financiadores del Partido Republicano —aportó más de 100 millones de dólares en la campaña de 2024—, indicó este verano que respaldaría a Rubio sobre Vance.
En una cena en la Casa Blanca, Trump preguntó a sus invitados: «¿Quién quiere a JD Vance? ¿Quién quiere a Marco Rubio?» y comentó: «Parece un buen ticket», aunque aclaró que eso no significaba su respaldo.
En un evento de recaudación de Maga Inc. en Mar-a-Lago, casi todos los asistentes levantaron la mano por Rubio cuando Trump planteó la misma pregunta.
«Nadie dice la parte en voz alta, pero a puerta cerrada mucha gente lo respalda como el favorito para 2028. No es algo contra JD. Es simplemente que Rubio es la mejor persona para llevar la antorcha», dijo un aliado de Trump citado por Bloomberg.
El propio Rubio ha descartado públicamente cualquier ambición inmediata. «No estoy hablando de lo presidencial. Tengo dos trabajos importantes. Me ocupan todo el tiempo, siete días a la semana», declaró a Bloomberg Businessweek en una entrevista telefónica el 11 de septiembre.
Personas cercanas al secretario reconocen, sin embargo, que algunos en su entorno han explorado en privado el momento óptimo para una eventual salida de la administración, y que podría optar por el sector privado antes de decidir su próximo movimiento político.
Rubio lo niega categóricamente: «Quien te diga eso simplemente está mintiendo. Se lo están inventando para hacerse relevantes».
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