
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, salió al paso de las declaraciones del presidente Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU y descartó cualquier progreso en los contactos entre La Habana y Washington.
«Es evidente que sin avances», declaró el diplomático a la agencia oficialista Prensa Latina al margen del Segmento de Alto Nivel del 81° período de sesiones del organismo, celebrado en Nueva York.
La reacción llega poco después de que Trump afirmara ante ese mismo foro que Cuba es un «Estado absolutamente fallido» y señalara al secretario de Estado Marco Rubio como el encargado de los intercambios con el régimen de la isla.
«Marco Rubio está llevando una negociación. Está profundamente involucrado en las conversaciones con Cuba. Veremos qué sucede», dijo el presidente en su discurso.
La delegación cubana abandonó el plenario durante el discurso de Trump, en una protesta que el canciller Bruno Rodríguez Parrilla calificó de respuesta a «falsedades y calumnias».
Fernández de Cossío argumentó que no es posible identificar avances «cuando el Gobierno de Estados Unidos impone con frecuencia semanal o quincenal nuevas medidas coercitivas de castigo al pueblo cubano y continúa reforzando la brutal guerra económica».
El funcionario reconoció la existencia de contactos, pero los encuadró en el marco diplomático ordinario: «Tenemos relaciones diplomáticas formales con Estados Unidos y por tanto un canal oficial de comunicación». Añadió que el asunto «se maneja con discreción, como ha sido nuestra práctica».
Esta declaración es el último eslabón de una larga cadena de desmentidos, matizaciones y confirmaciones que arranca en enero de 2026. «No hay mesa de diálogo, aunque estamos abiertos a hablar», aseguraba a comienzos de febrero el propio Fernández de Cossío.
Tras negar en repetidas ocasiones cualquier contacto o conversación política, el régimen fue cediendo terreno: en marzo, Díaz-Canel confirmó que funcionarios cubanos sostenían conversaciones con representantes de Washington para «buscar soluciones por la vía del diálogo», y reconoció que Raúl Castro encabezaba ese proceso.
En abril, el régimen confirmó que sostuvo un encuentro con una delegación de Estados Unidos en La Habana. En declaraciones al diario oficialista Granma, el subdirector general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), Alejandro García del Toro, reconoció que la reunión tuvo lugar con representantes de alto nivel de ambos gobiernos.
En ese contexto, la Base Naval de Guantánamo también fue escenario de movimientos de alto nivel. El 29 de mayo, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, se reunió en el perímetro de la instalación con el general cubano Roberto Legrá Sotolongo, viceministro primero y jefe del Estado Mayor General de las FAR, en un encuentro que La Habana calificó de «positivo» y que el SOUTHCOM describió como un intercambio sobre seguridad operacional.
Días después, el 10 de junio, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, visitó la base, donde aseguró que el Departamento de Guerra estaba «preparado y posicionado para cualquier eventualidad posible» relacionada con Cuba y advirtió a La Habana contra la adquisición de armamento capaz de amenazar la instalación o el territorio estadounidense.
El hito más visible de esos contactos fue la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana el 14 de mayo, donde se reunió con altos funcionarios cubanos, incluido el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo», y el ministro del Interior, el general de Cuerpo de Ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas.
En julio, el primer ministro Manuel Marrero Cruz confirmó que un equipo negociador operaba con aval de Raúl Castro y Díaz-Canel. A finales de ese mismo mes, el propio Fernández de Cossío admitió que Cuba aceptó un «canal de comunicación» propuesto por Washington, aunque precisó: «No usamos la palabra negociaciones».
El 8 de septiembre, Rodríguez Parrilla admitió que las conversaciones existían pero «no muestran ningún progreso» y negó que hubiera «negociaciones, acuerdos u hojas de ruta». La declaración de Fernández de Cossío esta semana reproduce casi en espejo esa posición.
Rubio, por su parte, dejó abierta la puerta a trabajar con figuras del régimen que no tengan «las manos manchadas de sangre», y lanzó un mensaje directo a La Habana: «Tienen una oportunidad para comenzar a poner a su país en una trayectoria irreversible hacia el progreso y un futuro mejor. Eso implica tanto la libertad política como la económica, sin duda alguna».
Mientras el régimen insiste en que no hay avances, John Kavulich, presidente del Consejo Comercial y Económico EE.UU.-Cuba, aseguró que los contactos entre ambos gobiernos se producen a diario a través de actores privados y que empresas estadounidenses ya tendrían acuerdos de inversión «en marcha» en Cuba.
«Quizá no haya mucha diplomacia tradicional ahora mismo, pero todavía hay una forma de diálogo cada día», afirmó.
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