
El oficialista diario Granma publicó este martes un balance del primer mes del curso escolar 2026-2027 en Cuba que, pese a su encuadre triunfalista, deja al descubierto un sistema educativo operando en modo de emergencia permanente: apagones, escasez de transporte, uniformes que no llegan y miles de aulas sin maestro titular.
La ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, reconoció ante el órgano oficial del Partido Comunista que las condiciones del mes de septiembre «distan de ser las habituales» y que cada territorio debió buscar sus propias variantes para sostener la actividad escolar.
«Ha sido, más o menos, lo que esperábamos, aunque es muy difícil predecir la realidad en las condiciones en que estamos», admitió la funcionaria, una frase que resume con precisión involuntaria el estado del sistema educativo cubano.
El déficit docente es el problema más grave y el más antiguo. Al arrancar el curso, la cobertura docente nacional rondaba el 73%, con cerca de 24,000 plazas sin cubrir, según datos citados por Infobae. Más de 380,000 alumnos comenzaron el año sin maestro titular asignado.
Las provincias más golpeadas fueron Camagüey, con casi 3,000 docentes faltantes para atender a más de 95,000 estudiantes en 690 escuelas, seguida de Holguín, Matanzas y Sancti Spíritus, cada una con más de 2,000 vacantes.
Para tapar el hueco, el Ministerio de Educación recurrió a universitarios, jubilados reincorporados y profesionales de otros sectores. Sobre estos últimos, la ministra reconoció que requieren acompañamiento ante los cambios en la didáctica: «Tenemos que ayudarlos a todos», dijo.
La causa estructural de ese éxodo es conocida: los salarios de los maestros cubanos, fijados por la Resolución 18/2026 en entre 6,130 y 7,735 pesos cubanos mensuales, equivalen a menos de 12 dólares al cambio informal de finales de septiembre.
Los apagones agravaron todo lo demás. El primer día de clases, la Unión Nacional Eléctrica pronosticó un déficit de hasta 2,310 MW en el horario pico, con cortes que afectaban al 70% del país. Un caso emblemático: la escuela primaria Máximo Gómez, en Matanzas, acumulaba más de 23 días sin electricidad al 5 de octubre, según denunció el Periódico Girón. La instalación de un transformador sustituto no resolvió el problema porque tenía menor capacidad y generaba sobrecargas.
El transporte condicionó la asistencia, sobre todo en zonas rurales y de montaña. Como respuesta, el MINED aplicó un «concentrado intensivo de inicio» entre el 1 de septiembre y el 3 de octubre para nivelar contenidos, y flexibilizó horarios permitiendo la doble sesión en algunos centros.
Esa medida, presentada por las autoridades como una solución pedagógica, fue descrita de otra manera por una profesora de inglés de la secundaria básica Ramón López Peña, en San Cristóbal, Artemisa: «Una manera de tapar que la escuela se cae a pedazos», señaló, apuntando que el nuevo horario llegó sin más docentes, comida, transporte ni electricidad.
A la lista de carencias se suma la falta de uniformes: solo alrededor del 20% de la matrícula nacional recibió ropa escolar nueva al comenzar el curso. La ministra atribuyó el problema a las limitaciones energéticas que afectaron la producción industrial.
El antecedente inmediato agrava el panorama. El curso 2025-2026 fue cerrado anticipadamente por la crisis energética: la educación especial cerró en mayo y la educación general entre el 15 y el 30 de junio, antes de que terminara el año lectivo previsto.
Trujillo Barreto señaló que en algunos territorios la asistencia superó los pronósticos iniciales, mientras que en otros las autoridades continúan trabajando con las familias para revertir el ausentismo. Octubre, dijo la ministra, deberá consolidar lo aprendido en septiembre — una promesa que el propio sistema educativo cubano lleva años sin poder cumplir.
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