
El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías publicó este viernes la entrega número 178 de su columna semanal «He estado pensando», con un mensaje que traza una línea clara entre sobrevivir y vivir con dignidad, y termina con un llamado explícito a la acción ciudadana frente a la crisis que padece Cuba.
Bajo la idea central «No hemos nacido para sobrevivir», el párroco de Esmeralda, Camagüey, describe la cotidianidad cubana como una existencia reducida a conseguir alimentos, medicamentos y unas pocas horas de electricidad, mientras la incertidumbre corroe el alma con una pregunta que nadie puede responder: «¿Hasta cuándo?».
«Sobrevivir es levantarse cada mañana pensando cómo conseguir lo necesario para llegar al día siguiente. Es pasarse el día de cola en cola, de 'resolvedera' en 'resolvedera', es el agobio eterno de la medicina que no aparece, de la comida que multiplica sus precios, del combustible que se pierde, de los apagones que no dan tregua», escribió el sacerdote.
Para Reyes, el peligro mayor no es la escasez en sí, sino la resignación que produce: acostumbrarse a esa vida agónica hasta considerarla normal, celebrar como logro lo que debería ser un derecho garantizado y conformarse con migajas «porque hemos olvidado nuestro valor, nuestra dignidad».
El sacerdote advierte que cuando sobrevivir se convierte en la única meta, algo dentro del alma empieza a morir: «Muere el deseo de construir, muere la capacidad de soñar, muere la esperanza, se te seca el alma y aparece la resignación».
Frente a ese diagnóstico, Reyes lanza una afirmación que va más allá de la crítica al sistema político. «Cuba no necesita solamente un cambio de sistema, Cuba necesita hijos que crean profundamente que esta isla no está condenada a ser siempre lo que hoy es».
El texto culmina con un llamado concreto a cada ciudadano: «No podemos esperar a que las cosas cambien por sí solas. Por eso hay que comenzar con lo que ahora podemos hacer: no mentir, no aplaudir lo que nos encadena, no dejar solo al que alza la voz, no abandonar al que junto a nosotros sufre».
La columna 178 llega tras una semana intensa de publicaciones del sacerdote. El 1 de octubre declaró que la esperanza de cambio en Cuba «ha decaído muchísimo» al no cumplirse las expectativas generadas a comienzos de año. Al día siguiente publicó la entrega 177, «La bendición de la persecución», en la que analizó la condena de Anna Bensi y su madre —dos años de limitación de libertad por grabar a un agente del MININT— y sostuvo que la represión produjo el efecto contrario: más unidad interconfesional, solidaridad pública y pérdida del miedo.
El activismo verbal de Reyes le ha costado presiones crecientes del régimen. En enero, la Seguridad del Estado lo citó junto al sacerdote Castor José Álvarez Devesa y le impuso un «acta de advertencia» por sus críticas públicas, episodio que calificó de intimidación. En los meses siguientes denunció vigilancia y amenazas veladas, y en julio las autoridades le impidieron viajar a Miami. En agosto dirigió un mensaje directo a militares y agentes del régimen: «a un pueblo no se le puede encadenar para siempre».
Pese a todo, el sacerdote mantiene e intensifica su actividad. La entrega 178 cierra con la frase que resume su pensamiento sobre el cambio posible: «Un pueblo comienza a recuperar su libertad cuando comprende que ninguna ideología, gobierno o poder está por encima de sus derechos, y deja de tener miedo a decir en alta voz lo que todos susurran en silencio».
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