«Cuando te haces un diseño de Pinterest de mujer rica, pero te das cuenta de que vives en Cuba»

Manos de mujer cubana que debe cocinar con carbón © Facebook / Ela Nail
Manos de mujer cubana que debe cocinar con carbón Foto © Facebook / Ela Nail

Una manicurista cubana que publica bajo el nombre Ela Nail se convirtió este viernes en el espejo involuntario de miles de mujeres en la isla al compartir en Facebook dos imágenes que resumen la paradoja cotidiana de vivir en Cuba: uñas largas de forma almendrada con acabado cuidadoso, completamente ennegrecidas por el hollín del carbón que usó para cocinar.

El titular que acompañó las fotos lo dijo todo: «Cuando te haces un diseño de Pinterest de mujer rica, pero te das cuenta [de] que vives en Cuba». La publicación desató una avalancha de comentarios de cubanas que no solo se rieron, sino que se reconocieron en esas manos sucias con manicura intacta.

Captura de Facebook / Ela Nail

«Manos cogiendo carbón para cocinar, así andamos muchas», escribió una seguidora. Otra admitió que pinta sus uñas de negro por razones muy prácticas: «Me ahorro el trabajo, qué va, no se puede con esto». Una tercera lamentó un daño más permanente: «Ya las mías ni crecen y todo por carbón».

Pese a todo, el tono dominante fue de resistencia con humor: «Con carbón pero con las uñas ready, me identifico», apuntó otra usuaria, mientras alguien más cerró con una declaración que condensó el espíritu del hilo: «No me va a tragar la pobreza, porque entre ser y no ser, yo soy».

La escena no es anecdótica. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025 del Food Monitor Program, realizada entre mayo y julio de 2025 y cuyos resultados se publicaron en mayo de 2026, el 35 % de los encuestados recurrió a la leña o el carbón para cocinar ante la falta de electricidad y gas. El estudio también reveló que el 80,4 % de los participantes había sufrido dificultades para preparar sus alimentos debido a los apagones. Esas cifras, desde entonces, no han hecho más que empeorar.

El carbón, además, se ha vuelto un lujo relativo. Un saco que podía costar entre 900 y 1,400 pesos a finales de 2024 llegó a entre 3,200 y 5,000 pesos en distintas provincias en junio de 2026, frente a un salario estatal promedio de al rededor de 7,000 pesos mensuales en ese momento. La situación se agravó desde enero de este año, cuando CUPET suspendió indefinidamente la distribución de gas licuado en Santiago de Cuba y otras provincias orientales.

Hacerse las uñas tampoco es gratuito en ese contexto. Aunque en 2025 una manicura básica podía costar desde 500 pesos cubanos y las uñas acrílicas o de polygel partían de unos 950 pesos, los precios documentados en negocios durante 2026 muestran tarifas considerablemente superiores: desde 1.000 pesos por una manicura tradicional hasta 5.000 pesos por extensiones acrílicas extralargas en determinados establecimientos, con servicios más elaborados que pueden alcanzar los 6.000 pesos o más.

Para muchas cubanas, ese gasto no es vanidad: es una forma de dignidad frente a la precariedad. «Sin perder el glamour, eso nunca», resumió una comentarista. «No importa, tenemos [que] lucir siempre regias», añadió otra.

El post de Ela Nail no es un caso aislado. Una publicación de la página «Revolico Amancio» mostró dos manos cubiertas de hollín con anillos metálicos en una imagen casi idéntica. el texto que acompañaba la foto era elocuente: «¿Qué mujer cubana no se siente identificada con esta imagen? 

El humorista Mario Sardiñas, conocido como Chequera, describió su barrio Arroyo Arenas como «una tribu», por cocinar con leña sin electricidad ni internet. Y la pinera Idaneris Aguirre publicó el viernes un testimonio desgarrador: «Nunca imaginé que el futuro me encontraría cocinando con carbón, como en un siglo que no me tocó vivir».

El trasfondo que alimenta estas historias es brutal: el IX Informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos estimó en agosto de 2026 que el 94% de los cubanos vive en pobreza extrema, y la Cepal proyecta una contracción del PIB cubano de 10,3% en 2026, la peor de América Latina.

En ese escenario, incluso la Casa del Forestal en Villa Clara llegó a vender bolsitas de pino tea a 250 pesos para encender el carbón, descritas como «muy solicitadas».

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