Así funciona el Acueducto de Albear, una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana

Esta noticia es de hace 2 años

A 125 años de su creación, se podría decir que el Acueducto de Albear funciona como el primer día. Pese a la notable crisis de abastecimiento de agua en Cuba, entre condiciones de sequía y una precaria infraestructura hidráulica, esta obra se ha mantenido en constante actividad y casi intacta al implacable paso del tiempo.

Conocida como una de las Siete Maravillas de la Ingeniería Civil Cubana, el Acueducto de Albear fue diseñado a mediados del siglo XIX para socorrer la frágil red hidráulica con la que contaba La Habana en esa época, sostenida solamente por la Zanja Real y el acueducto de Fernando VII.

Aunque no se imaginaba que, al día de hoy, los habaneros continuarían cargando cubos y esperando por la llegada de las pipas, el ingeniero Francisco de Albear y Fernández de Lara buscaba abastecer a toda la urbe con las aguas de los manantiales de Vento, partiendo de la caída natural ejercida por la gravedad.

De esta forma, el acueducto transporta el preciado líquido en la actualidad hasta el depósito de Palatino, recorriendo una distancia total de unos 11 kilómetros sin consumir ninguna energía en el bombeo. La única energía empleada se centra en el proceso potabilizador, en las plantas de cloro del Instituto de Recursos Hidráulicos.

A lo largo de su historia, el Acueducto de Albear ha sido reparado una sola vez, sin consecuencias significativas para el abastecimiento de agua que depende de sus vertientes. 

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