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El periodista independiente cubano José Luis Tan Estrada emitió una dura crítica contra Laura María Gil González, hija del exministro de Economía de Cuba, Alejandro Gil, luego de que la joven pidiera transparencia y un juicio público para su padre, acusado de espionaje, malversación, cohecho, lavado de activos y otros delitos.
Aunque Tan Estrada reconoce que defender a su padre es un derecho legítimo de Laura, no oculta su rechazo al tono ni al contenido de su pronunciamiento, que considera desvinculado del sufrimiento histórico del pueblo cubano.
“No puedo sentir empatía por la hija de Alejandro Gil, y mucho menos por él. Es comprensible que salga en defensa de su padre. Es su derecho. Sin embargo, en sus declaraciones no señala a los verdaderos responsables, que van más allá de su padre: el sistema al que él perteneció”, escribió el periodista al inicio de una publicación en Facebook.
El comunicador recordó que el exministro de Economía no fue una víctima del sistema, sino uno de sus ejecutores más comprometidos, que durante años impuso políticas empobrecedoras, mientras ocupaba una posición de poder y privilegio:
“Alejandro Gil fue una pieza clave dentro de la maquinaria que impuso medidas económicas que empobrecieron a millones, mientras él y otros altos funcionarios disfrutaban de privilegios y prebendas”, apuntó.
“Formó parte de un modelo que castigó el disenso, manipuló la información y silenció a quienes se atrevían a cuestionar el orden establecido”, añadió.
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Por eso, Tan Estrada considera que la apelación de Laura Gil a los principios de transparencia y debido proceso resulta no solo insuficiente, sino también moralmente incoherente.
“Hoy, su hija apela a la comprensión de ese mismo pueblo que su padre ayudó a oprimir. Habla de transparencia, de debido proceso y de respeto, pero en su declaración... no hay una sola palabra de empatía hacia los cubanos que han sido condenados, difamados o desaparecidos por exigir exactamente lo mismo”, aseveró.
El periodista denuncia que en el pronunciamiento de la hija del exministro no hay autocrítica, ni conciencia del privilegio vivido, ni una toma de distancia real respecto al sistema que la benefició.
“Solo la sorpresa de quien por primera vez experimenta la arbitrariedad de un aparato que antes defendió”, apunta.
“Tampoco pensó entonces en ese pueblo al que hoy acude, cuando disfrutaba de todas las prebendas derivadas del poder de su padre, mientras la mayoría sobrevivía entre la escasez y el hambre”, dijo además.
La crítica de Tan Estrada se amplía a una observación más general sobre los sectores cercanos al poder que ahora enfrentan la represión de un régimen al que antes respaldaban:
“Quienes callaron cuando el poder arremetía contra otros, hoy reclaman la libertad y la transparencia que antes negaron”.
Y concluye con una reflexión que resume su posición: “Tal vez ahora comprendan -desde la experiencia propia- lo que significa vivir bajo un régimen que no respeta ni a sus más fieles servidores”.
Reacciones paralelas y el trasfondo del caso Alejandro Gil
Las declaraciones de Laura María Gil sobre el caso no pasaron inadvertidas.
Su reclamo -emitido a través de tres publicaciones en redes sociales- exigía un juicio “a puertas abiertas”, invocaba artículos constitucionales sobre libertad de expresión y pedía claridad sobre los países y hechos implicados en la acusación contra su padre.
Uno de los primeros en reaccionar fue el actor y dramaturgo cubano Yunior García Aguilera, quien interpretó el mensaje como un gesto “desesperado y valiente”, aunque formulado en un código cifrado propio de quienes viven bajo regímenes autoritarios.
En una postura muy diferente a la esgrimida por el periodista José Luis Tan Estrda, Yunior García analizó el discurso de Laura María Gil como un ejemplo del llamado “lenguaje de la obediencia fingida”; una forma de expresión que, sin confrontar directamente al poder, deja entrever un mensaje de disenso dirigido al pueblo.
Un escenario cargado de tensiones
El caso de Alejandro Gil estalla en un momento de alta sensibilidad política.
Las autoridades lo acusan de múltiples delitos económicos y, según anticipó su propia hermana, María Victoria Gil, se contempla incluso una petición fiscal de cadena perpetua.
María Victoria Gil, también fue tajante: “Si ha traicionado sus principios, merece todo el peso de la ley”.
Mientras tanto, desde las redes afines al Partido Comunista se ha promovido la etiqueta #CeroImpunidad, marcando distancia con cualquier atisbo de clemencia hacia exfuncionarios caídos en desgracia.
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