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Chile votó este domingo y confirmó lo que las encuestas ya anticipaban: habrá segunda vuelta presidencial el próximo 14 de diciembre entre la candidata oficialista Jeannette Jara, del Partido Comunista, y el líder de la ultraderecha José Antonio Kast, fundador del Partido Republicano.
Con el 98,4 % de las mesas escrutadas, Jara obtenía un 26,8 % de los votos, frente al 23,9 % de Kast, una diferencia mínima que deja abierta una de las contiendas más polarizadas de los últimos años.
La exministra de Trabajo del presidente Gabriel Boric se impuso en las regiones centrales —Coquimbo, Valparaíso y la Metropolitana de Santiago—, mientras Kast arrasó en el sur del país, en zonas como La Araucanía, Los Lagos y Biobío.
En el norte, el economista populista Franco Parisi, del Partido de la Gente, dio la sorpresa al alcanzar un 19,6 %, convirtiéndose en el gran árbitro del balotaje.
Dos modelos de país en pugna
Los resultados confirman que Chile deberá escoger entre dos proyectos antagónicos: De un lado, una candidata comunista que defiende un Estado fuerte, mayor gasto social y una “democracia inclusiva”; del otro, un político ultraconservador que promete “orden, seguridad y menos Estado”, y que ha sido comparado con líderes como Donald Trump o Javier Milei.
“El 14 de diciembre será un plebiscito entre dos modelos de sociedad”, declaró Kast ante sus seguidores, flanqueado por las excandidatas Evelyn Matthei (derecha tradicional) y Johannes Kaiser (libertario), quienes ya anunciaron su respaldo al republicano. “Pudimos tener diferencias, pero lo que necesitamos ahora es evitar la continuidad de un mal gobierno”, afirmó entre aplausos.
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La alianza de Kast con los otros candidatos de derecha, que en conjunto superaron el 50 % del voto, deja al bloque conservador con una base sólida para disputar la segunda vuelta.
En contraste, la izquierda llega fragmentada, con Jara intentando atraer a los votantes de centro y a los jóvenes desencantados con el gobierno de Boric.
Jara agradece, pero reconoce el desafío
Desde su comando en Santiago, Jara celebró el paso a la segunda vuelta con un tono sobrio.
“La democracia hay que cuidarla y valorarla. Nos costó mucho recuperarla para que hoy se ponga en riesgo”, advirtió, en alusión al ascenso de la ultraderecha.
Aunque sus seguidores celebraron la victoria, el resultado estuvo por debajo de las expectativas: las encuestas le daban más del 30 %, pero la candidata quedó corta y con el techo de apoyo muy cerca de su piso electoral.
La derecha, unida y con viento a favor
Kast, de 59 años, vive su tercera oportunidad para llegar a La Moneda tras perder en 2021 frente a Boric. Esta vez, sin embargo, el escenario parece distinto.
Las principales preocupaciones del electorado —delincuencia, migración y economía— juegan a su favor.
Durante la campaña evitó referirse a sus posiciones más radicales —como su defensa del dictador Augusto Pinochet o su oposición al aborto y al matrimonio igualitario—, concentrándose en temas de orden público.
“Chile despertó de verdad”, proclamó anoche, en alusión al lema del estallido social de 2019. “Millones de chilenos han decidido abrazar un proyecto de esperanza frente al caos y la mediocridad de este gobierno”.
Los analistas advierten que, si Kast gana, sería la primera vez desde el retorno a la democracia que un partidario del pinochetismo gobierna Chile.
Camino al 14 de diciembre
En la recta final, Jara buscará alianzas con el centroizquierda y los votantes de Franco Parisi, cuya base joven y digital podría inclinar la balanza.
El populista, que repitió su tercer lugar de 2021, evitó pronunciarse: “Conversaremos en el momento adecuado y en nuestros propios términos”, dijo, dejando abierta la negociación.
El presidente Gabriel Boric felicitó a ambos candidatos y pidió “un debate con altura de miras”, destacando la fortaleza democrática del país.
Pero el panorama es claro: Chile enfrenta una elección definitoria entre la continuidad del proyecto progresista y el avance de la ultraderecha más dura de América Latina.
El 14 de diciembre, los chilenos votarán no solo por un presidente, sino por el rumbo político e histórico del país.
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