A solo un día de las elecciones generales en Chile, la candidata presidencial de izquierdas Jeannette Jara, representante del Partido Comunista (PC) y exministra de Trabajo del gobierno de Gabriel Boric, ha vuelto a generar polémica tras justificar la situación de miseria y falta de libertades en Cuba apelando a “huracanes” y al “bloqueo” estadounidense.
Durante su participación en el programa “Candidata, llegó tu hora”, del canal TVN, Jara fue interpelada directamente por el periodista Matías del Río sobre si consideraba que Cuba era una dictadura. Su respuesta —entre titubeos y evasivas— encendió el debate político y mediático a pocas horas de los comicios.
“Mire, Matías, lo que ocurre es que en Cuba hay muchos problemas, tienen un bloqueo feroz, la gente la está pasando mal, tienen una crisis alimentaria grande… y además han habido muchos huracanes que han afectado a buena parte del sistema eléctrico. Como están bloqueados, no tienen empresas para restablecer el suministro”, señaló Jara.
Eludiendo contestar acerca de si en Cuba había una dictadura, la candidata de izquierdas expresó su dese de que “Cuba resuelva sus problemas de democracia” y calificó de “evidente” el hecho de que en la isla no “hay pluripartidismo ni muchos medios de comunicación como acá”.
Una tormenta política antes de votar
Las declaraciones de Jara se producen apenas semanas después de que reconociera por primera vez, en otra entrevista televisiva, que “claramente Cuba no es una democracia”, un giro que ya había provocado sorpresa incluso dentro de su propio partido.
El senador socialista Juan Luis Castro calificó entonces su cambio de tono como una “descomunización”, al señalar que “en Chile todos entendemos que en Cuba no hay democracia”.
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La nueva intervención, sin embargo, parece retroceder hacia la narrativa tradicional del Partido Comunista chileno, que ha mantenido históricamente vínculos con La Habana y ha evitado llamar dictadura al régimen de los Castro y de Miguel Díaz-Canel.
Diferencias con Boric y la izquierda progresista
Aunque Jara fue ministra de Boric, ambos no pertenecen al mismo partido. Boric lidera el 'Frente Amplio', de orientación progresista y socialdemócrata, mientras Jara proviene del ala comunista de la coalición 'Apruebo Dignidad'.
Sus posturas sobre las dictaduras latinoamericanas evidencian un contraste profundo: Boric ha calificado abiertamente los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua como violadores de derechos humanos, afirmando que “no se puede ser de izquierda y guardar silencio ante la represión”.
Jara, en cambio, ha evitado llamar “dictadura” a esos gobiernos, escudándose en la autodeterminación y en factores externos como las sanciones y el clima. Este contraste ha reavivado el debate sobre la coherencia moral de la izquierda chilena y su relación con los regímenes autoritarios del continente.
Elecciones con sombra ideológica
Chile acude este domingo 16 de noviembre a las urnas para elegir presidente, diputados y parte del Senado.
Jara compite en un escenario altamente polarizado, con el derechista José Antonio Kast liderando levemente las encuestas y los analistas anticipando una posible segunda vuelta en diciembre.
El giro discursivo de la candidata comunista —ahora suavizado por sus declaraciones sobre los “huracanes”— es visto como un intento de no alienar al votante moderado, aunque a costa de su credibilidad.
Mientras sectores de izquierda radical la acusan de “ceder al discurso burgués”, otros critican su ambigüedad y falta de autocrítica frente a regímenes que persiguen y encarcelan opositores.
Cuba como espejo de contradicciones
El caso Jara ilustra cómo el tema cubano sigue siendo una herida abierta en la izquierda latinoamericana.
Mientras algunos sectores aún justifican al régimen con argumentos del “bloqueo”, otros reconocen que en la isla no hay libertad de prensa, pluripartidismo ni elecciones auténticas.
A menos de 24 horas de la votación, las palabras de la candidata comunista han puesto a Cuba —y su modelo de control político— en el foco de una campaña donde la defensa de la democracia se ha convertido en la línea divisoria de la izquierda chilena.
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