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La reciente y encarnizada campaña del régimen cubano contra el medio independiente elTOQUE tiene una causa evidente: su publicación diaria de la Tasa Representativa del Mercado Informal (TRMi), un indicador que se ha convertido en la referencia más consultada por los cubanos para conocer el valor real del peso frente al dólar, el euro y el MLC.
Lo que comenzó como un servicio informativo se ha transformado en un acto de resistencia civil: la TRMi revela, sin consignas ni discursos, la verdadera magnitud del colapso económico nacional.
Desde principios de noviembre de 2025, los medios oficiales y portavoces del Partido Comunista —entre ellos el vocero televisivo Humberto López— han intensificado una ofensiva mediática contra el medio, al que acusan de “terrorismo económico”, “mercenarismo” y “tráfico de divisas”.
Sin embargo, el blanco real no son las cifras que publica elTOQUE, sino lo que esas cifras exponen: la ruina del peso cubano, la pérdida total del poder adquisitivo de los salarios estatales y la creciente exclusión social que provoca la “dolarización parcial” impuesta por el propio régimen.
Una radiografía de la pobreza
Un reciente estudio del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) revela cifras alarmantes: el 89 % de los hogares cubanos vive en situación de pobreza extrema.
Según las encuestas realizadas por la ONG, siete de cada diez personas han tenido que dejar de desayunar, almorzar o cenar en algún momento debido a la falta de dinero o la escasez de alimentos, entre otros datos alarmantes.
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Esa realidad desmiente, con crudeza, los discursos oficiales sobre “resistencia heroica” o “igualdad socialista”. En la práctica, el país se ha convertido en un mercado fragmentado, donde sólo quienes tienen acceso a dólares o remesas pueden comprar lo esencial.
Dolarización parcial: Una política de exclusión disfrazada
Según análisis recientes del economista Pedro Monreal, la estrategia oficial no es un accidente: la “dolarización parcial” forma parte de las reformas económicas del régimen, cuyo objetivo real es recaudar divisas y transferir la carga del colapso al bolsillo ciudadano.
Monreal ha advertido que cada vez que las autoridades anuncian un nuevo “régimen cambiario” o expansión de ventas en MLC, lo que en realidad hacen es profundizar las distorsiones: elevan aún más la desigualdad, excluyen a quienes no tienen acceso a divisas y refuerzan el mercado informal como única vía de supervivencia.
Imagina una familia cuyo ingreso proviene exclusivamente de salarios en pesos. Esa familia no puede comprar alimentos básicos, medicinas ni productos de higiene vendidos en tiendas en MLC.
No puede ahorrar, no puede planificar. Su único recurso es el mercado negro, trueques, remesas, o resignación. La TRMi de elTOQUE —al reflejar el valor real del dólar— les da un marco de referencia para sobrevivir. Pero también revela que esa supervivencia depende del acceso a divisas: una suerte de división social en dos Cubas.
Mientras tanto, quienes tienen acceso a remesas, negocios, exilio, o integran la clase de los privilegiados del régimen y sus redes clientelares, viven en una Cuba distinta: dolarizada, con acceso a tiendas, bienes y servicios que para la mayoría son inalcanzables.
Esa segmentación social es parte de la nueva configuración económica: un capitalismo de Estado militarizado, con privatización encubierta de la sobrevivencia y un mercado de divisas dominado por las “élites” de un poder totalitario de corte comunista.
Por qué la TRMi es una amenaza real para el régimen
Para un Estado acostumbrado a controlar la narrativa, la TRMi representa un desafío doble: económico y político. Económico, porque desnuda el fracaso de la política económica y monetaria del régimen, y revela la necesidad real de divisas. Político, porque desacredita la narrativa de “no dejar a nadie atrás”, y documenta la brecha, la miseria y la injusticia.
Cada vez que elTOQUE publica su tasa, deja al descubierto el fracaso de los sucesivos “ordenamientos” y “correcciones de distorsiones”, así como la mentira de los aumentos salariales, las promesas de estabilización y mejora de la situación. Revela que no se trata de ajustes temporales, sino de un colapso estructural del modelo económico de la llamada “continuidad” del gobierno de Miguel Díaz-Canel.
Por eso el régimen no ataca simplemente al medio, sino a la información que provee. Al criminalizar la publicación de la TRMi, al acusar de “mercenarismo” y “terrorismo económico”, al amenazar con causas penales, extradiciones y cárcel, lo que busca es borrar no solo un dato, sino una evidencia incómoda del desastre nacional.
La ofensiva represiva ya no es solo simbólica
Desde 2024, colaboradores y excolaboradores de elTOQUE han denunciado interrogatorios, presión psicológica, amenazas y manipulación de declaraciones.
En fechas recientes, la televisión estatal difundió un montaje mediático presentando a su director como responsable de “evasión fiscal” y “tráfico de divisas” —acusaciones que no resisten un análisis serio.
También se recurrió al doxxing: se expusieron domicilios, datos personales y nombres de periodistas y colaboradores; incluso se incluyeron en listas públicas supuestamente “investigados”, con advertencias de extradición o cárcel si regresaban a Cuba.
Todo esto tiene un objetivo claro: generar miedo, paralizar la disidencia, aislar al periodismo libre y eliminar cualquier herramienta de reflexión independiente. Pero sobre todo, apagar la voz que denuncia con datos la crisis, la desigualdad y la exclusión.
La TRMi como espacio de resistencia y dignidad
A pesar del hostigamiento, la TRMi de elTOQUE sigue siendo consultada cada día por miles de cubanos dentro y fuera de la isla.
Para muchos, se ha convertido en una herramienta esencial: les permite calcular precios reales, decidir cuándo enviar remesas a familiares, planificar compras, o simplemente entender el valor real de su salario.
Pero más que un indicador económico, la TRMi es un acto de dignidad: un modo de nombrar la crisis, de hacer visible la injusticia, de exponer el autoritarismo y la falta de rendición de cuentas de quienes gobiernan sin diálogo social, sin transparencia, sin mecanismos democráticos, sino a golpe de propaganda, represión e imposiciones.
Y en un país donde el Estado controla todo, desde la comida hasta el internet, donde la moneda nacional es prácticamente inútil, donde los servicios básicos fallan y la supervivencia depende de acceder a divisas, publicar la TRMi es un acto desafiante y revelador.
Una elección entre la verdad y la censura
El agravamiento de la crisis, la expansión de la “dolarización parcial” y el empobrecimiento masivo no son eventos aislados, sino producto de una política sistemática.
Como ha señalado Monreal, se trata de una crisis estructural: un modelo económico moribundo, sostenido por el militarismo y la corrupción, que descarga el costo sobre el pueblo.
Y en ese contexto, atacar la TRMi no es mera censura: es borrar la evidencia del desastre, es intentar convencer a los cubanos de que su pobreza no existe, de que la dolarización no excluye —sino que “dinamiza” la economía y procura una captación de divisas necesaria para las políticas sociales y otros mecanismos de redistribución de la pobreza.
Pero la realidad no se oculta con amenazas y propaganda. La TRMi existe, circula, se consulta. Y mientras haya cubanos que quieran saber cuánto vale su salario, o qué pueden comprar con sus pocos pesos, la dictadura no podrá acallar la verdad: porque esos números no se los inventó ningún medio anticubano — se los dictó la calle.
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