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El miedo contrarrevolucionario

Este artículo es de hace 3 años

El gobierno cubano padece de tanto miedo que –en una misma semana- emite dos mensajes contradictorios, reveladores del forcejeo que libran solapadamente los partidarios de hacer lo mínimo de aquí a febrero de 2018 y aquellos que apuestan por acelerar la reforma vietnamita.

Un miembro del Buro Político y dirigente del único sindicato legal en la isla ha avisado hace un par de días que los salarios producen “apatía” en los trabajadores .Un día más tarde, el periódico Granma reflejaba el anuncio de la Gaceta Oficial de la República de la congelación de forma definitiva, en unos casos, y provisional en otros, del trabajo privado.

El tardocastrismo sabe que el dinero es muy miedoso y huye a otros mercados en cuanto huele esquizofrenia política. Los inversores quieren reglas claras, estabilidad. Y si alguna duda tiene el Buró Político que pida información al consulado en Barcelona de lo que está ocurriendo ahora mismo en Cataluña.

El dinero es muy miedoso y huye a otros mercados en cuanto huele esquizofrenia política

Fidel Castro, en un alarde de sinceridad, ya enfermo y recluido en Punto Cero, dijo aquello de que el sistema no funcionaba y recomendaba a los bolivarianos que no copiaran la receta cubana. Parece que pocos escucharon su lamento-súplica porque La Habana sigue apostando por la pobreza, pese a tener resuelto el diferendo con USA, que fue muy rentable políticamente, y con el inconveniente del agotamiento venezolano como suministrador estable de petróleo a precios ventajosos.

La economía cubana sigue estancada por el miedo que anida en el Palacio de la Revolución a que la reforma precipite los cambios políticos inevitables y –en ese miedo- ha encontrado aliados paradójicos como la casta burocrática que ha sangrado a los ciudadanos y a algunos cuadros nacidos en los albores y después de la revolución de 1959, asustados con la posibilidad de haber dado la cara en el peor momento y no tener donde amarrar la chiva en la pradera competitiva y feroz que está prefigurando el tardocastrismo.

El viejo truco de que Fidel siempre tenía un as en la manga de la charretera verde oliva, dio paso a la reorganización acometida por el raulato; pero los frutos siguen sin llegar porque no puede salvarse a un enfermo terminal con PPG y la isla exige cambios estructurales que pongan el capital humano al servicio de la nación y que se apueste por la creación de riqueza, empleo y bienestar, sin complejos políticos ni discursos ridículos.

La isla exige cambios estructurales que pongan el capital humano al servicio de la nación y que se apueste por la creación de riqueza, empleo y bienestar, sin complejos políticos ni discursos ridículos

Las democracias tienen mecanismos efectivos para redistribuir la riqueza y evitar la indeseable brecha entre ricos y pobres que –entre otros males- ha provocado experimentos siniestros como el chavismo, el último gran aliado del Comandante en Jefe en su empeño en mantener pobres a los cubanos.

Cuba necesita inversiones cuantiosas en todos los sectores de la economía y ese dinero no llegará, si no se despejan las dudas que ahora mismo suscita la política de timbiriches con dinero del exilio y de extranjeros enamorados de cubanas o cubanos.

La emergente casta económica –en coherencia con esa mentalidad de nuevo timbirichero- se siente diferente al resto de los cubanos, a los que discrimina siempre que puede y ya asume que se salvó, aunque su cuenta de resultados siga sin crecer exponencialmente porque el mercado nacional –su fuente natural- siga empobrecido.

China, un aliado circunstancial del tardocastrismo al que ha atiborrado de chatarra con brillo, ha producido unos 60 millones de millonarios que prefieren otras playas menos revolucionarias para pasear con sus familias, como ocurre con la oligarquía postsoviética.

El níquel sigue en stand by, la agricultura y ganadería están sumidas en la desmemoria, la biotecnología continúa a la espera de inyección de capital, los Habanos están en vilo por la campaña mundial contra el tabaquismo y los putos y putas están tristes, aunque esperanzados, con la vuelta de una flota de Indias, que pare en Carenas a la ida y a la vuelta.

El exilio –mayoritariamente de trabajadores con hijos, nietos e hipotecas- bastante tiene con socorrer a sus familias y tirar un cabo puntual a los amigos, mientras aguarda la jubilación y la muerte porque cualquier esperanza de haber regresado a una Cuba diferente, que se aprovechara de sus rentas en moneda dura y saldara su deuda por expulsarlos, se ha ido desvaneciendo con la melancolía de Marino Murillo y el realismo que impone el haber vivido lejos del rubí, las cinco franjas y una estrella.

Ya puede la Gaceta Oficial anunciar mañana dos pasitos pa'lante, María, tres pasitos pa'trás; que el dinero seguirá sin fluir y la mayoría de los cubanos seguirá siendo pobre, ¿apática?, instruida y deseosa de que le entre el agua al coco; pero el General de Ejército tiene la llave y, de solo mirarla, siente escalofríos, aunque sepa que el agua de coco es buena para los riñones, incluso en Saoco.

Pero tampoco hay que descorazonarse porque el agua siga sin entrar al coco. Machado Ventura, un experto en anunciar y producir desventuras, nos ha tranquilizado a todos, asegurando que el rumbo de la revolución está trazado, en un símil que evocó –sin querer- al capitán del Titanic, aquel sordo a los avisos de icebergs en ruta.

Lástima que Trump no se ponga más belicoso para montar a Elpidio Valdés en Palmiche y pasearlo desde Jimaguayú hasta Baraguá, al compás de Silvio Rodríguez, ese millonario astuto y valeroso que ha desafiado a Mariano Rajoy para que deje votar a los cubanos, perdón, a los catalanes.

Este artículo es de hace 3 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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