Una calle de La Habana en pleno día. | Foto © Cibercuba
Una calle de La Habana en pleno día. | Foto © Cibercuba

¿Cómo sentirá el pueblo cubano los efectos de la ley Helms-Burton?


América Latina Cuba

Publicado el Viernes, 5 Abril, 2019 - 16:25 (GMT-5)


Si el referendo constitucional se celebrara este domingo entrante en lugar de aquel domingo 24 de febrero, el Sí se habría agenciado quizás la mitad de los votos que obtuvo el libertario No en ese entonces, hace poco más de un mes.

¿Desde entonces tan buena se ha puesto la cosa en Cuba? Al revés. Y se pondrá peor. Pero hace mes y medio no se estaba a punto de revivir el arma letal que representa el Título III de la Ley-Helms Burton, tan razonable en términos de derecho internacional como útil para los empeños manipuladores de la dictadura familiar castrista.

“Maná caído del cielo”, habría dicho el célebre abogado Johnny Cochrane. Nada como una nueva amenaza imperial desenterrada en el horizonte para sacar a pasear en La Habana el viejo cadáver de la fortaleza sitiada. Y lo que es peor: que los cubanos saluden y respalden a ese cadáver.

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¿Qué es lo que está a punto de ocurrir? A menos que todos los pronósticos fallen, y, cosa menos probable aún, a menos que la Administración Trump quiera jugar con el fuego de perder el respaldo de un sector importante del lobby cubanoamericano en Washington, es cuestión de días para que entre en vigor el complejo Título III de la Helms-Burton, de lejos el acápite más peliagudo de la ley.

No por gusto burocrático las administraciones estadounidenses llevan 23 años jugando a los indios que fabrican humo. Han ido prorrogando ese título sucesivamente cada seis meses para evitar que entre en vigor. Hasta ahora, que Trump pateó el tablero diplomático y redujo a 45 días, luego 30, y ahora dos semanas la entrada en vigor del acápite. Una cuenta regresiva tan sorprendente como peligrosa: sus consecuencias podrían terminar dibujando un nuevo mapa geopolítico. La Teoría del Caos no arroja un panorama muy alentador sobre el desequilibrio repentino de fuerzas que jugaban un rol estable en el tablero político.

La principal consecuencia, de manera inmediata, será que el mismo día que entre en vigor el Título III las 5,913 reclamaciones certificadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos dejarán de estar congeladas y muchas de ellas podrán entrar en litigio con decenas de compañías europeas y canadienses.

Se trata de las demandas radicadas por los afectados de expropiaciones a compañías estadounidenses en Cuba. Que nadie se olvide de que ellos existen. Y que el derecho internacional, por suerte, les sigue amparando.

Según el recuento publicado por el periodista Wilfredo Cancio en CiberCuba, se trata de $9 mil millones de dólares en juego, contando con valores de mercado de hace sesenta años, más el interés agregado del 6% anual hasta hoy.

Más interesante aún: se estiman en otras 200 mil las reclamaciones que podrían surgir ahora por parte de cubanos naturalizados estadounidenses a posteriori. El techo de $50 mil dólares como mínimo en pérdidas que establece la Helms-Burton para validar cada demanda no será demasiado impedimento: el castrismo saqueó en grande. La barrera es muy saltable.

El quebradero de cabeza para la Administración Trump no es Cuba, ni los lloriqueos infantiles de Miguel Díaz-Canel, que ha desempolvado el manual de términos revolucionarios para calificar de genocida a la ley. El problema no es el viejo enemigo comunista. Son los amigos. Los aliados sí son un grave problema para los Estados Unidos de hoy.

Porque tanto Europa como Canadá llevan estas dos décadas impidiendo a fuerza de negociaciones que entre en vigor un título que abrirá a destajo las costillas de muchas de sus grandes compañías. Las demandas no van a afectar en nada al pueblo cubano (al menos de forma directa) sino a quienes hayan hecho negocios en todos estos años con el régimen cubano, y donde algunas propiedades confiscadas hayan jugado un rol de lucro.

A estas alturas Meliá e Iberostar miran con recelo y amenaza a los representantes españoles: serán de los primeros en caer bajo estas demandas. Han ganado millones a costa de terrenos y propiedades expropiadas en Cuba. Lo mismo Nesté. El listado es enorme.

¿Pero en qué afectará verdaderamente este escenario al cubano que no tenía ayer pan, y hoy no tiene gas licuado? De manera inmediata, en el recrudecimiento del único bloqueo brutal que padece. El interior. El doméstico.

El Díaz-Canelismo venderá todo el humo que pueda con el viejo cuento del “viene el lobo”. La propaganda cubana saca su jugo con la cantinela de que la intención es quitarles a los cubanos sus casas y sus escuelas. Y saben que da resultado inmediato. Pocas cosas inflaman más un patriotismo cataléptico, sepultado por carencias y sueños incumplidos, que la amenaza de que un yankee irá a quitarles lo poco que tienen.

Porque vamos, faltaba más: si con algo sueñan los millonarios nietos de antiguos empresarios afectados por la barbarie barbuda, es con recuperar un solar de Centro Habana que antes fuera mansión de su estirpe. Faltaba más.

Pero la maquinaria cubana sabe que bajo el pretexto agresor puede apretar más clavijas con una excusa perfecta. Llevan sesenta años con ese guión. Lo ejecutan de memoria.

A mediano plazo, volverá a ser el arruinado pueblo cubano el que pague muy cara la manutención indefinida de un gobierno violador de derechos, un gobierno rufián. Si las compañías que invierten en la Zona de Desarrollo del Mariel, o las hoteleras, comienzan a retirar sus proyectos, o si -según pronostican los expertos- la aplicación del Título III de la Helms-Burton termina por ser un elemento muy disuasorio para la llegada al país de futuros capitales foráneos, la factura será pasada una vez más a los de abajo.

Los nietos de apellido Castro no se enterarán de los recortes. Que paguen los de siempre: los que marchan con banderitas y gritan “Viva el Primero de Mayo”.

Se avecinan tiempos duros para un país acostumbrado a que el futuro parezca siempre más gris que cualquier pasado cercano o remoto.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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Ernesto Morales

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