El negocio que se hunde: las hoteleras españolas atrapadas en el colapso de Cuba



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Hotel Iberostar Selection (Torre K) se alza sobre una ciudad en ruinas © CiberCuba
Hotel Iberostar Selection (Torre K) se alza sobre una ciudad en ruinas Foto © CiberCuba

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Cuba amaneció el 10 de febrero de 2026 con sus nueve aeropuertos internacionales cerrados al repostaje. Un aviso NOTAM (A0356/26), confirmado por la propia FAA estadounidense, certificó lo que el régimen había tardado semanas en admitir: no queda una gota de combustible Jet A-1 en la isla. No en un aeropuerto. En ninguno. La alerta se extiende, al menos, hasta el 11 de marzo.

Es la imagen más cruda de una crisis que lleva años gestándose pero que en las últimas semanas ha alcanzado una velocidad terminal. La combinación de la captura de Nicolás Maduro —que cortó de golpe el suministro petrolero venezolano—, el endurecimiento de las sanciones de la administración Trump y el colapso crónico del sistema eléctrico ha dejado a Cuba en una situación que ni los más pesimistas anticipaban: sin energía, sin vuelos, sin turistas y sin opciones.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó el 6 de febrero que desde diciembre el país no recibía petróleo del exterior "debido a las presiones y el asedio petrolero del gobierno de Estados Unidos". Ese mismo día, el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga apareció en la televisión estatal para anunciar un plan de "compactación" turística: cerrar hoteles, reubicar turistas y racionar los últimos recursos.

El dominó venezolano: de 90.000 barriles a cero

Para entender la magnitud del desastre hay que empezar por Venezuela. Durante más de dos décadas, el petróleo venezolano fue el oxígeno de la economía cubana. En los mejores tiempos del chavismo, Cuba recibía hasta 90.000 barriles diarios a precios subsidiados. A cambio, La Habana enviaba médicos, maestros y agentes de inteligencia.

Ese flujo ya se había reducido drásticamente antes de la captura de Maduro. En 2024, Venezuela apenas enviaba unos 35.000 barriles diarios . México la había desplazado como principal proveedor, con unos 12.284 barriles . Pero incluso esas cantidades menguantes eran vitales para mantener funcionando las termoeléctricas, los motores de generación distribuida y los aeropuertos.

La operación militar estadounidense que capturó a Maduro a principios de enero de 2026 fue el golpe definitivo. Adicionalmente en operaciones contra la "flota oscura" del chavismo Estados Unidos interceptó al menos cuatro petroleros vinculados a Venezuela. Washington, además, decretó aranceles a cualquier país que venda o proporcione crudo a la isla, clasificándola como "amenaza a la seguridad nacional" .

El experto energético Jorge Piñón, del Centro de Energía de la Universidad de Texas, lo calificó sin ambages: "Es una sentencia de muerte para el modelo económico cubano" . El economista Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana de Colombia, fue igual de directo: "Si el suministro de petróleo se detiene completamente, la economía cubana se paralizará".

Trump y Rubio: la estrategia de máxima presión

Desde el Air Force One, horas después de la captura de Maduro, Donald Trump dejó clara la estrategia: "Cuba está lista para caer. Ya no tiene ingresos. Vivían del petróleo venezolano, y eso se acabó". Semanas después, redobló la presión: "Cuba fracasará muy pronto. Deberían llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde".

El secretario de Estado Marco Rubio añadió además una dimensión ideológica al debate al advertir: “Yo estaría preocupado si fuera el régimen cubano”. En otra declaración fue aún más contundente: “La dictadura cubana tiene que elegir: tener un país real con una economía real o continuar con su dictadura fallida. La era de los subsidios terminó”.

La política de máxima presión no se limita al petróleo. En julio de 2025, Trump impuso nuevas sanciones directas contra la industria turística cubana , incluyendo la incorporación a la lista restringida del Departamento de Estado del Iberostar Selection La Habana (la polémica Torre K), el hotel de 42 plantas y 600 habitaciones que inauguró Iberostar con una inversión de 200 millones de euros del gobierno cubano.

Una isla sin vuelos: la desbandada de las aerolíneas

La consecuencia más visible del colapso petrolero es la paralización del transporte aéreo. Cuba ha perdido, en cuestión de días, a la mayoría de las aerolíneas que le conectaban con el mundo.

El mercado canadiense, que representaba el 42,5% de todos los visitantes , fue el primero en caer. Air Canada suspendió todos sus vuelos hasta mayo de 2026, dejando varados a unos 3.000 pasajeros que deben ser repatriados en 16 vuelos semanales de emergencia. Air Transat canceló operaciones hasta el 30 de abril, con más de 6.500 viajeros afectados. WestJet también suspendió servicios. En total, se estima que 10.000 canadienses quedaron atrapados en la isla.

Una turista canadiense llamada Brittney Culmone relató cómo el simple proceso de registrarse para abordar se convirtió en una odisea debido a los apagones .

Las aerolíneas estadounidenses ya habían empezado la retirada en 2025. United Airlines suspendió su única ruta regular (Houston-La Habana) en septiembre de 2025 por falta de demanda . Southwest Airlines redujo frecuencias desde Tampa. American Airlines solicitó suspender la ruta Miami-Santiago de Cuba.

Las europeas improvisan. Iberia y Air Europa mantienen frecuencias, pero desde el 10 de febrero hacen escala técnica en Santo Domingo, República Dominicana, para repostar combustible antes de continuar a La Habana . Aeroméxico es prácticamente la única aerolínea que sigue operando con normalidad . Incluso aerolíneas rusas y chinas, tradicionales aliadas del régimen, han reducido operaciones.

La "compactación": cerrar hoteles para salvar muebles

El 7 de febrero, el gobierno cubano puso en marcha lo que eufemísticamente denomina "compactación turística". En la práctica, significa cerrar hoteles con baja ocupación y trasladar a los turistas a instalaciones que concentren los pocos recursos disponibles.

"Ya están cerrando hoteles en Varadero", confirmó a la EFE una trabajadora del sector bajo condición de anonimato, "pero también en otras provincias" . Las zonas más afectadas son Varadero y los cayos del norte: Cayo Coco, Cayo Guillermo y Cayo Cruz.

El gobierno no detalló cuántos hoteles se han cerrado ni cómo se ejecuta la reubicación. Pero la información de las propias cadenas hoteleras permite esbozar el panorama:

Meliá Hotels International, con 33 hoteles en Cuba —el mayor operador extranjero de la isla—, cerró tres instalaciones. La cadena lo presentó como "una decisión operativa basada estrictamente en los niveles de ocupación" y aseguró contar con "suministros en plaza para respaldar la continuidad operativa" de los hoteles restantes . El diario Mallorca al Día fue menos diplomático: tituló que Meliá e Iberostar "hacinan turistas en Cuba ante el colapso total".

Iberostar, con 20 hoteles, cerró al menos dos: el Iberostar Origin Daiquirí y el Iberostar Origin de Playa Pilar, ambos en Cayo Guillermo. Los turistas fueron trasladados al Iberostar Selection Esmeralda en Cayo Cruz.

Otras cadenas afectadas incluyen a Blue Diamond (Canadá, 8 hoteles), Blau Hotels (3), Valentín Hotels (3) y Barceló (2).

Meliá e Iberostar: atrapadas en un callejón sin salida

Los números del desastre

Los datos financieros de Meliá en Cuba son demoledores. Un análisis del diario económico Cinco Días los calificó como los "peores de todas las geografías donde opera" :

La ocupación hotelera cayó al 39,4% en 2024 —frente a una media global del 60%— y se desplomó al 21,5% en el primer semestre de 2025 . Los ingresos por habitación disponible (RevPAR), el indicador más importante del sector, se situaron en 31,7 euros, una tercera parte de la media global de 83,8 euros . En 2024, Cuba generó pérdidas antes de impuestos por 4 millones de euros, mientras España, en la misma compañía, aportaba beneficios de 185,3 millones.

En el primer trimestre de 2025, antes de que el colapso petrolero se agravara, Meliá ya registraba una caída del 20,8% en comisiones de gestión atribuible a Cuba, equivalente a unos 5 millones de euros en pérdidas.

El 10 de febrero de 2026, día en que se hizo público el cierre de los aeropuertos al repostaje, las acciones de Meliá se desplomaron un 8,5% en una sola sesión de la bolsa de Madrid, evaporando aproximadamente 130 millones de euros en capitalización bursátil.

Iberostar, al no cotizar en bolsa, escapa del escrutinio bursátil, pero no del riesgo. Su cambio al modelo de leasing en Cuba —frente al más seguro de gestión hotelera— aumenta su exposición financiera directa .

¿Por qué no se van?

Pese al desastre, tanto Gabriel Escarrer (Meliá) como Miguel Fluxá (Iberostar) "aprovechan cualquier comparecencia pública para subrayar su compromiso con el gobierno cubano", apostando a que eventualmente se suavice el embargo y Cuba se abra. Las razones son múltiples:

Los contratos a largo plazo con el Estado cubano —a través de Gaviota, la empresa turística del conglomerado militar GAESA— tienen vigencias de 25 a 30 años. Romperlos unilateralmente implicaría indemnizaciones y la pérdida de los activos . Meliá lleva 35 años en Cuba: fue la primera cadena occidental en entrar, y la isla es un legado emocional para la familia Escarrer.

El valor inmobiliario latente también explica la resistencia. La capitalización bursátil de Meliá (unos 1.700 millones de euros) está muy por debajo del valor real de sus activos inmobiliarios (5.285 millones según CBRE), lo que incentiva a "esperar" un cambio de régimen que desbloquee el potencial de las propiedades cubanas.

Además, existe un efecto dominó tácito: si una cadena sale, las demás quedan más expuestas y el gobierno cubano podría tomar represalias. La Federación Hotelera de Mallorca ha optado por un silencio coordinado. "No tenemos información directa de las cadenas. Lo único que puedo decir es que las cadenas por ahora no han hecho declaraciones", dijo su presidente, Javier Vich, durante la Feria Internacional de Turismo de Madrid en enero.

La espada de Damocles: Helms-Burton

El riesgo legal no es hipotético. Trump activó el Título III de la Ley Helms-Burton en 2019, permitiendo demandas de familias cubanoamericanas contra empresas que operan en propiedades confiscadas. Existen unas 6.000 reclamaciones por bienes expropiados valoradas en casi 8.000 millones de euros . Meliá ya enfrentó una demanda en tribunales federales de Florida presentada por la familia Mata . Los tribunales españoles archivaron casos similares por falta de jurisdicción , pero ambas cadenas poseen hoteles en Estados Unidos —Meliá en Nueva York, Miami y Orlando; Iberostar en Nueva York y Miami— que podrían ser objeto de embargo.

Si la administración Trump decide reactivar plenamente la aplicación del Título III —Biden lo había suspendido en sus últimos días —, las hoteleras españolas se enfrentarían a una oleada de litigios en jurisdicción norteamericana.

GAESA: la empresa militar que controla el turismo y explota a los trabajadores

Para entender la dimensión moral del negocio hotelero en Cuba hay que conocer a su verdadero dueño. No es el Ministerio de Turismo. Es GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. A través de su filial Gaviota S.A., GAESA controla 121 hoteles, 20 marinas, una empresa de transporte, una agencia de viajes y una firma de logística.

Una investigación del Miami Herald basada en documentos financieros internos del grupo militar reveló que, entre enero y marzo de 2024, Gaviota alcanzó un margen neto de beneficio del 42% —casi cuatro veces el promedio mundial del sector turístico—, con ganancias equivalentes a 554 millones de dólares sobre ingresos de 1.300 millones . Las ventas de Gaviota representaron el 72% del total de GAESA.

¿Cómo se logran esos márgenes? Con salarios de miseria. Un trabajador hotelero promedio gana el equivalente a 11 dólares mensuales . El modelo funciona así: las cadenas extranjeras pagan al Estado cubano —es decir, a GAESA— la totalidad del salario en divisa. El Estado se queda con la mayor parte y entrega al trabajador una fracción en pesos cubanos devaluados . El salario medio en el sector turístico cubano fue de 5.839 pesos mensuales en 2024, unos 16 dólares al cambio informal.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), con sede en Madrid, ha alertado repetidamente a las hoteleras españolas de que este modelo viola los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) . "No participen en la explotación feudal de los trabajadores cubanos", pidió el OCDH directamente a Meliá, Iberostar, Barceló y otras cadenas . El observatorio documentó que el 55% de los cubanos reporta discriminación en el sector turístico y que el 72% señala las ideas políticas como causa principal .

Iberostar, que tiene un Código de Ética que rechaza "cualquier manifestación de acoso y abuso de autoridad", toleró interrogatorios de agentes de la Seguridad del Estado a sus propios trabajadores dentro de sus instalaciones hoteleras, según documentó Diario de Cuba. La disonancia entre los compromisos ESG que estas empresas proclaman en Europa y su práctica en Cuba es cada vez más visible.

El éxodo de mano de obra ha vaciado las plantillas. Más de 2,7 millones de cubanos han abandonado la isla desde 2020, y más del 60% de los puestos turísticos están sin cubrir. Ante la sangría, el gobierno ha planteado medidas coercitivas: obligar a los graduados en turismo a permanecer un mínimo de cinco años en el sector sin posibilidad de trasladarse o emigrar.

La "década perdida": un turismo que ya estaba muerto antes del golpe de gracia

La crisis actual no empezó con la captura de Maduro. José Luis Perelló, economista de la Universidad de La Habana y una de las voces más respetadas en el estudio del turismo cubano, lo viene diciendo desde hace años: Cuba está en plena "década perdida".

Los números no mienten. Cuba rozó los 4,7 millones de turistas en 2018, su récord histórico. En 2024 recibió apenas 2,2 millones, la peor cifra en 17 años. En 2025, la caída se aceleró hasta 1,8 millones . Los datos del primer semestre de 2025 mostraban descensos brutales en todos los mercados emisores: Canadá (-25,9%), Rusia (-43,5%), Alemania (-41,4%), España (-27,7%) .

Colapso del turismo en Cuba

Perelló señala que incluso en el mejor escenario posible —con un crecimiento interanual del 10,65%, el más alto jamás registrado durante el deshielo con Obama—, Cuba no recuperaría los niveles pre-pandemia hasta 2030 . Y ese cálculo se hizo antes de la pérdida del petróleo venezolano.

Mientras tanto, el gobierno cubano siguió construyendo hoteles. GAESA invirtió miles de millones en nuevas instalaciones de lujo —como la Torre K de 200 millones de euros— mientras el sistema eléctrico, la producción alimentaria, la salud pública y la infraestructura básica se desmoronaban.

¿Hasta cuándo aguantarán las hoteleras españolas?

Las hoteleras mallorquinas —unas 70 instalaciones con capital balear operan en Cuba— están atrapadas entre pérdidas crecientes, riesgos legales y una presión reputacional que ya no pueden ignorar. La sostenibilidad de su presencia depende de tres variables.

La primera es la reactivación plena de la Ley Helms-Burton. Si Trump vuelve a habilitar las demandas bajo el Título III, Meliá e Iberostar se enfrentarían a litigios en tribunales federales que podrían derivar en el embargo de sus activos en suelo estadounidense. Para compañías con hoteles en Nueva York, Miami y Orlando, ese riesgo es existencial.

La segunda variable es la duración de la crisis energética. Con ocupaciones por debajo del 20%, aeropuertos cerrados y la temporada alta perdida, cada mes sin combustible genera pérdidas operativas que ni la “compactación” más agresiva puede compensar. Si la crisis se prolonga más allá de marzo, como todo indica, la temporada 2026 será irrecuperable.

La tercera es la paciencia de los accionistas. El desplome del 8,5% en bolsa del 10 de febrero fue una primera señal de alarma. Si Cuba pasa de ser un lastre contable a un riesgo sistémico para la cotización de Meliá, los inversores institucionales podrían forzar la mano de la familia Escarrer. Iberostar, al ser empresa familiar sin cotización pública, tiene más margen, pero no ilimitado.

A corto plazo, el escenario más probable no es una retirada formal —los contratos, el orgullo y la esperanza de un cambio de régimen lo impiden—, sino una muerte lenta: cerrar hoteles progresivamente, reducir plantillas, minimizar inversión nueva y mantener una presencia simbólica con un puñado de establecimientos en La Habana y Varadero. Es exactamente lo que ya está ocurriendo.

Pero hay un factor que ningún balance financiero recoge y que, a la larga, puede ser determinante: la contradicción moral. Empresas que en Europa abanderan la responsabilidad social corporativa, la diversidad y los derechos laborales, en Cuba participan de un sistema donde el ejército se queda con el 80% del salario de los trabajadores, donde agentes de la Seguridad del Estado interrogan empleados dentro de los hoteles. Su permanencia en Cuba ya ha tenido un coste reputacional evidente, y todo apunta a que ese desgaste no hará más que intensificarse en los próximos meses.

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






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