Consolidado en Villa Clara Foto © CiberCuba

“Con tres recepcionistas y no tienen piezas de repuesto, esto solo se ve en Cuba”

Este artículo es de hace 1 año

Trece años después de que la Asamblea Nacional del Poder Popular nombrara (unánimemente, como solo podía ser) al 2006 Año de la Revolución Energética, cocinar con equipos eléctricos se hace cada vez más difícil en Cuba.

La casi nula disponibilidad de partes y piezas de repuesto en los talleres de la isla deja en condición de desahucio a buena parte de los electrodomésticos que un día Fidel Castro anunció como panacea para muchos de nuestros males.

El gobernante concentró buena parte de sus últimos años de administración en demostrar la ventaja de los nuevos métodos de cocción, y prometió que ahorraríamos petróleo, que emplearíamos “combustible noble, seguro y sano” a la vez que indicaba frente a las cámaras de televisión la manera más eficiente de cocinar los frijoles. Endeudados pero contentos, así quedamos entonces los cubanos luego de la venta masiva de aquellos artefactos provenientes de la lejana China, por obra y gracia de millonarios créditos.

Según el periódico Granma, todavía en 2014 el 70% de las familias cubanas cocinaban con los equipos eléctricos distribuidos como parte del Programa de Ahorro Energético (PAE), pero cinco años después muchos menos hogares cuentan con las resistencias, ollas arroceras o multipropósitos que un día creyeron “eternas”, al ser emblemas indiscutibles de la última revolución acometida dentro de la Revolución.

Hoy los talleres o consolidados, como popularmente se les conoce, son la prueba inequívoca de que la Revolución Energética es cosa del pasado. Cada vez se reciben menos suministros de partes y piezas de repuesto, y largas listas de clientes esperan a ser llamados de un año a otro para ‘el trasplante’ que le devuelva la vida a su equipo ahorrador.

Faltan piezas en los consolidados en Cuba / CiberCuba

“Vengo cada 15 días, y ya voy por seis meses”, asegura una mujer con algo más de 50 años, que carga con su hornilla a cuestas hasta el taller de la calle San Miguel, de la ciudad de Santa Clara.

“Estoy al no venir más y tirarla en un rincón como ya hice con la olla reina. No es que sean tan malas, pero todo lo que se usa termina por romperse. Tú te acordarás que al principio nos prometieron que habría piezas, y ahora mira el desparpajo que hay”, reflexiona la señora.

Clientes cubanos en un consolidado en Villa Clara / CiberCuba

Según datos oficiales, el Ministerio del Comercio Interior, MINCIN, dedica aproximadamente unos 20 millones de dólares anualmente a la compra de unos aditamentos que cada vez son menos vistos. Y es que además de la obsolescencia tecnológica y la falta de piezas, el desvío de recursos destinados a esos talleres “le pone la tapa al pomo”, como se dice en buen cubano y asegura también Heriberto:

“Vete para Los Framboyanes (zona autorizada para la venta de artículos por cuenta propia) y conseguirás la resistencia y el termostato que aquí no te encentras. ¿De dónde salen? Ellos mismos los desvían por cajas, y entonces los infelices que no tienen dinero para pagarlos a sobreprecio, no tienen con qué cocinar”, asegura.

En el taller principal de Santa Clara, ubicado en la calle Marta Abreu de esta ciudad, radica también la dirección de la Empresa de Servicios Técnicos, Personales y del Hogar. En un pasado no muy lejano esta unidad fue objeto de severos cuestionamientos y denuncias a partir del descontrol y las actividades ilícitas de sus administradores y operarios. Si bien aquel escándalo se acalló con un par de medidas disciplinarias y un suministro mayor de piezas, en los días posteriores, enseguida derivó en lo mismo.

“Si el mecánico te dice que no hay, te le acercas le dices: ‘ven acá mi herma, y tú no conoces a nadie que tenga una resistencia por ahí, aunque salga más cara’, y entonces verás cómo enseguida tiene ‘un socio’ que puede tirarte el cabo”, ilustra el joven.

Condiciones de trabajo en un consolidado en Villa Clara / CiberCuba

“Este país es un desastre y a nadie le importa la que está pasando el pueblo. Mira para allá, —y señala la entrada del taller— con tres recepcionistas y no tienen piezas de repuesto, esto solo se ve en Cuba”, concluye.

Este artículo es de hace 1 año

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