Delegación cubana visitó el Instituto Murciano de Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida) Foto © Carm

14 cubanos para una chiva española

Este artículo es de hace 1 año

Si Fidel Castro viviera, a estas horas estaría en la Mesa Redonda clamando contra los irresponsables que decidieron mandar una delegación de 14 personas España para estudiar la chiva (cabra) de raza murciano-granadina (sureste peninsular), reconocida por sus aptitudes lechera y reproductiva.

El castrismo tiene una larga tradición de viajes al extranjeros improductivos para Cuba y rentables para los viajeros, desde la época en que un compañero compró en la entonces Checoslovaquia máquinas quitanieve de carreteras. Sin duda, aquel comprador revolucionario tenía roto el termómetro desde que nació, los checos se la jugaron y llegó a Europa poseído por el espíritu del poeta Julián del Casal.

Luego, otro llegó a Francia con el encargo de comprar diafragmas intrauterinos y regresó de París cargado de diafragmas para radiadores de automóviles. Ya sabéis que el castrismo triunfante sacrificó la meritocracia y la suplantó por la confiabilidad revolucionaria.

Con los años, los viajeros importadores cumplieron mejor sus cometidos, pero contribuyeron a consolidar una mentalidad importadora contra la que ahora claman Miguel Díaz-Canel Bermúdez y su ministro de Economía, Alejandro Gil, sabedores de que no va quedando dónde amarrar la chiva y esperanzados en que la producción nacional supla parcialmente lo que ya no se podrá importar, tras el colapso venezolano y el endurecimiento Trump.

Por tanto, a ojos sensatos, parece un disparate que tengan que venir 14 personas desde Cuba a España para ver una chiva común y muy extendida por la geografía española, donde la tuberculosis y la brucelosis están diezmando las explotaciones caprinas y vacunas por el exceso de ciervos y jabalíes, al amparo de una norma ambientalista basada en lo políticamente correcto hasta el punto que Bambi y Porky pueden acabar con Cuca y Matilda en los próximos años.

El viaje ha sido organizado por la Fundación Tierra Integral (comarca noroeste de Murcia, 2000), entidad sin ánimo de lucro; es decir, subvencionada con fondos públicos europeos y españoles que lleva 19 años trabajando en pequeños proyectos locales y comarcales en esa región española, que abarcan desde una red de centros de teletrabajo hasta la cerámica local.

Aún cuando el viaje de los cubanos sea pagado total o parcialmente por la Fundación Tierra Integral o por los cabreros anfitriones sería bueno alertar a los lectores no avisados y, especialmente a los cubanos privados selectivamente de acceder a CiberCuba, que el costo del viaje luego será repercutido al presupuesto del proyecto que se ponga en marcha, es decir, que será dinero empleado para viajeteo y no para comprar cabras o darles de comer para que produzcan leche y cabritos.

El intercambio con el extranjero es positivo, pero no sabemos qué papel desempeñará en este proyecto la red de instituciones científicas y tecnológicas creadas por la revolución en el ámbito de la investigación animal, entre las que destacan el Instituto de Ciencia Animal (San José de las Lajas, 1965), el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria La Habana, 1969), y el Centro de Investigaciones para el Mejoramiento de la Ganadería Tropical (La Habana, 1970). Quizá dichas instituciones científicas carezcan de los recursos económicos necesarios para afrontar toda su labor investigativa, pero su capital humano y de conocimientos permanece y está desaprovechado por la pobreza impuesta por el comunismo.

Ahora que Díaz-Canel dice estar empeñado en sustituir importaciones, sería saludable que pusiera en valor el potencial científico cubano y, sin evitar el necesario intercambio científico y tecnológico con entidades extranjeras, debía ordenar que cese la postergación del conocimiento cubano a favor de intermediarios extranjeros, expertos en hacer caja con el pretexto de la solidaridad con Cuba y otras banalidades de la izquierda transversal y oportunista.

Todos estos inventos de viajes innecesarios al extranjero son, además de improductivos, inmorales, porque se producen sobre la pobreza impuesta al pueblo cubano.

Y ya puestos, los 14 viajeros cubanos podían haberse dividido en dos para que siete de ellos se diera un salto a Israel, el único estado del mundo autosostenible alimentariamente, incluso bajo condiciones de bloqueo total, y donde la cabra Saanen da excelentes resultados lecheros y reproductivos en una tierra desértica y poco fértil, tras el cruce entre sementales europeos Saanen y las cabras de la raza local Mamber.

Las cabras israelíes se aclimatan bien en Cuba desde los años 60 del siglo XX, cuando Fidel Castro pactó secretamente con Israel un trueque de judíos que deseaban ponerse a salvo de su revolución por chivas sionistas.

Como también podría conocer las instalaciones de UNIPROCA en Talavera de la Reina (Castilla-La Mancha) donde ganaderos españoles producen leche en polvo, a partir de la leche de cabra, para exportar a una región China.

Con iniciativas como esta y ante el entusiasmo viajero de catorce cubanos ávidos por conocer los secretos de la cabra oriunda de Murcia y Granada, solo nos quedará rezar para que la cabra criolla no desaparezca, como ha ocurrido con otras especies de la fauna cubana con la introducción de manjares como la Claria, la Tilapia y el Caracol Gigante Africano.

Y quedará por ver cómo se adaptarían las chivas españolas al clima cubano diferente al de Murcia y Granada, con estaciones definidas de invierno y verano, primavera y otoño; pero de momento ya hay trece funcionarios cubanos y un seguroso pacotilleando por parte de la piel de toro, donde –además de ver cabras y queserías- probarán el mítico Arroz caldero murciano y el Jamón de Trévelez granadino. El primero es fácil de implantar en Cuba porque es un arroz caldoso con pescados de roca, el segundo hay que importarlo porque el frío seco de las Alpujarras es mano de santo para el buen jamón.

Mientras aguardamos a porque las chivas den leche y materia prima para chilindrón; los compañeros retozan entre cervezas frías y Michirones (potaje de habas secas) con esa abundancia que caracteriza a la camaradería revolucionaria lejos de la austeridad que impone el cruel bloqueo imperialista.

Este artículo es de hace 1 año

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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