¡Ay, mama Inés!, ni blancos ni negros tomamos café


Publicado el Martes, 10 Diciembre, 2019 - 06:28 (GMT-4)


"Después de la guerra de agresión norteamericana contra Viet Nam, el heroico e invicto pueblo vietnamita nos solicitó que le enseñáramos a sembrar café, y allá fuimos; se le enseñó, se le trasladó nuestra experiencia.  Hoy Viet Nam es el segundo exportador de café del mundo.  Y un funcionario vietnamita le decía a su colega cubano:  “¿Cómo es posible que ustedes que nos enseñaron a sembrar café el otro día, ahora nos estén comprando café?”  No sé qué le habrá contestado el cubano.  Seguro que le dijo: El bloqueo".

Raúl Castro Ruz, 18 de diciembre de 2010

La escasez de café en Cuba -que no es novedad- refleja el desguace productivo de la agricultura y la incapacidad del comunismo para producir con eficiencia, incluso, los productos agrícolas tradicionales del país como el azúcar, el tabaco y el néctar negro que los cubanos suelen beber a buchitos y ofrecer a sus visitas.

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Habitualmente, los dirigentes castristas suelen remontarse a fechas anteriores a la revolución para comparar aquella Cuba próspera e injusta con la Arcadia feliz y con dificultades que dibujan en su ofensiva anticubana. Sigámosle el juego. En 1959, Cuba produjo 60 mil toneladas de café en grano. En 1980, produjo 20 mil y en este año producirá 9 mil, según cálculos oficiales.Resulta raro que cuando mejor han vivido los campesinos, como reza la propaganda oficial, sea cuando menos café produce el país.

La semana pasada, la Mesa Redonda, convocó a varios burócratas y un técnico especializado en la materia que leyó nervioso los experimentos que realizan con el café Caturra y otras variedades; mientras que el resto se dedicó a contar los problemas que han tenido con el precio que pagan a los productores, con la importación de bolsas de plástico (nylon) para el envasado y la falta de combustible; una funcionaria se puso lírica y -antes de entrar en el escaso grano- leyó una frase de José Martí. Pobre Apóstol.

En 1969, el "Año del esfuerzo decisivo". La Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana alertó del despoblamiento y la falta de mano de obra en la Sierra del Rosario, Pinar del Río, entonces ocupada en un 28% de su extensión por plantaciones cafetaleras. Los jefes engavetaron el estudio y se dedicaron a resaltar la obra social de la revolución en el campo; que fue cierta, pero que promovió emigración y abandono de las tareas tradicionales con la pérdida de superficie agrícola y la extensión del Marabú a lo largo y ancho de la isla.

Cuba tiene condiciones óptimas para la cosecha de café porque su temperatura es estable durante todo el año y dispone de suelos rico en Humus y con poco drenaje subterráneo; y atesoraba una tradición agrícola y fabril que se remonta a 1748, cuando José Gelabert planta las primeras semillas traídas de Haití en su finca próxima al Wajay, en el suroeste de La Habana. Y ha vivido dos boom cafeteros: La independencia de Estados Unidos (1776) que provocó una gran demanda de café y otros productos agrícolas y la sublevación de esclavos en Haití (1804) que dejó a Europa desabastecida y los productores cubanos, amparados por España, llenaron el hueco.

Los productores franceses huidos de Haití recalan en Santiago de Cuba y compran tierras en las estribaciones de la Sierra Maestra, donde generaron un gran polo productor de café, siendo apoyados por las autoridades españolas que querían, además aumentar la población blanca en la isla, viendo lo que había pasado en la vecina Haití y, de paso, aprovechar la experiencia productiva y el capital de los recién llegados; a los que además benefició con el reparto de tierras de realengo en zonas de Holguín, Bahía de Nipe, Sagua de Tánamo y Mayarí, entre otras localidades.

A mediados del siglo XIX se produce una gran crisis en el mercado mundial del café, que afecta directamente a los productores cubanos que venden parte o todas sus tierras, excepto los colonos franceses asentados en el oriente, y se suman al auge de las plantaciones de caña de azúcar; pero -paradójicamente- esta quiebra genera un movimiento especulativo y migratorio que favorece la recuperación de la producción cafetalera.

Las fincas cafetaleras cercanas a La Habana ceden a la expansión inmobiliaria e industrial de la capital y el resto son convertidas en cañaverales, provocando que los pequeños productores se refugien en zonas montañosas, inservibles para la caña y el tabaco, pero óptimas para el café.

A partir de ese momento se estabilizan tres polos productores de café cubano: Pinar del Río, Escambray y Oriente, que generan riqueza y promueven el surgimiento y consolidación de una industria torrefactora con variedad de marcas y capacidad para satisfacer la alta demanda nacional y exportar a Estados Unidos y Europa. Todo ello, pese a que en 1946, un cafetal era cultivado por tres personas todo el año y jornaleros contratados en época de cosecha, en proporción a la extensión de la finca, que iban desde una hasta 50 hectáreas, según datos del Censo Agrícola de ese año.

La revolución castrista no innovó la producción cafetalera y aún hoy es posible ver la imagen bucólica del secado de las cerezas del café en patios a la intemperie y el despulpado en morteros de madera; pero son métodos anticuados que reducen notablemente el rendimiento cafetalero por hectárea.

Al apoderarse el gobierno comunista de la mayoría de las tierras e imponer precios a los productores, los cafetaleros cubanos emigraron o se dedicaron a otras labores; incluso después de 1994, cuando el estado autorizó la venta libre de los excedentes a compradores privados, pero preservando su derecho de tanteo y fijando el precio de la tonelada. Algo parecido ocurrió con las fábricas de café, cuyos dueños se desplazaron a Estados Unidos y Centroamérica principalmente.

Regil, Tu-py, Pilón, Flor de Tibes, Flor de Yateras, Bustelo, Baquedano y La Llave eran las marcas más representativas del café cubano, que generó la industria de Tostadores como El Vizcaino y El Sol, y la de cafeteras industriales Nacional y Royal que se extendieron por toda la isla y vendían, anualmente, más de 55 mil toneladas de café, tacita a tacita.

Pero no todo está perdido, al menos para la empresa italiana Lavazza que acaba de presentar su café cubano, ¡Tierra!, La Habana, en homenaje al 500 aniversario de la capital. Ya sabemos que algunos empresarios aliados del tardocastrismo se prestan a cualquier fantochada para congraciarse con el régimen que genera escasez de café y de otros artículos a la población empobrecida, que tampoco dispone de dólares para comprarlo en las tiendas del estado bloquedo por Estados Unidos, aunque había anunciado que exportarían café al enemigo yanqui.

Asomarse ahora a la Mesa Redonda y contemplar a los burócratas vendiendo humo donde antes había café aromático e intentando decir que van a cumplir las entregas normadas a los espectadores que dejaron preguntas sin respuestas en el contestador del programa; lleva a pensar que el castrismo sigue sin leer a Fernando Ortiz, aunque de vez en cuando lo saque de paseo mediático para reforzar el oportunismo y la manipulación.

Dijo el sabio: "En el café, como en el tabaco; al revés de azúcar, hay individualidad. Café y tabaco se seleccionan una y otra vez sin cesar, desde la semilla, el plantío, la cosecha, la escogida; y luego por región o comarca, por cafetal o vega, por marca o nombre, por mezcla o liga, por grano o vitola, por tostadero o fábrica, por aroma y por color, por el modo de hervirlo, por la taza con que se sirve...".

 

 

 

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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