Misiles iraníes camino a las bases de Irak, según la prensa iraní Foto © Islamic Republic News Agency

No habrá (aún) Guerra Mundial 3.0, pero el brindis mejor otro día

No, no habrá Guerra Mundial versión 3.0. Al menos hoy o mañana. Pueden dejar reposar al motor de búsqueda de Google de una vez.

Quienes la veían venir y palmeaban con el mismo entusiasmo de preescolar con que celebrábamos los huracanes para no ir a clases, pueden de paso colgar la idiotez por un rato, que no se les arrugue. La ignorancia, ya lo sabemos, tiende a ser atrevida por costumbre.

De hecho, siempre fue poco probable llegar a algo como una Tercera Guerra Mundial, término que no describe el conflicto entre dos países (aunque sean, inevitablemente, de este mundo) sino uno donde se involucran todas o algunas de las naciones más poderosas del planeta.

La modificación de salud que Estados Unidos hiciera a Qasem Soleimani, drone mediante, nunca despertó tambores de guerra en Rusia ni en China, únicas potencias que eventualmente pudieron respaldar al agraviado Irán pero que olieron la carnada envenenada a tiempo. Mantuvieron discreta distancia. No es lo mismo llamar al demonio que verlo llegar.

Irán estaba solo con su retórica, su ejército de número inflado por la propaganda, su economía renqueante, y urgido de contraatacar al enemigo que nadie quisiera tener. Las opciones eran esencialmente dos.

Primero, enloquecer con una respuesta inequívocamente dura. Cumplir lo parloteado por ayatola Ali Jamenei desde que se supo el ascenso de Soleimani al tierno regazo de Alá. Pero un ataque real firmaba la sentencia de muerte de Irán. Y esa firma pocos están dispuestos a concretarla al final. Decir bravuconadas sale gratis, actuar ya es otra cosa y otro costo.

La segunda opción era optar por una respuesta de poliéster, una de esas pantomimas con mucho ruido y pocas nueces que calmara a los radicales sin enojar mucho al contrario. Un consuelo de tontos que saldara las cuentas, al menos de mentiritas.

Ya sabemos qué eligió Jamenei.

Un vándalo con un tirapiedras habría causado más daño a los americanos en las dos bases que los doce misiles de corto alcance con que Irán lavó su honor. No hubo un muerto, ni gringo ni iraquí. Aunque la propaganda iraní diga (bajito, solo para consumo nacional) que 80 “terroristas estadounidenses” fueron ajusticiados. Es un chiste buenísimo, solo eso.

A la hora de los misiles, vaya imprevisto, los soldados a matar estaban en otro sitio. Durmiendo, concretamente. Era madrugada aún. En el informe de daños causados a las tropas americanas por la respuesta iraní debe escribirse “Perturbación del sueño”, eso sí. Las estrategias persas tienen sus lagunas.

Eso, o la intención era no matar a nadie. Porque hoy también sabemos que el presidente iraquí fue advertido poco antes del ataque a las dos bases ubicadas en el suelo que él preside, y todos los expertos y exmilitares retirados consultados en medio mundo hoy coinciden: la probabilidad de que semejante aviso no llegara en el acto al mando estadounidense es cero.

Traduciendo: Irán perdió a su segundo hombre más poderoso, y lo hizo pagar disparando doce misiles contra dos bases que albergaban a 1.500 enemigos, cuidando mucho de no darle a ninguno. Son unos cracks. Vida eterna a esa noble furia.

Ya no hay Guerra Mundial en el horizonte, repito, y el motor de búsqueda de Google puede tomarse un merecido respiro. La consulta sobre lo mismo y lo mismo en los últimos días fue de locura, según dijo el mismo buscador.

Pero no hay razones para celebrar. Te lo aseguro. El mundo es ahora mismo un polvorín crispado. Irán encontró el pretexto perfecto para seguir adelante con una proliferación nuclear que debía hacer, hasta ahora, de forma solapada. Ojalá no veamos dentro de pocos años las consecuencias de esos actos. Y dos enemigos de cuarenta años como esos comprobaron que podían atacarse directamente, con poder destructivo. Americanos volviendo polvo y anillo a un adversario peligroso e influyente, iraníes apuntando contra bases militares de la primera potencia del mundo.

Todo eso era impensable una semana atrás. Que el conflicto parezca de momento apaciguado, que no estén los portaaviones nucleares camino ahora mismo del Estrecho de Ormuz, es como para un respiro de alivio. Pero sin brindis ni pirotecnia.

Los pasos que ya se dieron en dirección a una calamidad permanecerán, no se regresan solo porque los ejércitos contuvieran la orden de fuego para ahora mismo. Ambos países están hoy mucho más cerca de una guerra real que hace un mes, y no es algo para celebrar.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Ernesto Morales

Periodista de CiberCuba

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