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La tensión militar en el Caribe ya no es solo un pulso político entre Washington y Caracas. Según un análisis publicado por The Telegraph, un eventual ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela podría desatar un terremoto económico mundial, derrumbando el precio del petróleo y asestando un golpe letal a la economía rusa.
El periodista británico Matthew Lynn sostuvo en las páginas del citado medio que, si el presidente Donald Trump finalmente decide intervenir, el impacto no se limitará al terreno militar o político: reordenaría por completo el mapa energético global.
Un gigante dormido sobre petróleo
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta —303,000 millones de barriles, según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos—, por delante de Arabia Saudita e Irán.
Sin embargo, tras años de corrupción, sanciones y colapso industrial bajo el chavismo, el país produce apenas una fracción de lo que podría.
Mientras Arabia Saudita exporta 180,000 millones de dólares anuales en crudo y Rusia unos 120,000 millones, Venezuela apenas llega a 4,000 millones. El país, que en los años noventa bombeaba tres millones de barriles diarios, hoy apenas supera los 700,000.
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A partir de esos datos, Lynn advirtió que si un cambio de régimen abre las puertas a la inversión occidental, el flujo de crudo venezolano podría reactivarse en meses. “Todos saben dónde está el petróleo y cómo sacarlo; solo falta un gobierno funcional”, señaló.
Ese renacer energético, impulsado por una eventual administración prodemocrática encabezada por María Corina Machado —ganadora del Nobel de la Paz 2025 y símbolo de resistencia—, hundiría los precios del petróleo a niveles históricos, posiblemente por debajo de 30 dólares el barril.
Trump ante su mayor dilema geopolítico
El análisis del Telegraph coincide con el despliegue militar estadounidense más grande en el Caribe desde la Guerra del Golfo: el portaviones USS Gerald Ford va de camino, mientras que varios destructores y submarinos nucleares operan frente a las costas venezolanas.
Trump ha advertido que quiere ver “muertos a los carteles” que operan desde Venezuela, una voluntad que el Congreso sancionó, echando por tierra la resolución que buscaba limitar sus poderes de acción al amparo de la War Powers Resolution.
Según el artículo, una intervención combinada —sin invasión terrestre masiva, pero con apoyo aéreo y naval— podría derrocar a Nicolás Maduro, debilitado y acusado de narcotráfico por Washington.
El escenario más optimista: una transición pactada con respaldo opositor y legitimidad internacional, que abriría una nueva etapa democrática y de reconstrucción.
Pero el trasfondo económico es el verdadero motor. Trump podría justificar su ofensiva no solo en nombre de la seguridad hemisférica, sino como un golpe maestro para bajar los precios del petróleo y estrangular financieramente al Kremlin.
El efecto dominó: Rusia, Arabia Saudita y América Latina
La teoría de Lynn es clara: una Venezuela libre y productora, fuera de la OPEP, desataría una sobreoferta global de crudo.
El resultado sería devastador para los principales exportadores —en especial Rusia y Arabia Saudita—, pero beneficioso para el resto del mundo, al reducir la inflación y los costos energéticos.
“Putin no podría sostener su guerra en Ucrania con el petróleo a 30 dólares el barril”, apuntó el economista. Además, el Kremlin perdería a un aliado estratégico en América Latina, debilitando también a Cuba y Nicaragua, cuyos regímenes dependen del apoyo financiero y logístico de Caracas.
En paralelo, Arabia Saudita, con un déficit fiscal creciente, se vería forzada a recortar gastos y subsidios, mientras las economías occidentales experimentarían un respiro.
Un golpe de ajedrez o un salto al vacío
La incógnita sigue siendo si Trump se atreverá a ejecutar el plan. El propio mandatario ha dudado públicamente sobre los riesgos de una intervención directa, consciente de que un fracaso militar —como el de Bahía de Cochinos en 1961— podría fortalecer a sus enemigos y dañar su legado.
Sin embargo, si la operación tiene éxito, podría representar el golpe más audaz de su segundo mandato: derrocar a un dictador aliado de Moscú, reabrir el mercado petrolero venezolano y, de paso, colapsar la economía de Putin y agotar su principal fuente de recursos para la agresiva guerra imperialista que sostiene en Ucrania.
El tablero está listo. Solo falta que el presidente estadounidense decida mover la pieza que podría cambiar —otra vez— el equilibrio global del poder.
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