"Titiriteros", el capítulo de Vivir del Cuento con críticas a la censura

Con el sugerente título “Titiriteros”, la nueva entrega del popular espacio giró en torno a un taller de teatro organizado por los vecinos del barrio de Pánfilo, una obra con títeres destinada a retratar problemas cotidianos

Personajes de Vivir del Cuento en "Titiriteros", el capítulo emitido este lunes Foto © YouTube/screenshot

El segundo capítulo del programa humorístico “Vivir del cuento”, tras una interrupción de algunas semanas que preocupó a no pocos de sus seguidores, no ha dejado indiferente a nadie tras abordar claramente la censura de la creación artística en Cuba.

En especial resultó significativo que el personaje de Isidoro -el joven gay que es símbolo en el programa de las nuevas generaciones- luciera en una de las escenas un pullover negro en el que se podía leer la frase: “No voy a esperar que la cosas cambien. Yo ya cambié”, tomada de la película "Amor crónico", de 2012 y dirigida por Jorge Perugorría.

Con el sugerente título de “Titiriteros”, la nueva entrega del popular espacio giró en torno a un taller de teatro organizado por los vecinos del barrio de Pánfilo, una obra con títeres destinada a retratar problemas cotidianos.

La iniciativa genera no pocas preocupaciones en Leopoldino y sobre todo Leoncio, dos funcionarios que temen que la puesta en escena se les pueda “ir de las manos”.

“Cuando se mezcla el humor con la actualidad, el resultado algunas veces es el choteíto, la burla, usted me entiende, empiezan a entronizarse estereotipos. Se ridiculizan determinados patrones y se abusa de lo peor de todo: la crítica”, confiesa Leoncio a Pánfilo en una reunión, en la que intenta disuadirlo de tratar la actualidad y lo invita a revisitar clásicos teatrales como "Romeo y Julieta".

“A ver, a ver, pero la crítica no es mala, ¿no?”, y sobre todo si es una “crítica constructiva”, riposta un agudo Pánfilo, que a continuación añade que “la crítica humorística ayuda a desenmascarar determinados problemas serios que tiene la sociedad, y también emite un mensaje que hace reflexionar a las personas".

"No es criticar por criticar. Es criticar a las personas que trabajan mal y que están cuidando su puesto”, concluye el anciano.

Incapaz de obtener su propósito, el funcionario acepta de mala gana la propuesta. “A darle rienda suelta a esa creatividad, pero recuerde ciertos detallitos”, le advierte Leoncio a Pánfilo, no sin antes expresar sus temores por la visita de una “compañera del nivel superior” que podría malinterpretar la obra.

El segundo round del combate que “Titiriteros” propone llega cuando los funcionarios llegan a “revisar” el texto de la obra concluida.

La obra vecinal, basada en principio en la rotura de la cocina INPUD de Pánfilo y en su falta de dinero para arreglarla, no gusta al funcionario encargado de cumplir las funciones de censor, que encuentra en ella “problemas de contenido”, que revelan claramente el extremismo en que se funda toda censura cultural.

En aras de no hacer crítica a los productos de facturación nacional, el funcionario invita a que se rompa otra cosa, pero el problema llega cuando no se pueden romper tampoco la lavadora rusa o el ventilador chino, algo que queda resuelto tras concluir que lo que se debe romper es el “radio americano”, que Pánfilo tiene hace 70 años y que todavía funciona.

El funcionario cultural suma otras recomendaciones en su listado de “problemas de contenido”, pues tampoco le gusta que se diga que Pánfilo es un anciano al que no le alcanza el dinero para arreglar un electrodoméstico roto o que es víctima de apagones.

También recomienda el funcionario borrar de la obra la canción “El manisero” por el estribillo “ya se va el manisero, ya se va…”. “¿Qué mensaje quieren transmitir, para donde se va el manisero?”, cuestiona el funcionario en una pregunta que revela desde el humor las altas cotas de absurdo que son inherentes a la censura.

El capítulo "Titiriteros" ha sumado en últimas horas muchas muestras de admiración en redes sociales, donde no pocos cubanos celebran la valentía del colectivo que forma parte del programa.

"Vivir del cuento" ha vivido varios episodios de censura en los últimos años. Uno de ellos fue la cancelación de un capítulo solo porque comparaba un pan con un cocodrilo, en medio de la revuelta mediática y las burlas que desataron las palabras de Guillermo García Frías cuando sugirió "cultivar" avestruces, jutías y cocodrilos para paliar la crisis de alimentación en Cuba.

Ese mismo año, el actor Andy Vázquez, que formaba parte del elenco principal de "Vivir del cuento", fue expulsado del programa por un vídeo en el que su personaje de "Facundo Correcto" se burlaba de varios incidentes que marcaron el entonces recién reabierto mercado de Cuatro Caminos, en La Habana.

Finalmente, la salida temporal del programa de la parrilla televisiva en julio de este año desató las especulaciones y disparó las alarmas, pues coincidió con las palabras de su protagonista, Luis Silva ("Pánfilo") a propósito de la represión de las protestas del 11 de julio.

El humorista pidió "no represión, no golpizas" y un respeto para "el pensamiento de todos", al tiempo que añadió que su posición "siempre va a ser al lado del pueblo cubano", palabras de las que se hizo eco el perfil oficial de Vivir del cuento en Instagram.

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