El régimen cubano ha lanzado un nuevo ataque contra el doctor Miguel Ángel Ruano Sánchez, un especialista en Medicina Física y Rehabilitación que se ha convertido en una de las voces más críticas de la catástrofe sanitaria que atraviesa Cuba.
Desde su exilio en Colombia, Ruano Sánchez ha sido uno de los que más se ha involucrado en la campaña humanitaria del niño Damir Ortiz Ramírez, cuya situación llamó la atención de la opinión pública internacional.
En un reciente comunicado emitido por la Sociedad Cubana de Medicina Física y Rehabilitación, se acusa a Ruano Sánchez de haber falsificado su currículum profesional y de haber tenido comportamientos indebidos durante un evento de Neurodesarrollo en Cali, Colombia, en 2008.
Según la organización, Ruano habría mentido sobre sus estudios en países como Corea del Sur, Inglaterra y Estados Unidos, atribuyéndose logros y conocimientos que, aseguran, jamás obtuvo. También afirman que fue inhabilitado para ejercer la Medicina en Cuba desde 2009.
En relación con el caso de Damir, la Sociedad Cubana de Medicina Física lo acusa de usar sus redes sociales para "mentir, coaccionar, amenazar y difamar a médicos y a instituciones cubanas vinculadas al diagnóstico y tratamiento del niño".
Estas acusaciones llegan en un momento en el que el galeno ha ganado notoriedad por su constante denuncia de las deplorables condiciones del sistema de salud cubano.
En diversas apariciones públicas y en su participación en "Las Mañanas de CiberCuba" en 2021, señaló que la crisis sanitaria en la Isla se ha agravado por la falta de recursos y la incompetencia del régimen.
Ruano denunció entonces el déficit de medicamentos y la falta de camas en unidades de terapia intensiva, un problema que se agravó durante la pandemia de COVID, cuando muchos pacientes no pudieron acceder a oxigenoterapia, lo que resultó en miles de muertes evitables.
Además, subrayó que el 70 % de la población cubana vive bajo el umbral de pobreza alimentaria establecido por la FAO, situación que agrava las condiciones de salud de la población.
El régimen cubano, en lugar de abordar estas crisis estructurales, ha preferido atacar la reputación del doctor que, desde el exilio, no ha dejado de denunciar la verdad sobre el sistema de salud.
Al mismo tiempo que se intenta desacreditar a quienes exponen estas carencias, La Habana continúa exportando brigadas médicas como parte de un lucrativo negocio de propaganda, mientras ignora la urgente necesidad de profesionales de la salud en la Isla.
Durante la pandemia, Ruano Sánchez declaró su disposición a regresar a Cuba para ayudar a enfrentar la crisis sanitaria, pero el régimen ha prohibido su entrada, según él, por "capricho y terquedad".
Mientras el gobierno cubano insiste en presentar su sistema de salud como un modelo a seguir, testimonios como el de este y otros médicos que se han visto obligados a emigrar, desnudan la realidad de un país que, lejos de ser una potencia médica, sufre un colapso sin precedentes en su sistema sanitario.
Las declaraciones del doctor Ruano Sánchez ponen en evidencia la hipocresía del régimen cubano que persigue a sus profesionales críticos en lugar de aceptar su ayuda para resolver una crisis que se ha vuelto insostenible.
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