Ruido sin control en Los Arabos, Matanzas: música alta, vecinos agotados y autoridades sordas



Desde el bulevar de Los Arabos se genera música alta con molestias a los vecinos (imagen de referencia) © Roberto Garaicoa/Mesa Redonda
Desde el bulevar de Los Arabos se genera música alta con molestias a los vecinos (imagen de referencia) Foto © Roberto Garaicoa/Mesa Redonda

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Este artículo es de hace 1 año

En Los Arabos, Matanzas, la música no deja dormir, pero las autoridades sí duermen sobre las quejas. Un vecino denunció la agresión sonora que sufre cada fin de semana por actividades recreativas avaladas por el gobierno municipal, y tras más de cinco meses de silencio oficial, la única respuesta fue justificar el ruido con encuestas y normas genéricas, sin ofrecer pruebas ni soluciones.

Omar López Sánchez, residente en la calle Martí No. 35, aseguró que en la calle 10 de Octubre, que circunda el parque Camilo Cienfuegos, la Casa de Cultura y el Cabaret, “construyeron dos quioscos hace algunos años y ese espacio fue cerrado al tránsito vehicular, para crear lo que denominan Bulevar de Los Arabos”.

En una carta enviada a la sección de quejas ciudadanas “Apartado 1433” del periódico provincial Girón, López relató que, cada fin de semana, el lugar “se convierte en una discoteca al aire libre, desde la tarde hasta la madrugada, con música a elevados decibeles, que ocasiona vibraciones en puertas y ventanas de las viviendas cercanas. Ello impide escuchar la televisión y descansar, pues trabajo de lunes a sábado”. 

El hombre dijo que presentó la queja a la oficina de Atención a la Población del gobierno local, pero después de más de cinco meses no recibió respuesta. Por ello, decidió trasladar su malestar al medio de prensa y hacerlo público porque -sostuvo- aunque “escribo a título personal, pero es el padecimiento de muchos arabenses”.

Sobre el ruido o agresión sonora como la música alta y de mal gusto en espacios públicos, López se refirió al Decreto-Ley 200/99, “que parece desconocerse por las autoridades responsables de evitar tales situaciones en nuestro municipio”.

La normativa en vigor desde 1999 contempla un sistema de medidas administrativas que considera como contravenciones los ruidos, vibraciones y otros factores físicos por encima de los 65 decibeles (nivel catalogado por especialistas como el más dañino). Los infractores de esta regulación pueden ser castigados con multas de entre 200 y 2,250 pesos.

Yaidiel Milián La Fe, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, Almisaday Martínez Rodríguez, intendente del Órgano de Gobierno, y Wilfredo Alejandro Rodríguez Báez, viceintendente de Programas y Objetivos, enviaron un informe a la sección “Apartado 1433” en el cual afirmaron que “en el área en cuestión se ubican trabajadores por cuenta propia”.

Subrayaron que “allí se realizan actividades diurnas y nocturnas aprobadas y chequeadas por la comisión de recreación del territorio” y que para los quioscos se aceptaron los horarios de difusión de música grabada los viernes hasta la 1:00 a.m., sábados hasta las 2:00 a.m., y domingos hasta las 12 de la noche. “En cuanto al volumen (decibeles), cumple con los estándares establecidos”, aseveraron.

Las autoridades locales esgrimieron que en “encuestas realizadas con jóvenes de la cabecera municipal, estos manifestaron su aceptación con lo que acontece en el bulevar por considerarlo normal”.

En contraposición, buscaron desacreditar o relativizar la queja del vecino, al esgrimir que “cercano al lugar de marras y al domicilio de López Sánchez, se ubica la plaza del agromercado, donde organizan eventos similares; sin embargo, él no ha discrepado en lo relacionado con lo que considera agresión sonora”.

“Hasta aquí la respuesta. Como era de esperar, el lector reiteró su inconformidad con la tesis de la misma, más allá de la evidente morosidad de los responsables que atendieron su demanda. Por otro lado, ¿le demostraron que los decibeles son idóneos?”, refirió la nota de Girón.

Y concluyó: “Mientras ello no suceda, para él y para otros, seguirá siendo una flagrante contaminación sonora”.

Desde hace años son recurrentes los debates y quejas por los elevados niveles de contaminación sonora en Cuba y la responsabilidad que tienen en ella los ciudadanos, de una parte, y las entidades estatales, por otra.

Aunque existe la legislación contra el ruido ambiental, la población es escéptica al considerarla letra muerta.

Lo que más molesta a la ciudadanía es “la música estridente”, sobre todo el reguetón, que se escucha en casas, ómnibus, autos, plazas y calles de todo el país, en horarios intempestivos: principalmente en la noche-madrugada de los viernes, sábados y domingos.

No obstante, la prensa oficialista cubana también se ha mostrado “preocupada” por el ruido que sufren los turistas que llegan al país, invadidos por bocinas que reproducen reguetón, trap y otros géneros musicales.

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