La crisis del transporte público en Cuba alcanzó un nuevo nivel de peligro este fin de semana, cuando un ómnibus articulado de la ruta A40 se quedó sin combustible dentro del Túnel de la Bahía, obligando a los pasajeros -entre ellos varios menores de edad- a abandonar el vehículo y continuar a pie en medio de condiciones de alto riesgo.
El propio ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, confirmó el incidente en Facebook: "Llega a mi buró la información del ómnibus articulado #378, circulando por la ruta A40 en La Habana, que se queda sin combustible en el Túnel de la Bahía en el servicio de confronta. Pasajeros tuvieron que exponerse al peligro de salir caminando del mismo".
Imágenes compartidas por testigos muestran a niños caminando por el estrecho contén del túnel, una maniobra extremadamente peligrosa dadas las condiciones de visibilidad y circulación vehicular del lugar. Muchos de ellos, al parecer, regresaban de la playa con sus familias.

Aunque el ministro prometió que los hechos serían "investigados", no es un incidente aislado, sino una expresión más de la profunda crisis energética y de combustible que asfixia a la Isla, fruto directo de la ineficiencia estatal y la mala gestión de los recursos.
"No pasa ni pasará nada. Años atrás, igual tuve que cruzarlo. Salíamos negros del tisne de los carros que pasaban a nuestro alrededor", recordó una usuaria en el post del ministro.
Un sistema de transporte colapsado
Lo ocurrido en el túnel de La Habana no es una excepción: es parte de una realidad cotidiana para los cubanos.
En abril pasado, las populares "Gazelles" (MetroTaxis) -una de las pocas opciones de transporte relativamente eficientes en la capital- tuvieron que suspender sus servicios por falta de combustible.
"Lamentablemente, nuestras queridas Gazelles no pudieron abastecerse de combustible anoche, lo que significa que hoy no podremos ofrecerles el servicio habitual", informó en su momento Transportación Habana (TH), dejando a miles de trabajadores, estudiantes y ancianos sin forma de moverse por la ciudad.
Pese a los repetidos colapsos, el régimen continúa priorizando el uso de combustible para caravanas oficiales, actos políticos, vehículos de la Seguridad del Estado y patrullas policiales, mientras la población común sufre una movilidad cada vez más restringida, peligrosa e incierta.
Consecuencias visibles, responsabilidades invisibles
A pesar de la indignación ciudadana en redes sociales, las respuestas oficiales siguen siendo vagas, sin asumir responsabilidades reales ni ofrecer soluciones estructurales. En lugar de transparencia, abunda el silencio. En lugar de gestión eficaz, se repite el discurso de "resistencia".
La situación actual es insostenible. La falta crónica de combustible no solo paraliza el transporte, sino que pone vidas en peligro directo, como demuestra el hecho de que menores tuvieran que atravesar un túnel a pie por la negligencia del sistema.
Mientras tanto, la propaganda estatal sigue vendiendo la imagen de un país en marcha, ajena a la angustia de los ciudadanos que deben jugarse la vida para regresar a casa.
La pregunta que muchos se hacen es: ¿hasta cuándo los cubanos tendrán que arriesgar sus vidas por una guagua? Y la respuesta, hasta ahora, es el silencio del mismo Estado que debería protegerlos.
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