“En Cuba no hay mendigos. Hay personas disfrazadas de mendigos para buscar dinero fácil”, dijo la ministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera, el pasado 14 de julio ante la Asamblea Nacional. Sus palabras, pronunciadas desde una de las tribunas más altas del poder en la isla, desataron una ola de indignación dentro y fuera del país.
Desde ese momento, activistas, intelectuales y ciudadanos cubanos se han unido en una campaña que exige la destitución inmediata de Feitó por lo que califican como una “afrenta al pueblo cubano”. La petición circula a través de un formulario abierto acompañado de una carta dirigida a la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde se acusa a la ministra de negar la pobreza extrema y de criminalizar a los más vulnerables.
En su intervención, Feitó declaró que quienes hurgan en los latones “no son mendigos, sino ilegales del servicio de recuperación de materias primas”, insinuando que estas personas viven así por elección y no por necesidad. La reacción fue inmediata.
“Una humillación pública lanzada desde la tribuna del poder contra los más vulnerables: ancianos abandonados, personas sin hogar, madres que piden limosna para sus hijos”, señala la carta ciudadana, que denuncia además el silencio cómplice de los diputados, que no interrumpieron ni respondieron a las polémicas palabras de la funcionaria.
En redes sociales, cubanas como la activista Carolina Barrero difundieron imágenes de personas durmiendo en portales, calles o en condiciones de abandono total. “A ver si por fin ‘ven’ el mal del que son responsables”, escribió, dirigiéndose directamente a Feitó, Díaz-Canel, Marrero y Raúl Castro.
Por su parte, la usuaria Ileana Sánchez Hing, desde Camagüey, también alzó la voz: “Compañera ministra, usted debe renunciar a su cargo. No deje que le tengan que sacar”, publicó en una carta en la que recuerda que en Cuba una pensión mínima es de apenas 1,528 pesos tras 45 años de trabajo. “Tiene que haber mendigos y tenemos poco. Además, tenemos los que no estamos disfrazados como usted les llama”.
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La carta pública de exigencia de destitución señala que, aunque el cambio de una ministra no resuelve los problemas estructurales del país, es una forma válida de resistencia ciudadana ante la deshumanización oficialista. “El pueblo recuerda. El pueblo exige”, cierra el documento, que llama a cubanos de dentro y fuera de la isla a sumar su firma.
En una Cuba golpeada por la inflación, el éxodo masivo, el colapso de servicios básicos y el abandono de amplios sectores de la población, las declaraciones de la ministra no solo hieren: evidencian la desconexión brutal entre el discurso oficial y la realidad de los cubanos de a pie.
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