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En Cuba, la propaganda comunista nunca ha sido escasa, pero en estos días, con motivo del 99 aniversario del nacimiento de Fidel Castro, el aparato ideológico ha entrado en modo desbordado. Desde las más altas esferas del poder hasta instituciones estatales y perfiles en redes sociales afines al régimen, la consigna parece ser una sola: vender la idea de que Fidel no solo sigue vivo, sino que también es la patria misma.
El desfile de publicaciones llega al punto de lo absurdo: afiches, canciones, actos políticos y actividades que generan burlas, fotos de la casa donde nació Fidel en Birán como si fuera la Meca del socialismo tropical, y hasta mensajes celebrando por adelantado el centenario del dictador. Todo esto en medio de apagones interminables, inflación galopante, mercados vacíos y un éxodo que no se detiene.
La ecuación no es nueva: a mayor crisis, más propaganda. Pero este año la fórmula es más oficializada: las autoridades ya habían anunciado que la prioridad de 2025 sería “reforzar el trabajo político-ideológico”. Y lo están cumpliendo a rajatabla, con un bombardeo de contenidos que pretende maquillar la realidad con discursos heroicos y nostalgia revolucionaria.
Mientras tanto, el país se hunde. Las cifras de migración baten récords, el peso cubano se desploma, el hambre y la desesperanza crecen, y los apagones han vuelto a convertirse en parte del paisaje cotidiano. En ese contexto, resulta insultante que el Estado dedique más recursos y tiempo a conmemorar el cumpleaños de un muerto que a resolver las necesidades de los vivos.
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Pero el culto a la personalidad no es solo un ejercicio de manipulación política: también es un mecanismo de control social. Elevar a Fidel Castro a la categoría de mito eterno permite al régimen presentarse como heredero legítimo de una “obra” que, según la propaganda, aún guía el destino de la nación. Cuestionar al líder, incluso post mortem, sigue siendo un sacrilegio.
El problema es que los cubanos de a pie ya no comen consignas ni pagan con frases de Díaz-Canel. Por más publicaciones que inunden las redes y por más discursos que declaren a Birán como “la patria”, la gente sabe que la patria está en la nevera vacía, en la cola interminable, en la luz que no llega, en el pasaporte que sueña con sellos de salida.
Así que sí, que sigan celebrando los 99… incluso los 100 antes de tiempo. El pueblo, ese mismo al que le piden fe ciega y aguante infinito, ya está demasiado ocupado buscando cómo sobrevivir un día más en la Cuba real, esa que no sale en los carteles con la cara de Fidel.
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