
El Centro Cultural Bertolt Brecht, uno de los espacios más emblemáticos de la vida cultural habanera, atraviesa una situación crítica que amenaza con apagar su escenario. Desde junio, el teatro funciona con graves limitaciones debido a la explosión del transformador eléctrico que lo alimentaba, y hasta hoy no ha llegado ninguna solución.
El actor cubano Hamlet Paredes Grau denunció en sus redes sociales que solo una de las dos salas del complejo permanece activa, en condiciones que calificó de “infrahumanas” por el calor sofocante que deben soportar tanto artistas como espectadores. La programación ha tenido que reajustarse y el teatro lucha por no cerrar definitivamente sus puertas, pese a que la situación resulta insostenible.
“El Brecht es más que un espacio; es la sede de importantes grupos teatrales y danzarios de la ciudad, un pilar cultural donde se estrenan obras que nos inspiran y nos hacen soñar”, escribió Paredes en un llamado urgente a la Empresa Eléctrica de La Habana para que atienda la emergencia. “El teatro no puede apagarse”, advirtió.
La actual crisis del Bertolt Brecht revive un antecedente ocurrido en 2023, cuando el humorista Rigoberto Ferrera denunció que el Gobierno de La Habana dejó sin electricidad al teatro tras llevarse el transformador para abastecer a una comunidad.
En aquel momento, Ferrera cuestionó abiertamente si a las autoridades les importa la cultura y advirtió que la falta de respeto hacia los artistas estaba destruyendo la pasión de toda una generación.
Dos años después, el mismo escenario vuelve a repetirse en el mismo espacio cultural, al quedar atrapado en la telaraña de la crisis eléctrica cubana, con los artistas forzados a resistir incluso en condiciones de precariedad extrema.
La denuncia se produce en un contexto nacional marcado por un déficit de más de 1,700 MW en el Sistema Eléctrico Nacional, solo el viernes, que provoca apagones prolongados en toda la isla. Averías constantes, falta de combustible y tecnología obsoleta han convertido los cortes de luz en la rutina de millones de cubanos.
Mientras las autoridades prometen una transición acelerada hacia las energías renovables, la realidad es que los cubanos apenas encuentran “ni una ligera mejoría”.
El apagón que amenaza con silenciar el Bertolt Brecht simboliza, para muchos, algo más que una falla técnica, es la metáfora de un país donde la cultura, como la vida cotidiana, se apaga poco a poco entre la desidia oficial y la crisis interminable.
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