Un total de ocho páginas de documentos oficiales sobre la cumbre entre Trump y Putin fueron descubiertas por tres huéspedes en una impresora pública del Hotel Captain Cook, en Anchorage, Alaska.
El incidente, devenido en un nuevo y embarazoso capítulo para la administración Trump, tuvo lugar el viernes 15 de agosto, el mismo día en que se celebró el encuentro de mandatarios en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson.
El grave descuido de protocolo puso al descubierto detalles inéditos y potencialmente delicados de la cumbre y ha reavivado las críticas a la gestión de seguridad en la administración Trump.
Un hallazgo fortuito con implicaciones diplomáticas
Según reportó la emisora NPR -que destapó el caso- los documentos estaban marcados con sellos del Departamento de Estado y la Oficina del Jefe de Protocolo de la Casa Blanca.
Contenían información que, aunque no clasificada como secreta, sí era delicada y no estaba destinada al público: horarios detallados, nombres de salas de reuniones dentro de la base militar, números telefónicos de funcionarios estadounidenses y rusos, además de planos de asientos y el menú de un almuerzo protocolario en honor a Putin.
"Del presidente de Estados Unidos al presidente Putin", se leía en uno de los documentos, haciendo referencia a un obsequio previsto: una estatua de escritorio del águila calva, ave nacional de EE.UU.
La Casa Blanca desestimó rápidamente la gravedad del hallazgo, alegando que no se trataba más que de un “menú de almuerzo de varias páginas”.
Sin embargo, la declaración ha provocado más indignación que alivio entre expertos en seguridad y congresistas opositores.
Detalles revelados por los documentos
Y es los documentos recuperados proporcionaban un mapa completo de la jornada diplomática:
-Itinerario de reuniones: desde encuentros bilaterales privados hasta una conferencia de prensa conjunta y una entrevista exclusiva de Trump con Sean Hannity, de Fox News.
La rueda de prensa, que debía durar una hora entre las 15:30 y las 16:30, fue abruptamente interrumpida a los 12 minutos.
-Comitiva y protocolo: aparecían los nombres y números telefónicos de tres funcionarios estadounidenses y trece representantes de EE.UU. y Rusia.
En el caso de los invitados rusos, los documentos incluían una guía fonética de pronunciación, incluyendo la de Putin: “Sr. Presidente POO-tihn”.
-Plano de asientos para el almuerzo: Trump debía estar flanqueado por Marco Rubio (Secretario de Estado), Pete Hegseth (Defensa), Susie Wiles (Jefa de Gabinete), Scott Bessent (Tesoro), Howard Lutnick (Comercio) y Steve Witkoff (Misiones de Paz).
Putin iba a ser acompañado por su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y otros altos funcionarios, entre ellos su asesor de política exterior, Yuri Ushakov.
-Menú protocolario: Se planificó una comida de tres tiempos, comenzando con ensalada verde con vinagreta de champán, seguido por la elección entre filete miñón con salsa de brandy o fletán Olympia acompañado de espárragos y puré de papas.
El postre sería crème brûlée con helado. Finalmente, el almuerzo fue cancelado, sin explicación pública oficial.
Reacciones: De la minimización a la crítica severa
La respuesta de la Casa Blanca y del Departamento de Estado ha sido minimizar el hecho, afirmando que los documentos no contenían información clasificada ni implicaban una amenaza para la seguridad nacional.
Anna Kelly, portavoz adjunta de la administración, reiteró que se trataba simplemente de "un menú de almuerzo", postura reforzada por Tommy Pigott del Departamento de Estado: “NPR intenta convertir un menú de almuerzo en una noticia. ¡Ridículo!”
No obstante, voces académicas y políticas se alzaron con contundencia. Jon Michaels, profesor de Derecho en UCLA especializado en seguridad nacional, criticó el incidente.
“Es una prueba más de la dejadez y la incompetencia de la administración. No se deja nada en la impresora. Así de simple", apuntó, en declaraciones recogidas por la prensa estadounidense.
El congresista demócrata, Darren Soto, fue incluso más directo en la red social X.
“¿Cuántos titulares más vamos a leer sobre las incompetentes violaciones de seguridad del gobierno de Trump?”, cuestionó.
Eliot A. Cohen, exasesor del Departamento de Estado bajo la administración Bush, declaró: “Carecen de procesos. Una burocracia bien organizada no hace estas cosas.”
Si bien admitió que los documentos no parecían contener secretos de Estado, señaló que el problema radica en la repetida falta de profesionalismo.
Un patrón de negligencia: Antecedentes
Este episodio no es un hecho aislado.
En marzo, la administración Trump ya había estado bajo fuego por otra filtración: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió información sobre un bombardeo en Yemen mediante un grupo de Signal, al cual se había añadido accidentalmente a un periodista.
El escándalo, apodado "Signalgate", resultó en el despido del asesor de seguridad nacional Mike Waltz.
Además, esa misma semana, miembros del ICE añadieron por error a un civil a un chat grupal en el que discutían la búsqueda de un fugitivo. Estos eventos apuntan a una preocupante tendencia dentro de la estructura gubernamental liderada por Trump.
Contexto diplomático y consecuencias potenciales
La cumbre en cuestión tenía como objetivo principal avanzar en una resolución al conflicto entre Rusia y Ucrania, en el tercer año desde la invasión rusa.
Trump, que afirmó tras la reunión que habían hecho “progresos significativos”, también dio señales de querer abandonar la idea de un simple alto al fuego para buscar directamente un acuerdo de paz.
La reacción ucraniana fue ambigua: el presidente Volodímir Zelenski anunció una reunión con Trump en Washington, aunque expresó preocupación por las aparentes concesiones territoriales propuestas por Putin.
Aunque la Casa Blanca intente restar importancia al incidente de Alaska, la filtración de estos documentos refleja un patrón reiterado de imprudencia en el manejo de información sensible durante la administración Trump.
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