
La provincia de Santiago de Cuba enfrenta un escenario crítico por la prolongada escasez de lluvias, considerada la peor sequía de los últimos diez años, con graves afectaciones en el abasto de agua a la población y en sectores clave como la agricultura y la ganadería.
La información fue publicada por el periódico oficialista Granma, que destacó que los embalses del territorio se encuentran en mínimos históricos, con un almacenamiento promedio inferior al 30 % de su capacidad.
Algunas presas apenas sobrepasan el 10 %, lo que obliga a extender los ciclos de distribución de agua en varios municipios y a aplicar medidas de emergencia.
En la ciudad de Santiago de Cuba, los ciclos de suministro han llegado a prolongarse más de 20 días en algunos repartos, lo que incrementa el malestar de la población, aunque hay denuncias de algunos lugares donde el servicio es incluso peor.
Mientras, en zonas rurales la sequía ha reducido drásticamente la disponibilidad de agua para el consumo humano y animal, además de impactar en cultivos de granos, viandas y hortalizas.
Autoridades del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) reconocen que el déficit de precipitaciones en la actual temporada ha superado los niveles de años anteriores y que no existen reservas suficientes para garantizar el abasto en los próximos meses si las lluvias no se recuperan.
La situación, considerada “la más difícil en la última década” por especialistas, coincide con la precariedad del sistema de acueducto y la insuficiente infraestructura para trasladar el agua disponible, lo que agrava el impacto directo en miles de familias santiagueras.
Mientras tanto, se han anunciado medidas de racionalización y un mayor control en el uso del agua, aunque los reportes oficiales no especifican soluciones inmediatas para el déficit acumulado.
En varias comunidades se vive con la ironía de que “hay que esperar a que llegue Colón para ver agua corriente”, frase convertida en sarcasmo popular frente a la desesperación.
El régimen ha reconocido recientemente que la sequía ha disparado el robo y desvío de agua, mientras los santiagueros intentan sobrevivir con ciclos de entrega cada vez más largos y servicios precarios.
A la par, las imágenes de familias que corren detrás de una pipa para llenar cubos se han convertido en el retrato cotidiano de la ciudad.
El deterioro estructural también ha quedado expuesto en reportes que señalan que el sistema hidráulico está colapsado y no tiene capacidad para garantizar la distribución mínima, incluso en los casos en que existen reservas puntuales.
A ello se suma la incertidumbre sobre los pronósticos, pues ni las lluvias anunciadas logran aliviar el déficit acumulado en los embalses.
Vídeos relacionados:
Archivado en: