
El gobierno cubano anunció la ampliación de la red de entidades autorizadas para comercializar motos eléctricas y de combustión en dólares estadounidenses, una medida que, lejos de aliviar la crisis de movilidad en la isla, confirma la creciente dolarización del mercado y el distanciamiento entre las ofertas oficiales y la realidad económica de la población.
El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, informó en Facebook que las motos podrán adquirirse en decenas de puntos distribuidos por todo el país, desde Pinar del Río hasta Guantánamo, a través de importadoras y comercializadoras estatales como CIMEX, TRD, Solimport, SASA, Tradex, Transimport y Divep.
El funcionario compartió infografías con direcciones y teléfonos de los establecimientos, al tiempo que llamó a los ciudadanos a reportar su experiencia de compra.
Sin embargo, la medida llega en un contexto marcado por la inflación, la depreciación del peso cubano y los salarios estatales que apenas rondan los 20 dólares al mes en el mercado informal. En ese escenario, el acceso a un medio de transporte propio continúa siendo un privilegio reservado a quienes tienen remesas o ingresos en divisas.
En los últimos meses, la venta de motos en dólares ha generado un fuerte rechazo en redes sociales. Cuando CIMEX promocionó las motos Diana ensambladas en Cuba a 2,840 USD, las críticas no se hicieron esperar. “Un producto nacional más caro que las opciones importadas”, señalaron decenas de usuarios.
En Holguín, Tiendas Caribe ofertó modelos entre 2,130 y 6,590 USD, presentando como “valor añadido” la inscripción legal del vehículo, lo que desató denuncias de abusos y reventa de turnos en las puertas de los locales.
Mientras el discurso oficial habla de “facilitar la movilidad de la población”, la práctica muestra que el Estado concentra la venta en dólares, excluye al CUP de las transacciones y convierte necesidades básicas en un negocio dolarizado.
Cada anuncio de nuevas tiendas o servicios en divisas abre un poco más la brecha entre quienes tienen acceso al dólar y la mayoría que sobrevive en moneda nacional.
En este panorama, la expansión de los puntos de venta de motos no representa una solución real al problema del transporte, sino la consolidación de un modelo económico que prioriza la captación de divisas sobre el bienestar de los cubanos.
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